En Oradour los nazis masacraron a 642 habitantes en un día

Un pueblo convertido en museo viviente

Después de la Segunda Guerra, en 1945 el general Charles de Gaulle, jefe del gobierno provisional francés, decidió que se mantuviesen las ruinas de la villa mártir de Oradour-sur-Glane.

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Un memorial a cielo abierto en Francia. Foto: Reuters

La villa había estado bajo control directo alemán desde 1942, y aunque sus habitantes no eran colaboradores de los invasores ni tenían vínculos con el movimiento de la Resistencia, fueron atacados por los nazis de modo salvaje.

Ante el avance aliado en Europa, y mientras la Resistencia francesa incrementaba sus actividades, un capitán de las SS murió en un atentado en el lugar.

Ante eso, se obligó a la población a congregarse en la plaza. Los hombres fueron ametrallados y los heridos, quemados; solo cinco escaparon y 197 murieron.

Todas las mujeres y los niños fueron encerrados en la iglesia, que fue incendiada.

Solo una mujer sobrevivió, 240 murieron al igual que 205 niños. Un pequeño grupo que había escapado del pueblo ante la llegada de los SS, resultó literalmente cazado en la noche del mismo día de junio de 1944.

Visitar Oradour-sur-Glane hoy conmueve hasta erizar la piel: todo se preserva como aquel día: los viejos automóviles incendiados siguen en las calles; la iglesia, las casas familiares, los edificios públicos, conservan los rastros de la ruina y el fuego. Una máquina de coser Singer continúa a la intemperie en el centro de una vivienda de piedra, como si fuera ayer.

En el cementerio, una columna contiene las cenizas de las víctimas sin identificar. Los cuerpos de 52 de las 642 víctimas fueron identificados; al resto se los declaró oficialmente como desaparecidos.

En 1999, durante el gobierno de Chirac, se inauguró un memorial y un centro de documentación, en terrenos situados entre el antiguo pueblo destruido y su nueva ubicación a pocos metros.

Según el censo de 1936, Oradour contaba con 1.574 habitantes, de los cuales 330 vivían en el núcleo urbano.

Hoy, cerca de 300.000 personas visitan cada año el sitio convertido en un museo viviente de la guerra.

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