LA ENTREVISTA DEL DOMINGO - RICHARD READ, DIRIGENTE DEL SINDICATO DE LA BEBIDA FOEB

Read: "Estamos durmiendo la siesta en preparar jóvenes para el futuro"

El dirigente del gremio de la bebida, Richard Read, preside dijo que es momento de dar una gran discusión sobre el mercado laboral, porque hoy los Consejos de Salarios no garantizan la distribución de la riqueza de forma equitativa.

Richard Read. Foto: Fernando Ponzetto
Richard Read. Foto: Fernando Ponzetto

El sindicalista opinó que es momento de dar una fuerte discusión sobre el mercado laboral y cambiar el contenido de los Consejos de Salarios porque ya no logran “repartir la riqueza” de forma equitativa.

—Se viene una nueva ronda de Consejos de Salarios. ¿Hay espacio para poder crecer más?

—Hay una franja que tiene muchísimo espacio para crecer. El tema es que se deberían conocer las paramétricas de los empresarios para tener poder de negociar con información precisa. Saber cuál es el costo salarial en la industria, en el agro, en servicios… Hemos estado negociando catorce años salarios en los Consejos sin que del lado empleador traigan las paramétricas. El caso nuestro en la bebida es una excepción. Pero en general no se ha logrado. ¿Si hay espacio? Sí hay, pero ese espacio no es parejo.

—¿Cómo se logra que la llamada distribución de la riqueza llegue a todos los sectores de actividad?

—No creo que sea muy creíble esa frase hoy. Eso de que crezca la torta y repartimos… La torta creció durante quince años y la repartida fue desigual. Principalmente la mejor tajada se la llevaron los sindicatos con correlación de mayor fuerza, que permitió que avanzaran en sus conquistas. Otros quedaron supeditados a las pautas del gobierno, y otros, suerte en pila. Por algo seguimos teniendo 500.000 personas con una banda salarial que está debajo de los 20.000 pesos.

—¿Entonces, es necesario cambiar los Consejos de Salarios?

—Hay que mantener el formato pero cambiar los contenidos. Hoy no marcan una proyección de crecimiento, o de expectativas para el trabajador. Puede haber trabajadores muy, muy buenos, cumplidores, laburantes, pero que por razones de la vida cayeron en un sector sumergido, o que no hay un sindicato fuerte. Entonces ese trabajador sabe que, en el mejor de los casos, su franja salarial va a estar entre los diecicocho, o veinticinco mil pesos. Y hay otros que por casualidad cayeron en gremios como este, que a lo mejor no son tan merecedores, son faltadores, pero como su gremio es fuerte entran con 50, 60, o 75.000 pesos con poco mérito atrás. Entonces, los Consejos de Salarios, ¿generan equidad? Yo creo que no. Soy un fervoroso impulsor de que hay que modificar no el formato, pero sí los contenidos. Y trabajar en tener mayor transparencia y confianza entre los interlocutores para poder negociar con números.

—El líder blanco Luis Lacalle Pou ha planteado modificar el sistema y fue muy criticado por el Pit-Cnt.

—No sé la propuesta de cambio de Lacalle Pou. A mí no me asustan los titulares. Yo estoy planteando que hay que cambiar los contenidos del formato. Este formato ya tiene ricos y pobres. Trabajadores que van "surfeando" en gremios fuertes, y otros que están ya sabiendo que su sueldo va a estar muy estancado.

—¿Para usted los Consejos abrieron más aún la brecha social?

—Claro, funcionaron en el primer período de la izquierda porque veníamos muy sumergidos. El gobierno jugó, pero en el segundo quinquenio flaqueó y hoy estamos pagando las consecuencias.

—Hablaba de desconfianza entre trabajadores y empresarios, ¿por qué esto no se ha logrado romper?

—Hay una uruguayez que impregna las relaciones, que pasa porque la única verdad es la mía. Segundo, no te digo nada porque lo utilizás en mi contra. Y tercero, si me das información va a ser parcial. El empleador no muestra y el trabajador no cree. Hay una falta de credibilidad en ambas partes. Eso no es difícil romper. Nosotros supimos romper esa desconfianza con mucha responsabilidad. Se presentaron los números y se manejaron sin filtraciones. Por eso logramos incorporar productividad y fue beneficioso para todos. El problema también es que a las cámaras empresariales, en general, no se les cae una idea. Hay excepciones. Pero en general abren la boca para protestar, o quejarse. Pero una idea, hace años que no veo una de ellos. Me pueden decir: sí, ¿y el Pit-Cnt? Y bueno, ahí sí hay propuestas, pueden gustar o no, pero las hay. Hay que ponerse a discutir relaciones laborales en serio, porque la informática entra y no pide permiso. Y si no se trabaja, van a desaparecer puestos de trabajo.

