demolerán ranchos y construirán salón comunitario

Saneamiento llega al 7 de Diciembre de la mano de Techo

Caminando por las sendas de tierra del asentamiento 7 de Diciembre se ve a algunos niños correteando o trepando a pequeños árboles, y se oye a los perros de cada vivienda. Detrás de los tejidos ladran no bien olfatean a los intrusos. Solo en una finca, la de Doña Julia, hay gallinas y gansos.

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En 2012 dieron sus primeros pasos para comprar las tierras y hoy son los dueños. Foto: F.Ponzetto.

Desaparecieron los caballos. Los hurgadores que un día habitaron en el predio que ocupa diez mil metros cuadrados, se mudaron o fueron realojados. Solo uno se mantiene cerca pero está a orillas del asentamiento, hacia la calle del fondo: Piribebuy.

Tampoco nadie cría cerdos ni ovejas. Además de los perros y gallinas, solo hay gatos. Las familias en general tienen una conformación tipo. A media tarde hay poca gente, los niños más grandes van a la escuela y la mayoría de los jóvenes al liceo. Muchos de los hombres trabajan en oficios de la construcción o en mecánica y fábricas. Y las mujeres en tareas de limpieza. Varias parejas criaron allí a sus hijos y algunos ya son abuelos.

Una bandera de Peñarol cuelga de una ventana. En un diminuto jardín se seca al sol una camiseta de Nacional. Pero más allá de esta división natural en todo el país, la mayoría de los pobladores simpatiza con el club de barrio, el Racing de Sayago.

Todos están conformes con la eliminación de las bocas de venta de pasta base y vigilan para que no aparezcan otras en algunas de las casas que están abandonadas.

Para evitar esto, pero además porque quieren pronto iniciar las obras, ya hay un campo cercado y con carteles de Propiedad Privada. Allí se erigirá la Sala Comunal, para el funcionamiento de la comisión de vecinos y diversos eventos.

Fiestas y negocios.

El próximo Día del Niño seguramente será celebrado en ese local a construir. De todos modos, hoy no se dejará de preparar hamburguesas, servir refrescos, regalar juguetes ni de organizar juegos con algún castillo inflable o el toro mecánico que les proporciona cada año la organización Techo, responsable también de un plan de saneamiento cuyas obras comenzarán a principios de septiembre. Con el apoyo de esta organización y el trabajo mancomunado de los vecinos, ya están conectados a OSE y en tres meses esperan haber legalizado las instalaciones eléctricas de UTE. Asimismo sueñan "con la canchita de fútbol para los gurises".

En el asentamiento 7 de Diciembre, en jurisdicción del Municipio G, llegaron a vivir 100 familias pero varias ingresaron en el Plan Juntos y ya no están, dejaron vacías sus casas.

Otras serán realojadas, sobre todo las que construyeron ranchos —a demoler— en medio de uno de las vías de ingreso desde la calle Millán.

En 2012, 45 familias que reúnen a cerca de 200 personas, comenzaron los planes de gestión de compra del terreno, haciendo entregas de unos $ 5.000 y pagando cuotas hasta completar alrededor de $ 20.000.

Hoy en día ellos son dueños de su tierra. En medio de la recorrida aparece en uno de los caminos, descargando unos troncos gigantes, el popular vecino Miguel Benítez, uno de los que llegó al asentamiento hace más de quince años, cuando su sueldo de policía no le daba para cubrir el alquiler que estaba pagando. Compró un terreno allí pero lo estafaron.

Le dijeron que pertenecía a residentes en Argentina. Al otro día de instalarse, a Benítez le llegó el lanzamiento. Ya se había endeudado por un préstamo en el Banco República que pidió para conseguir los materiales de barraca con los cuales hacerse la casa. Con apoyo de un abogado, primero recorrió varias oficinas de la Intendencia de Montevideo en donde le recomendaron ir al Ministerio de Vivienda. Entonces ya se sabía que todo el predio tenía dueños. Benítez debía reunir los datos de por lo menos 40 familias para que desde el Estado se detuviera el lanzamiento.

También fue aconsejado para tomar contacto con los propietarios y negociar una posible adquisición.

