INCLUSIÓN EDUCATIVA

Secundaria duplicó la ayuda para los estudiantes con dificultades

El 10% de alumnos con “fragilidad” aún no accede a la adecuación curricular.

Secundaria capta cada vez más estudiantes con dificultades de adecuación. Foto: Flickr
Secundaria capta cada vez más estudiantes con dificultades de adecuación. Foto: Flickr

Hay 11.230 estudiantes de Secundaria que, durante este año, tuvieron una adecuación curricular. Dicho de otro modo: uno de cada diez liceales contó con un apoyo especial ante dificultades para aprender —o "fragilidades"— como le llaman los técnicos. Significa que se duplicó la atención, respecto a 2016, de aquellos alumnos con trastornos, discapacidades o que han quedado rezagados.

Las autoridades estiman que aún resta por captarse al 10% de los estudiantes que necesitan de estas ayudas especiales. En la práctica consiste en que los docentes usen estrategias para que todos sus alumnos puedan acceder al trabajo en clase, pese a sus "singularidades", explicó Gabriela Garibaldi, coordinadora del Departamento Integral del Estudiante. "A un alumno con trastorno del lenguaje, con seguridad se le dificulte mucho entender en Filosofía un texto de René Descartes. Lo ideal sería que el profesor de la asignatura escriba otro texto, que incluya los mismos contenidos, pero explicados de otra forma y con una mejor organización", ejemplificó.

Las áreas de atención a quienes presentan dificultades de lenguaje, discapacidad motriz y trastornos de salud mental, son en las que falta expandir más la cobertura. A la inversa, en el área de la discapacidad intelectual se logró captar al 100% de la población objetivo.

Un año antes la falta de cobertura era más notoria entre quienes registraban "trastornos en Matemática" y trastornos de déficit atencional e hiperactividad (TDAH). Sin embargo a nivel de estos trastornos se logró, durante 2017, atender al 95% y 97% respectivamente.

El aumento más relevante en el alcance de las adecuaciones curriculares se dio en aquellos casos con trastornos y discapacidades más complejas. De hecho para lo que es la discapacidad (intelectual, motriz, visual, etc.) la atención creció tres veces y media: pasó de 1.050 a 3.723 alumnos atendidos.

El resto del crecimiento, aunque en menor medida, fue en el acceso para aquellos que tiene dificultades "menores": de 4.446 a 7.507.

Cambio de cabeza.

Cuando un estudiante poseía una dificultad diagnosticada, como la dislexia, conseguía un justificativo y los profesores le tenían tolerancia o, incluso, lo exoneraban. Tras una circular de 2014 y la creación del Departamento que dirige Garibaldi, se pasó a un sistema de atención más personalizado. El objetivo de fondo, dijo la psicopedagoga, es que el estudiante no quede excluido y que, en cambio, se lo pueda acompañar sin la necesidad concreta de renunciar al acceso a los contenidos.

Ese cambio en la forma de acompañar a los estudiantes que, por alguna razón, tienen problemas de aprendizaje dará otro salto el lunes. Se presentará la Guía de Adecuaciones Curriculares que, entre otros asuntos, sugiere a los docentes cómo tratar las distintas problemáticas.

Pero no se trata solo de aquellos estudiantes rezagados por dificultades de aprendizaje, sino también de aquellos que por sus altas calificaciones también quedan excluidos.

"Conviene hablar con los estudiantes (talentosos) y acordar qué proyectos son viables de realizar y permitirles trabajar en forma independiente si muestran progresos en los mismos", sugiere la guía. Y hasta aventura algunas posibles actividades: "Comparar y contrastar dos libros escritos por un mismo autor" o "diseñar un tablero de juego que refuerce un concepto matemático".

En otros casos, si se puede y si el alumno lo requiere, "se intenta el acompañamiento fuera del aula", dijo Garibaldi. De esta forma, explicó, se busca que el "Estado cumpla con su obligación de dar un espacio de aprendizaje según la singularidad". Y, a la larga, "redundará en una mejora de los resultados: sobre todo de los porcentajes de egreso".

Más de la mitad de los liceales no termina el bachillerato, y entre aquellos más pobres ni siquiera lo hacen nueve de cada diez estudiantes.

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