RADIOGRAFÍA DEL CLERO

Los sacerdotes ganan poco y aun así son los más felices

Los jóvenes que siguen esta vocación en Uruguay son “más conservadores”.

Nueve de cada diez sacerdotes no visten sotana. Foto: Gerardo Pérez
Nueve de cada diez sacerdotes no visten sotana. Foto: Gerardo Pérez

Los sacerdotes son de las personas más felices entre los uruguayos. A pesar de trabajar jornadas de, en promedio, 14 horas y de cobrar un sueldo menor a un salario mínimo, ellos aseguran que su vocación es suficiente para sentirse realizados. Y no se quejan. Nueve de cada diez reconocen que sus ingresos les permiten llevar una "vida digna".

Cada vez son menos los uruguayos que optan por dejar los lujos, el sexo y las libertades para dedicarse a la transmisión del mensaje religioso. Este año solo hubo dos interesados en formarse como seminaristas. Y en el último lustro, el 36% de los sacerdotes "abandonó su ministerio", según el análisis sociológico sobre el clero que encabezó Pablo Guerra, investigador de la Licenciatura de Relaciones Laborales de UdelaR.

La mayoría de los sacerdotes católicos uruguayos dependen de las diez diócesis que existen en el país. Sus ingresos están sujetos a lo que disponga su sede y el obispo de turno. Los más favorecidos, en este sentido, son los adjuntos a la diócesis de Maldonado. Allí reciben $ 6.000 para gastos personales, más el hogar sacerdotal (la cobertura social) y el alojamiento.

En el polo opuesto está Canelones. En esta diócesis cada sacerdote tiene que valerse de los aportes que hacen los fieles a la comunidad, lo que "complica la subsistencia de las parroquias de las zonas más humildes", dice Guerra.

En Montevideo la remuneración es de $ 4.500 (más hogar y mutualista), pero en Carrasco y Punta Carretas, gracias al aporte de la comunidad, se puede llegar a los $ 20.000. "Quienes más ganan", acota el investigador, "son los sacerdotes que no tienen voto de pobreza" y que reciben la ayuda de su familia. Estos últimos alcanzan los $ 25.000.

"La vocación del clero está a contramano de los valores hegemónicos de nuestra sociedad", explicó Guerra. Es una señal que, en la mayoría de los casos, suele despertarse en la adolescencia y que "no necesariamente responde a que en su familia haya una fe arraigada". Ni siquiera está relacionada a si la suya es una familia tradicional y sin divorcios, contó. La herencia parece pesar muy poco, de hecho solo el 43% del más de centenar de encuestados tuvo el apoyo explícito de sus allegados antes de comenzar su carrera eclesiástica.

Ese interés vocacional es lo suficientemente personal como para optar por este estilo de vida, a pesar de que seis de cada diez sacerdotes uruguayos dicen haber sufrido soledad en algún momento. Y es lo bastante potente como para cumplir a rajatabla con el mandato, aunque a 500 años de la Reforma Católica seis de cada diez son receptivos a que exista una flexibilización del sacerdocio.

Pero entre los que tienen la vocación de ayudar al prójimo, son los más conservadores los que están ingresando al sacerdocio en los últimos años. "Las personas más progresistas, que antes encontraban su acercamiento a la justicia social a través de la religión, hoy están volcándose a profesiones más cercanas a la educación y las ciencias sociales", dijo el investigador que lideró el proyecto.

Esta tendencia "hará que se acentúe aún más la distancia entre los laicos y los consagrados", explicó Guerra. No solo eso: "los más jóvenes, y por tanto más conservadores, están buscando reafirmar su identidad y volviendo a portar símbolos religiosos".

Nueve de cada diez sacerdotes uruguayos no usan sotana y seis de cada diez ni siquiera portan el cuello clerical (clergyman), siendo los religiosos regulares —esos que no dependen de una diócesis concreta— los más reacios a estas vestimentas. Pero así como entre los adultos pesa la idea de que "es mejor parecerse al resto de los vecinos, en los jóvenes prima la búsqueda de una identificación, un diferencial".

Eso sí: a la hora de considerar que la mujer pueda ser ordenada, el conservadurismo comprende a la mayoría. El 58% de los sacerdotes "no tiene una opción positiva" sobre el ascenso de ellas a cargos de jerarquía.

Mayoría afín a aflojar celibato.

Más allá de la mirada conservadora de los jóvenes sacerdotes a la hora de vestirse, o de la mayoría de los adultos en lo que refiere a la igualdad de oportunidades de las mujeres, seis de cada diez clérigos uruguayos son afines a flexibilizar el celibato. Esta norma, que no es un dogma, ya no existe en el rito católico de Oriente. Y tampoco se les exige a los anglicanos que, pesa a casarse, se pasan al catolicismo.

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