Benítez podría haber sido el nombre elegido para el barrio, pero los vecinos coincidieron en optar por la fecha de su cumpleaños, que coincidía con el puntapié inicial para mantenerse en el lugar y regularizar la situación: 7 de Diciembre. Ese día se constituyó la comisión integrada en forma completa. Los asambleístas avalaron el nombre por votación.

Antes todos conocían al asentamiento como El Pantano, por la proximidad de una capa de agua estancada que ha ido desapareciendo parcialmente.

"Somos humildes, lo principal es la gente, el barrio lo hacemos nosotros. Si vos sos vecino yo tengo que cuidarte a vos y vos a mí. Es lo que estamos haciendo acá. Hay mucho para hacer", dijo Benítez a El País.

El proyecto.

La directora del área de Desarrollo de Hábitat de Techo, la ingeniera Wally Allende, acompañó a los vecinos en el proceso de compra del terreno. Y ahora está al frente de la concreción del proyecto de saneamiento planteado por primera vez en 2014.

Los fondos fueron conseguidos gracias a Techo, la Embajada de Nueva Zelanda y al Servicio Latinoamericano, Africano y Asiático de Vivienda Popular. El monto obtenido asciende a US$ 48.000. 000.

Wally Allende explicó a El País que la obra de saneamiento será subterránea, volcada hacia los tejidos de cerramiento que limitan las viviendas en sus frentes. Lo ideal es que los caños no queden en espacios de la Intendencia, es decir debajo de los caminos que un día podrán pavimentarse.

"Cada familia tiene que hacer su propia cámara de inspección que se conectará a una cámara de la red general de cada pasaje. También hay que mejorar un sector inundable; eso se soluciona con una obra de ingeniería para mitigar el fenómeno, con una boca de tormenta vinculada a ese punto particular, porque no es que todo el terreno se inunde. Tiene una pendiente bastante alta que afecta una zona".

La Intendencia de Montevideo participó con los permisos y autorización desde el departamento de Saneamiento y su dependencia de conexión y factibilidad de proyectos. Las obras se extenderán un mes.

Alma mater.

Cecilia, una líder comunal, contó a El País que no se sumó a propuestas del Plan Juntos entre otras cosas porque su hija, que cumple 15 años, nació en el asentamiento 7 de Diciembre.

"Queremos hacer las mejoras acá. Nacimos y nos criamos en Sayago. Nos quedamos acá. En los trabajos del saneamiento nos toca hacer a los vecinos las cámaras de cada casa y ayudar a la empresa. Poner nuestro granito de arena. El hijo de una vecina, Silvia, nos averiguó que cada cámara puede salir menos de $ 3.700 si las compramos en cantidad. Después que empiece la empresa van a indicar ellos en dónde hay que ponerlas; y tendremos quince días para hacerlo".

Con su esposo e hijos, Cecilia se radicó en el 7 de Diciembre hace 16 años. Ya había otras familias localizadas, pero pocas, una media docena. Con el tiempo, la población aumentó hasta el centenar de fincas, pero la situación se revirtió.

"Techo llegó acá hace unos ocho años. Me lleno con esa palabra: Techo. Si bien somos un barrio unido, tenemos nuestra mesa de trabajo y asambleas, ellos están dándonos un empujoncito. Mi primera casa era la piecita que está acá, al lado de donde estamos. Como éramos intrusos no podíamos llegar a lo que estamos llegando, hacer mejoras, construir. El terreno era de una señora que falleció, quedaron las hijas que también murieron y al final era de unas nietas. Un vecino leyó un aviso en El Gallito Luis que anunciaba la venta de este terreno. Hicimos una entrega de $ 5.000 y doce cuotas de $ 1.250. Somos 45 las familias que nos enganchamos; todo esto nos cambia la vida", dijo Cecilia.

Un proyecto a replicar en otras zonas de la ciudad.

Un Techo para mi País pasó a llamarse Techo en 2012. Desde entonces los proyectos varían, desde la mejora o construcción de un camino o una plaza hasta la regularización de los servicios y de los terrenos de asentamientos irregulares, por ejemplo, del 7 de Diciembre, del barrio Sayago. Obras de saneamiento como las que se realizarán allí en septiembre se plantean cuando la organización comunitaria logra fortalecerse. La ingeniera chilena Wally Allende, que hace un año vive en Montevideo, está al frente de esa obra que podría replicarse en otras zonas, con apoyo de fondos de más organizaciones.

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