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Ruta 26, una vena que sangra

Una recorrida por la carretera que cruza el país de este a oeste; el estado es preocupante.

Ruta 26: una carretera en estado crítico. Foto: F. Flores
Ruta 26: una carretera en estado crítico. Foto: F. Flores
Ruta 26: una carretera en estado crítico. Foto: F. Flores
Ruta 26: una carretera en estado crítico. Foto: F. Flores
Ruta 26: una carretera en estado crítico. Foto: F. Flores
Ruta 26: una carretera en estado crítico. Foto: F. Flores
Ruta 26: una carretera en estado crítico. Foto: F. Flores
Ruta 26: una carretera en estado crítico. Foto: F. Flores
Ruta 26: una carretera en estado crítico. Foto: F. Flores
Ruta 26: una carretera en estado crítico. Foto: F. Flores

Son 486 kilómetros de carretera que cruzan el país de manera transversal. La Ruta 26 va desde la entrada de Paysandú, cerca de uno de los límites con Argentina, hasta el bulevar Aparicio Saravia de Río Branco que termina en el puente Barón de Mauá en la frontera con Brasil.

Pasa por ciudades capitales como Tacuarembó y Melo, pueblos como Villa Ansina y cerca de Tambores. Funciona como una vía de comunicación cotidiana para automovilistas y camioneros uruguayos, argentinos y brasileños.

Para muchos es un páramo, un sitio aburrido con un paisaje monótono. Hay mucha forestación y plantaciones de distinto tipo en sus costados.

Además, puede ser un lugar peligroso como consecuencia de las malas condiciones en las que está la carretera. También es un lugar de historias de vida que muestran la adaptación humana al aislamiento y las dificultades.

En Paysandú recomiendan cargar combustible en la estación de Constancia, en Ruta 3, la última antes de entrar a la 26. Si no se compra nafta en ese sitio hay que jugarse a llegar a Tacuarembó, distante 234 kilómetros. En el medio pueden surgir ciertos riesgos para los que hay que prepararse.

En la entrada de la ruta se están realizando arreglos en los alrededores de un puente angosto. Las reparaciones incluyen la colocación de asfalto y hay tierra suelta por todos lados. Hay maquinaria pesada distribuyendo material a lo largo de varios kilómetros.

La obra, que comenzó en enero de 2016, es un motivo de alivio en la zona tras muchos años de abandono.

Más adelante viene un tramo que ya se encuentra reparado pero faltan detalles de seguridad. De hecho, la carpeta asfáltica está sin pintar lo que genera un peligro extra por la noche.

Por lo general, los automovilistas aprovechan para acelerar en los lugares reparados para compensar el tiempo perdido en las zonas rotas. Esa práctica se vuelve en contra porque sin previo aviso se encuentran con tramos sin reparar o que fueron bacheados recientemente, y el salto se nota en la conducción.

Sorprende la falta de ómnibus a lo largo de la carretera. Durante la tarde del viernes un trabajador pasó un buen rato esperando a que pasara el único bus que existe hacia Rivera. Fue el único servicio en horas.

El movimiento de camiones con carga es permanente. La mayor parte lleva madera, otros trasladan ganado. También se mueven muchos vehículos livianos, en particular camionetas y autos extranjeros.

Un policía rural de Paysandú destacó a El País que "desde el arroyo Soto hasta Tambores toda la ruta está picada".

El efectivo señaló que por el lugar pasan "muchos argentinos rumbo a Brasil". "Es gente que no conoce la ruta y muchas veces termina mal, van a 140 kilómetros por hora en la parte que está bien y de golpe se encuentran con la parte picada. les recomendamos precaución pero no escuchan", señaló.

Por otro lado, los vecinos de la zona coinciden en que es muy común encontrarse con bancos de niebla, lo que hace aún más riesgoso el tránsito.

Jesús Bastos vivió toda la vida cerca de la Ruta 26. Hace dos meses instaló un pequeño almacén frente al destacamento policial a la entrada de Tambores, del lado de Paysandú, a una calle del límite con Tacuarembó y a dos kilómetros de la jurisdicción de Salto.