—¿Qué rol debería jugar el Pit-Cnt? Porque muchas veces también se limitan a manifestaciones.

—Vi con muy buenos ojos estos últimos impulsos del (Instituto) Cuesta Duarte, de Inefop. Me entusiasmó cómo empezaron a pedalear en lo referente al mundo del trabajo. Habría que agregarle el tema de la vocación al trabajo. Como todo uruguayo nos levantamos recién de la siesta, cuando las cosas están pasando desde la madrugada. Pero nunca es tarde. Hay que capacitar. Porque hoy los jóvenes entran al mercado laboral por el momento, y tienen que estar preparados para el futuro.

—¿El país está preparado para esos cambios que se avecinan?

—¡No! Estamos durmiendo la siesta. El año que viene cumplen mayoría de edad con 18 años los que nacieron en enero del 2000: siglo XXI. Pero van a ingresar a un mercado laboral del siglo XX, y en algunos casos del siglo XIX. Esta dicotomía en Uruguay no la supimos atender a tiempo. Se habla del agro. Y allí hace rato que desapareció la mano de obra. Los tractores son todos robots. Se manejan por control remoto, se programa y el tipo (el tractor) hace todo solo. Un tipo que no se enferma, no protesta, no va al baño. Es echarle combustible, nomás. En cuestión de días se vienen los drones que te van a llevar la pizza a tu casa.

—El tema de la ética se ha instalado en la sociedad. ¿Cómo lo ve en el Pit-Cnt?

—Es un tema que está en todos lados. Tiene que ver con que se ha modificado la escala de valores. Eso también pasa en el trabajo. Hay un nuevo modelo de trabajador, el que está armando currículums y piensa cambiar de lugar porque así avanza. No es el viejo trabajador que llegaba a la fábrica con su vianda todos los días y en ese lugar se iba a jubilar. Por eso es importante formar en ese concepto, porque si no quedan por el camino: subsidiados por el Estado, más empleados públicos. Hay un riesgo de convertir esta sociedad laboral en un gran paquidermo, grandes elefantes caminando al cementerio.

—Pero en los últimos tiempos el Pit-Cnt también se vio envuelto en líos éticos o de supuesta corrupción, que no son referidos solo a la escala de valores.

—Y nadie está a salvo de ese tema. Pero tiene que ver con la visión de ética que hay en cada uno. Yo percibo que hay un gran número de gente en la sociedad que tiene otros valores sobre la ética. Se reivindica la ética de distintas formas, porque no hay sanción social.

—¿Cree que el caso de Sendic unificó el criterio sobre la ética?

—En un lado sí y en otro no. Yo no sé si le corresponde a Sendic cobrar ahora el subsidio. No tengo duda que le corresponde el 1° de marzo del 2020. El tema no es si es legal o no es legal, acá es un tema de vergüenza. Yo creo que lo que se ha perdido es la vergüenza. Mucha gente puede decir que los palos que los milicos españoles le dieron a los catalanes hace unas semanas por ir a votar, eran legales. Me importa un comino que fuera legal. Era una represión feroz con la que no estoy de acuerdo. En general se ha perdido la vergüenza. Es como aquel que sale y tira la bolsa de basura afuera del contenedor. No es solo un tema de ética, es también de valores y moral. Son pocos los que van y recogen la basura, y muchos menos los vecinos que le exigen a esos que la tiran afuera que hagan lo que tienen que hacer.

—¿Cree que está mal enfocado el tema del subsidio a Sendic?

—Quienes hoy se oponen al subsidio que otorgó Vicepresidencia, tuvieron la posibilidad en la Asamblea General de opinar y tampoco opinaron. ¿Qué están esperando? Están en la parada, pero eligen los bondis para subirse. Bueno papá, como parlamentario tenés que subirte a todos los bondis. Acá se callaron la boca. Por acción u omisión todos tienen responsabilidades.

—¿Era la salida que esperaba?

