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De las sanguijuelas a la aspirina

Un puñado de farmacias de Montevideo aún conservan objetos y recetarios centenarios.

Foto: Marcelo Bonjour.
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En algunas viejas boticas no faltaban ni los frascos con sanguijuelas, parientes de las lombrices que eran utilizadas como anticoagulantes, para drenar veneno del torrente sanguíneo o calmar dolores. Pero aunque últimamente en Estados Unidos han descubierto que una especie particular de sanguijuelas produce un analgésico similar a la morfina, ni en las farmacias con más de cien años de historia es posible hallar un bollón que las contenga.

En cambio, en algunas de ellas sí hay reliquias acumuladas, algunas a la vista de los clientes que acuden solo a comprar fármacos de tal o cual laboratorio multinacional.

Ya en 1782 por estas tierras había 4 boticas; la más antigua de Montevideo, que perdura instalada en la primera y única casona que ocupa desde el 1° de abril de 1879, es la Farmacia y Homeopatía Olivencia, en la ochava de Ejido y Maldonado.

José Russo, el actual propietario, que hoy se define jubilado, ingresó a ella en 1950 con el cargo de cadete, cuando el establecimiento auspiciaba tertulias como un boliche y él tenía 13 años. Con el pasar del tiempo, primero atendió detrás del mostrador de madera, que sigue siendo el de siempre, y después aprendió las técnicas para elaborar remedios, según las recetas que enviaban los médicos. "Cuando yo llegué aquí el dueño ya era Elías Olivencia, que había venido en 1927 de la farmacia Corominas, de 8 de Octubre y Garibaldi. Con dos o tres productos como el subnitrato de bismuto se fabricaban los antidiarreicos, con la dionina, las gotas o jarabes para la tos y hasta se hacía la pasta de dientes y rellenaban los tubos, aunque cuando yo vine ya empezaban a salir de marcas".

Entre clientes que se hicieron o ya eran famosos, pasaron por la farmacia Julio María Sanguinetti, compañero de estudios de los hijos de Olivencia en el Elbio Fernández. También dirigentes o jugadores de Peñarol y Central, que tenían sus sedes en la calle Maldonado, o músicos populares, entre ellos Jaime Roos, que residió en la zona en la década de 1990.

Russo contó que ahora hay poco para fabricar salvo en materia de homeopatía, sobre todo con fórmulas preparadas magistralmente contra afecciones respiratorias.

Antes de Olivencia, el dueño de la farmacia fue Arnoldo Maccio, cuyas iniciales continúan grabadas en los vidrios de la histórica puerta de madera que da ingreso al local. El primer nombre de la farmacia fue Italo-Uruguaya y su fundador había sido Víctor Coppetti.

Otro clásico.

Desde 1930, en la calle Colonia, entre Andes y Soriano, otro emblema de las arcaicas boticas es la modernizada Farmacia y Homeopatía Matías González. En realidad se había fundado en 1905 y su primer local estuvo en Andes 143, en un padrón con salida también a la Plaza Independencia.

Su actual directora, Ana Loffredo, que integra la tercera generación desde que don Jorge Loffredo comprara el negocio en 1947, dijo a El País que hasta el presente se emplean fórmulas del doctor en química y docente Matías González al preparar, por ejemplo, el jarabe de cambará para las vías respiratorias, el Compuesto Línea para el asma y bronquitis crónica o el llamado jarabe de los cantantes y locutores, indicado en casos de disfonías.

Una estrella de la lírica que recurrió a ese producto fue el tenor napolitano Enrico Caruso durante su pasaje por el Teatro Solís, cuando la humedad montevideana lo tenía atormentado. Más acá en la historia, Horacio Ferrer fue otro cliente asiduo, aun concurriendo desde Buenos Aires.

"Seguimos preparando fórmulas magistrales; son muy pocas las farmacias que lo hacen, en base a recetas que los médicos dan a sus pacientes. Tenemos una gran cantidad de principios activos, de materias primas que nos permiten abastecer muchos requerimientos, también para hospitales y algunas mutualistas. Y hacemos ajustes de dosis de medicamentos que están en plaza para bebés o niños", explicó Loffredo.

El espacio de atención al público en la farmacia Matías González resultó muy ampliado respecto al original. Sin embargo logró respetarse el estilo y la estética de época.

Aquellos años.

Estanterías y mostradores de madera, frascos de porcelana que protegían las sustancias a la temperatura del ambiente, balanzas en donde se medía la dosis de cada remedio, folletos de los insumos ofertados a principios del Siglo XX, recetarios o íconos como el de la publicidad de Geniol aún pueden rastrearse en un puñado de farmacias de Montevideo.

El primer museo de los farmacéuticos.

El primer museo de las boticas de Uruguay se fundó en la Farmacia Atahualpa de la calle Millán y Reyes. Más de un siglo quedó englobado en un acervo que incluye dos gigantescos jarrones alemanes, los primeros inhaladores que salieron al mercado, balanzas de precisión, morteros, moldes de supositorios, un vaporizador, frascos de cristal usados para combinar líquidos y polvos de remedios de antaño (incluido uno de glicerina nunca abierto desde 1908, cuando nació la farmacia). También logró atesorarse el primer mostrador y el recetario con fórmulas que solicitaban eminencias de la medicina, como Carnelli, Morquio, Ricaldoni o Quintela.

Durante el Día del Patrimonio de 2012 hubo en la Farmacia Atahualpa un homenaje a Héctor "Bebe" Faccio, hijo del fundador Don Pascual y padre de los actuales socios Fernando y Diego. Héctor había fallecido ese año a los 98 de edad, y hasta entonces fue un querido referente en el barrio. Visitas guiadas al museo se complementaron en aquella fecha, como en otros años, con la muestra de la elaboración artesanal de los medicamentos.

"Todo lo que acá se ve arranca en 1900; en la zona de Arroyo Seco había tres estudiantes, Pascual Faccio, Tomás Faccio y Martínez Trueba, quienes hacían práctica de farmacia. Luego de 1907, Pascual decide mudarse para el pueblo de Atahualpa y funda la sucursal Atahualpa", contaba en las visitas guiadas Fernando Faccio, quien aún no sabe cuándo podrá retomarlas. Todos los objetos que se exhibían quedaron a salvo a pesar del derrumbe reciente de parte de la farmacia. Pero no está definida la reapertura de sus puertas, dijo Diego Faccio a El País..

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