POLÍTICA MIGRATORIA

Salvadoreños refugiados vienen para quedarse

Integrantes de la Comisión de Refugiados confirman que programa es de reasentamiento.

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El Salvador está catalogado como uno de los países más peligrosos del mundo. Foto: AFP

A Uruguay llegaron en los últimos cinco años 110 refugiados reasentados. Se trata de un programa en que el Estado va en busca de los solicitantes de asilo y les provee facilidades para desarrollar su vida en el país. Bajo esta modalidad vendrán las diez familias salvadoreñas que el gobierno quiera traer en los próximos meses. No se trata de "un puente", como dijo el canciller, Rodolfo Nin Novoa, sino de adquirir la residencia permanente.

"Sería un programa muy similar al de los colombianos (que llegaron entre 2013 y 2014)", dijo la diputada frenteamplista Mercedes Santalla, quien integra la Comisión para los Refugiados. "Puede que algunos vengan como puente, pero la idea es que se puedan quedar todo lo que quieran", señaló. La Cancillería se hará cargo del pago del alquiler de la vivienda (de Mevir), durante los dos primeros años, y luego la persona se hará responsable.

La versión de la legisladora coincide con la información que divulgó El País el pasado domingo, en base a fuentes de la Cancillería. Aun así, el ministro de Relaciones Exteriores dijo ayer a Radio Uruguay: "Es un proyecto puente. No van a quedarse definitivamente en Uruguay, sino que tienen que salir de su país para ir a otro y Uruguay se ofrece como puente, nada más".

Los refugiados de El Salvador, en base a la estrategia de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), hacen su "puente" en países como Costa Rica y Panamá. A Uruguay llegarán para asentarse en el campo, de ahí que sea un requisito en la selección el conocimiento de las tareas rurales.

Distinto fue el caso de tres familias salvadoreñas que llegaron a fin de año. Ellas, confirmó Santalla, "vinieron como cualquier refugiado, no se los fue a buscar", explicó.

En principio, el gobierno quiere dar cobijo a cinco familias antes de fin de año y otras cinco en 2018. A diferencia del caso sirio, en que se les dio una partida de $ 30 mil al mes y se trata de familias numerosas, los salvadoreños "solo recibirán los $ 1.500 mensuales para el alquiler de la vivienda de Mevir", y "estarán conformadas por dos adultos, con posibilidades de trabajar, y tres niños en promedio", dijo la fuente de Relaciones Exteriores.

Si bien el programa cuenta con el apoyo de Acnur, que es quien hace la selección, el gobierno pretende que los reasentados cuenten con el seguimiento de las oficinas territoriales del Mides. Dada la poca cantidad de refugiados, explicaron, "no sería necesario una partida presupuestal extra".

Violencia.

El Salvador conforma, junto a Guatemala y Honduras, el Triángulo Norte de Centroamérica. Esta zona fue declarada la "más peligrosa del mundo", según el seguimiento de conflictos que hace Naciones Unidas. Al término de 2016, hubo más de 182.400 refugiados y solicitantes de asilo de esta región, diez veces más que hace un lustro. El 43% de ellos, unos 79.000, fueron salvadoreños, según datos preliminares de Acnur.

En El Salvador son asesinadas 19 personas por día. Dos de estos homicidios suelen catalogarse como "femicidios", según el último reporte de Amnistía Internacional. Esta realidad, sumado a quienes están huyendo, hace que este país pueda dejar de ser el más densamente poblado del continente.

Los últimos registros dicen que hoy viven 6,5 millones de habitantes en un territorio que es ocho veces más chico que el uruguayo. Varios de estos pobladores son desplazados internos y otros han llegado el último año luego de haber sido expulsados de otros lugares.

A priori, Uruguay no aceptaría los casos de niños sin destino ni de los más de 52.560 salvadoreños, de todas las edades, que fueron deportados el año pasado. Entre aquellos expulsados de Estados Unidos durante 2016, hubo dos exmilitares que ocuparon el cargo de ministro de Defensa durante el conflicto armado y a quienes se los acusa de cometer violaciones de derechos humanos en los 80.

En todo caso, la selección de las diez familias que vendrán (aunque pueda haber alguna más en 2019) se basará en la recomendación de Acnur y los conocimientos de las tareas rurales.

Tampoco está previsto la llegada de mujeres solas, como sí ocurrió con algunos reasentados anteriores. Este grupo cobra relevancia en el caso de El Salvador porque el 64% de las mujeres que huyeron, declararon que su vida corría peligro. En este país centroamericano aún se penaliza el aborto y hay más de 20 personas cumpliendo condenas que superan los 30 años.

La reacción de unos lectores.

Más de la mitad de los 230 comentarios que tuvo la versión digital de la noticia que El País publicó el domingo, repudiaron el plan del gobierno. Algunos foristas, incluso, dijeron: "No queremos refugiados ni extranjeros (...) nos roban los pocos empleos". En este sentido, una encuesta realizada por Udelar revela que casi la mitad de los uruguayos opina que la llegada de inmigrantes es una mala noticia para el país.

Reasentados: 82% se queda en Uruguay.

De los 110 refugiados que el gobierno uruguayo trajo bajo los programas de reasentamiento, 90 permanecen en el país. Los restantes 20 optaron por irse a terceros destinos o, en algunos casos, retornar a Colombia.

Hace un año y medio, un representante de Acnur vino a Uruguay para evaluar estos programas. El emisario entrevistó a siete de las 19 familias que habían llegado bajo este régimen. No se tuvo en cuenta a los refugiados sirios, sino que se centró en los colombianos que fueron traídos desde Ecuador y Costa Rica.

Cinco de las siete familias indicaron estar satisfechas con la información que les fue suministrada previo a su llegada. El jefe de una de las familias insatisfechas declaró que había trabajo y podían progresar, pero que era muy difícil conseguir trabajo, los sueldos eran bajos y el "costo de vida era demasiado alto".

Salvo las familias que se reasentaron en el campo, que recibieron casas de Mevir, "la vivienda continúa siendo un gran reto", concluyó el consultor de Acnur. Casi todas las familias reasentadas en Montevideo tuvieron que mudarse a viviendas más económicas al terminar el período de subsidio del alquiler.

El trabajo es otro de los problemas: solo una de las siete familias dijo haber recibido ayuda para encontrar su primer empleo.

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