—Yo dije: "rajate botija". El Plenario del Frente fue convocado para discutir algo que luego no discutió. Actuó políticamente con mucha picardía. La sanción ya estaba con el dictamen del Comité de Ética. Para mí fue como sacarse una astilla, cuando tenés una astilla en un dedo hay dos alternativas: o te la sacás o te la sacás. Porque si no te la sacás se sigue metiendo para adentro y puede infectar toda la mano. Sendic era una astilla para el Frente Amplio. Cuando te clavás una astilla hay que sacársela enseguida. Y es el dolor del momento. Acá se dejó la astilla, desde lo del título y se siguió escarbando, hasta que casi que se pudrió todo. Esperaron hasta el último momento. Él renuncia en el quirófano. Ahí se la iban a cortar la mano.

"Lo del Frente es Como cuando una novia te deja".

n —¿Hoy el FA lo representa?

—En muchas cosas no. El programa del Frente me atrae y me sigue atrayendo. Algo se ha hecho, falta mucho. No creo que ese programa lo hagan los colorados, blancos e independientes. El Frente Amplio ha tenido una serie de temas que generaron una pérdida de credibilidad en la sociedad. Perdieron la alegría. Hay un desamor. Como cuando una novia te deja y quedas en melancolía sin saber qué hacer.

—Pero, ¿qué posición tendrá en la próxima campaña electoral?

—Yo me siento de izquierda, frenteamplista. Pero hoy no me atrae por los hechos y comportamiento que ha tenido el FA en los últimos 20 meses, que es distinto al comportamiento del gobierno. Yo separo eso. Creo sin lugar a dudas que con Lucía (Topolansky) de vicepresidente va a mejorar muchísimo el papel y rol del Poder Ejecutivo con el Parlamento.

—¿Dónde se ve en tres años?

—Me veo ayudando a darle forma y presencia real a la agrupación sindical que hemos formado. Me veo trabajando y apoyando a los centros educativos, y por ahí me veo. Hoy, por ahí. Si después aparece otra changa, la veré.

—¿Le gustaría estar en un rol ejecutivo?

—Descarté lo legislativo, no es para mí. No me siento apto ni me gusta. El tema es no agarrar un cargo por agarrar un cargo. No me gustan los hombres orquesta. Hay compañeros que en 13 años han estado en muchísimas funciones. No me vería en eso. Me vería en una cuestión sola si se tiene claro qué es lo que se quiere de la cuestión. Llenar un sillón por llenar un sillón no me interesa. Podría ser estar en un proyecto ejecutivo con un equipo, y no me molesta que sean de otras tiendas. No creo que todos los buenos estén en un solo cuadro.

"Se necesita un cambio estructural del modelo educativo".

—Hoy se discute si el gobierno tiene agenda. ¿Usted qué cree?

—La agenda está centrada en una inversión que en el mejor de los casos se va a dar para el próximo gobierno. Hay muchos temas de agenda, pero el tema es que se perdió la credibilidad, hay serios problemas de comunicación con la sociedad. El gobierno está pagando precio por el Frente Amplio.

—¿En la educación ve algún resultado?

—No, yo creo que hay un esfuerzo muy grande. Lo reconozco y lo valoro. Pero los resultados no son los que la sociedad espera. Se necesita un cambio estructural del modelo educativo que no sólo por la currícula, también por la formación y capacitación del nuevo maestro.

—¿Qué resultados le están dando los centros educativos creados por su sindicato?

—Muy buenos. Son centros de apoyo, que no sustituyen a la escuela. De mañana van a la escuela y de tarde vienen con nosotros. Las maestras nos dicen que los niños que van a los centros se destacan del resto. En total andaremos en los 600 chiquilines en todo el país, solventado por nosotros y por las empresas de la bebida que acompañan económicamente. Es dar apoyo y evitar que esos niños que vienen de barrios críticos y muy críticos no entren en las tentaciones de la transa, la droga y el choreo.

—¿Ese no sería un rol que debería cumplir el Estado?

—El plan (de Germán) Rama que establecía escuelas de doble turno fue criticado por la izquierda.

—Usted lo criticó.

—Yo critiqué mucho al plan Rama desde la ignorancia. Por caer en discutir de quién proviene y no lo qué proviene. Es una autocrítica mía. Hoy la realidad que tenemos es que las escuelas de tiempo completo son los que están salvando la petisa. Nosotros apostamos a aportar a la sociedad desde el lugar que podemos. Y allí también se enseñan valores. Manualidades, música, cocina... Tienen dentista. Es un apoyo y hay convivencia, hay respeto.

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