"¿Sabe cómo le dicen a la Ruta 26?", pregunta Bastos desde atrás del mostrador. "No", responde el forastero. "Cinco de Oro, tiene pozos acumulados", responde el almacenero.

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Gente.

Cerca del arroyo El Perdido, a unos 90 kilómetros de Tacuarembó, un joven lleva a un perro sobre su moto. Está en la puerta de una estancia. El animal se niega a viajar en esas condiciones. El muchacho asegura que el perro se tiró de un camión en marcha cuando volvían de una cacería. Él lo vino a buscar pero no sabe cómo llevarlo hasta Tacuarembó.

En eso aparece un hombre que se presenta como González. Lleva una bicicleta al costado. Saluda y cuenta que es peón de estancia, que tiene 54 años de edad y que anda "girando" desde que cumplió 16. Dice que sube a la bicicleta cuando puede "porque tiene un rodado muy fino y la ruta está fea".

Patricia atiende un pequeño almacén a la vera de la ruta. Está en el Pueblo del Barro desde que cumplió 5 años, ahora tiene 18. Antes vivió en Cuchilla del Ombú, una localidad que se hizo famosa cuando hallaron huellas de dinosaurios.

Sueña con especializarse en Recursos Humanos. Sin embargo, cree que la distancia de los centros educativos le impedirá seguir la carrera.

"La gente de campaña no se adapta a Montevideo. Terminé el liceo el año pasado pero me quedó Matemáticas. La idea es poder hacer profesorado de Historia o Geografía el año que viene en Rivera", dijo a El País.

Fuera del comercio hay un caballo atado. Su dueño, Marcos, tiene 17 años de edad y está preparando el animal para correr un raid.

Entró al comercio a comprar una bebida y sigue camino rumbo a Punta Carretera, otra pequeña localidad de 101 habitantes donde reside.

Potrero.

Andrés prefiere el fútbol. También vive en Punta Carretera y en la tarde del viernes estaba jugando a la pelota con un grupo de amigos. Lo hacían en una cancha con algunas particularidades especiales. Está en un predio privado junto a la Ruta 26. Para llegar a ella hay que atravesar un deteriorado alambrado.

El escenario deportivo tiene una importante pendiente y no tiene líneas. Los arcos son de madera. Dentro de la cancha hay varios niños, uno de ellos tiene 7 años. A su lado hay hombres de 35 años. La mayor parte de los deportistas trabajan en las estancias cercanas.

Algunos de los futbolistas han tenido pasajes en clubes de ciudades grandes, varios integraron seleccionados.

Las reglas no están escritas pero se cumplen: "si uno de los chiquitos va al arco no se puede pegar muy fuerte", explicó el joven a El País.

Los fines de semana se arman campeonatos de fútbol 7. "El premio es el consumo, un capón y la bebida", explica.

Es habitual que se inscriban entre 13 y 14 equipos. Para jugar hay que poner 300 pesos que se utilizan en la compra del premio principal. Otra práctica muy extendida es hacer campeonatos en beneficio de alguna persona que necesite fondos por problemas de salud.

Como en todos lados, hay rivalidad deportiva. De hecho, el partido "clásico" es entre los combinados de Caraguatá y Ansina. Los encuentros son intensos, friccionados pero nunca hubo una gresca, según Andrés.

Promesa: reconstruir desde los cimientos.

En febrero del año 2016 representantes de la Asociación Rural del Paysandú y otras organizaciones de productores se reunieron con el ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi. El reclamo por la Ruta 26 fue uno de los principales. El secretario de Estado anunció que durante el pasado año 2016 se concentrarían en la realización de bacheos, y que durante el año 2017 la carretera sería hecha a nuevo en el tramo entre Paysandú y Tacuarembó "desde los cimientos", según confirmó el dirigente Eduardo Filliol, a radio El Espectador.

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