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Protesta de las esposas de liberados de Guantánamo

Ex preso tiene prohibido acercarse y estuvo a 50 metros.

Roma está embarazada de seis meses, ayer vio a su marido y lloró. Foto: P. Melgar
Irina denunció ante la Policía y la Justicia que fue violada por su marido. Foto: P. Melgar
Foto: P. Melgar
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PABLO MELGAR30 ene 2016

Desde la noche de ayer dos de las tres mujeres uruguayas que se casaron con exprisioneros de Guantánamo están protestando en la Plaza Independencia, frente a la Torre Ejecutiva, reclamando justicia por la violencia que, según denuncian, ejercieron sus cónyuges contra ellas.

En la mañana de ayer lucían carteles y un pabellón nacional. Se trata de Irina Posadas y Roma Blanco, separadas de Omar Faraj y Abdul Din Mohamed, respectivamente.

Tras una sucesión de denuncias en la que se incluyen distintas formas de violencia, la Justicia resolvió que ambos ex- prisioneros deberán permanecer a 300 metros de las mujeres.

Sin embargo, en la mañana de ayer y en el momento en que Posadas y Blanco explicaban a El País las razones por las que estaban en Plaza Independencia, Abdul Din Mohamed apareció por la calle Buenos Aires junto a otro de los exprisioneros.

Al verlos las mujeres estallaron en gritos de angustia. Llamaron a la Policía y a los pocos minutos apareció un patrullero y luego cuatro policías montados en los segway. Los exprisioneros siguieron su camino y ni siquiera miraron para el lugar donde estaban las mujeres.

El terror se apoderó de Roma y comenzó a llorar. Está embarazada de seis meses y cree que su marido rechaza a su hija por ser niña y que cuando nazca la raptará para entregarla a un grupo islámico.

Un patrullero trasladó a Roma hacia la Comisaría de la Mujer mientras que Irina resolvió mantenerse en la plaza.

Cuando Irina se hizo parte de la fe islámica tomó el nombre de Fátima. Conoció a Omar durante un evento artístico en una embajada. Él le pidió el teléfono, ella se lo escribió en un papel. Él la citó en la explanada de la Intendencia de Montevideo para pedirle ayuda con el idioma. Ella accedió.

A los pocos días, él pidió para ir a su casa y casi de inmediato le dijo que se quería casar con ella. Y ella accedió. Se casaron por la ley islámica, fuera de las normas uruguayas. No hubo noviazgo porque la cultura islámica lo ve con malos ojos, según explicó Irina a El País.

Los siguientes siete meses fueron los peores de la vida para Irina. Ante la Justicia, la mujer denunció que fue violada en dos ocasiones y que recibió ocho palizas "fuertes".

Además, asegura que en el trato diario fue reducida a la esclavitud y que fue obligada a vestir el burka, prenda que cubre todo el cuerpo y deja a la vista únicamente los ojos.

La mujer asegura que preguntó a sus contactos por la salud mental de su prometido. Le dijeron que estaba sano a pesar de los años de cárcel en la base militar de Guantánamo, en Cuba. "Pedimos pericias psiquiátricas, nunca dijeron cómo eran ellos", señaló.

Irina dijo saber que los exreclusos planifican un juicio contra Estados Unidos por los años de reclusión.

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