ENTREVISTA

"Quieren crear Frankensteins legales; esto es monstruoso"

Dr. Juan Fagúndez - Experto en Derecho Penal

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Dr. Juan Fagúndez. Foto: Darwin Borrelli

—El debate sobre la inclusión del "femicidio" o "feminicidio" en el Código Penal se ha instalado después de la serie de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas. Usted es contrario a tipificar esa figura. ¿Por qué?

—Los tipos penales no cumplen funciones sociales. El que mata no lee el Código Penal antes para ver si su acción es un "homicidio" común o uno "especialmente agravado". Ya existe en el Código un agravante cuando hay violencia contra parientes o cónyuges, quizás se podría mejorar. La pena del homicidio intencional va de 20 meses a 12 años y la de uno especialmente agravado por cometerse contra el cónyuge o concubina, va de 10 a 24 años. Creo que el proyecto del que se viene hablando no tiene como objetivo darle más pena sino darle nombre. El Código Penal no es el lugar para posicionar la cuestión. Estoy de acuerdo que se hable de "femicidio" para identificar el asunto, pero no es un tema para el Código.

—¿Cree que la modificación del Código no va a frenar ese delito?

—Para nada. La prevención del femicidio es una tarea social, no judicial. La letra de la ley no es preventiva. No ha disuadido a nadie de matar, porque estas acciones tienen una alta carga de subjetividad vinculada a la emoción.

—O la pasión. Los colectivos feministas criticaron días atrás al Dr. Jorge Chediak por referirse a los asesinatos de mujeres por sus parejas o exparejas como "crímenes pasionales". ¿La pasión se considera un atenuante para un homicidio?

—Eso se llama homicidio pasional provocado por el adulterio. Está en el artículo 36 del Código Penal. Existe un eximente de responsabilidad para el marido que mata a la mujer, o a su amante, cuando los sorprende infraganti.

—¿Debería derogarse?

—¿Hay que derogar la pasión provocada por el adulterio?

—De ahí a ser un eximente de la cárcel hay gran distancia.

—El legislador entendió que en ese momento que está viviendo la persona, ya sea un hombre o una mujer, no se le puede exigir que se motive en el "no matarás". Es tan fuerte la sensación de llegar a tu casa, venir del laburo, y ver que tu mujer tenga ahí a su amante... Cada vez pasa menos. Antes era más frecuente este tipo de homicidios.

—Vuelvo a la pregunta: ¿debería derogarse ese artículo?

—Hemos evolucionado como para que se derogue pero entiendo que puede haber personas que en ese momento estén fuera de sí. El hombre o la mujer llegan, se encuentran con eso, ¿se dan media vuelta y se van?

—¿Entonces, para frenar los femicidios hay que cambiar la naturaleza humana?

—Sí.

—Pero eso no se puede hacer por decreto.

—La mujer tendría que abandonar el hogar ante el primer síntoma de violencia y hacer la denuncia. No esperar a estar muerta.

—Está cambiando el orden de los factores, le está cargando a la mujer la responsabilidad de su propia muerte.

—No es la responsabilidad, es la prevención para evitar una muerte.

—¿Entre los actores judiciales se ha discutido la propuesta de tipificar el femicidio como un delito específico? ¿Comparten su visión o hay división de opiniones sobre el tema?

—No hay.

—¿Lo han hablado?

—No necesitamos hablarlo.

—¿Están tan convencidos de que la tipificación penal de femicidio no tendría ninguna relevancia?

—Por supuesto, no. En el mundo penal se actúa con un muerto arriba de la mesa. Una muerta, en este caso. No entiendo qué nombre le vamos a poner cuando se hable de mujeres que matan hombres. Las mujeres también matan. Entonces tendríamos un universo jurídico para los hombres y otro para las mujeres. En la Justicia Penal, somos todos iguales ante la ley.

—La tipificación del "femicidio", ¿podría abrir puertas a que otros colectivos —afrodescendientes o gays, por ejemplo— pidieran un tratamiento distinto?

—Ahí ya no seríamos iguales ante la ley, y habría que andar con un Código Penal en el bolsillo en lugar de la cédula: "Mirá que según el capítulo 328.020, artículo 2.500.000 yo soy hipertenso, estoy pasado de peso, donde me vuelvas a subir la voz se podría considerado una tentativa de homicidio". Es una ridiculez.

—El proyecto para una Ley Integral sobre violencia basada en género, que fue presentado al Parlamento por Inmujeres y que consta de 103 artículos, pretende modificar el Art. 36 del Código Penal dándole la siguiente redacción: "El estado de intensa conmoción provocada por el sufrimiento crónico producto de violencia intrafamiliar, faculta al Juez…

—Están metiendo un diagnóstico psico-analítico en un tipo penal.

—Continúo: "… faculta al Juez para exonerar de pena por los delitos de homicidio y de lesiones, siempre que concurran los requisitos siguientes:

1° Que el delito se cometa por el cónyuge, excónyuge, concubino, exconcubino, descendiente o ascendiente de éstos o de la víctima, o por persona con la que la víctima tenga o haya tenido una relación de noviazgo o convivencia.

Que el autor hubiera sido sometido a intensa y prolongada violencia por parte de la víctima o tuviera conocimiento de igual sometimiento de sus descendientes, ascendientes u otras personas bajo su guarda o cuidado con quienes mantuviera fuertes vínculos afectivos...

—¡Esto es monstruoso!

—¿Entiende que esto eximiría de pena a las mujeres que matan a sus parejas solo por ser violentas?

—Exacto. Lo peor de todo es que también habla de sus exparejas y permite que los hijos maten a los padres, es monstruoso. Estamos todos locos... Últimamente el sistema judicial nuestro tiene jurados; me refiero a las redes sociales y al interés de los noticieros por la crónica roja. Se está formando una opinión que genera presión sobre jueces, fiscales y la Suprema Corte, y eso está incidiendo en la invención de estos Frankensteins legales: meten en una ley todo lo que les parece, le ponen dos tornillos y a caminar.

—Entonces, ¿cómo se para esta ola de violencia contra la mujer?

—Va a ser cada vez peor mientras que no cambie toda la sociedad, que va a cambiar. Creo que dentro de muchos años van a inventar una pastilla para controlar la violencia, la codicia, la aspiración a quitarle a otros lo que les pertenece.

—Usted se va a quedar sin trabajo.

—Yo voy a estar tan muerto que no me va a preocupar.

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