EL INFIERNO TAN TEMIDO

"Nos prendieron fuego a todos"

Expediente judicial revela detalles de la explosiva situación que viven varias cárceles.

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Las periódicas requisas no logran frenan la violencia en las cárceles. Foto: archivo El País

Las tres recientes muertes violentas, heridos graves por "cortes carcelarios", quemados e intentos de motines, dispararon varias alarmas en el sistema penitenciario uruguayo.

La escasez de plazas, los problemas de convivencia, y la falta de técnicos desnudan la fragilidad del sistema.

El problema es de tal magnitud que un joven, que cometió un delito leve al romper una tobillera tras golpear a su pareja, fue internado en el Módulo 8 del Comcar donde los enfrentamientos son moneda corriente. Debió convivir con un triple homicida y varios rapiñeros durante meses. Es decir, no se tomó en cuenta su delito a la hora de derivarlo a un sector del Comcar.

El martes 8, este joven —proveniente de Canelones— declaró ante el juez penal Ricardo Míguez y el fiscal Gustavo Zubía sobre la muerte de Miguel Ángel Rey, quien fue apuñalado y prendido fuego con un colchón de polifón.

"Yo estaba muerto de miedo. No vi nada. No salí a la planchada (pasillo). Cuando sentí los gritos, me escondí debajo de la cama; para mí era como estar en el infierno", dijo a los operadores judiciales al finalizar la audiencia. Este joven fue el único de la celda 6 que no fue procesado por el juez Míguez. Otros siete reclusos fueron reprocesados por el asesinato de Miguel Ángel Rey.

El homicidio de Rey es la muerte 31, en lo que va del año, en las cárceles uruguayas. Los heridos superan los 70.

"La gran mayoría de los incidentes son provocados por el consumo de drogas dentro de las cárceles. También hay viejas cuestiones sin resolver del barrio y terminan arreglando cuentas dentro", dijo a El País una fuente del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR).

Otra tesis esgrimida por el Ministerio del Interior es que la espiral de violencia se debe a un complot entre reclusos y un grupo de guardias que se oponen a los cambios implementados en el Comcar.

Crimen.

Los módulos 8, 10 y 11 del Comcar, la cárcel de Canelones y Las Rosas son hoy consideradas las más peligrosas e inestables del sistema. El riesgo de ser asesinado en esos establecimientos es algo cotidiano. Uruguay tiene una tasa de 8,3% homicidios cada 100.000 habitantes. En los barrios de Montevideo, donde se registra la tasa más alta de muertes violentas, la misma llega a 30 asesinatos cada 100.000 pobladores.

Si se toma a los módulos 8, 10 y 11 como un barrio más de alguna ciudad del país, en el primer semestre del año habría alcanzado una tasa de 295 homicidios cada 100.000 habitantes. "La imagen es elocuente y habla a las claras de la necesidad de disminuir la violencia existente en ese sector institucional", dijo el comisionado parlamentario, Juan Miguel Petit, en su informe al Parlamento enviado el 30 de junio.

En estos módulos no existen talleres, aulas ni espacios para usos múltiples. No hay bibliotecas ni circula material impreso. Solamente hay salones destinados a las visitas, sin mobiliario.

Los establecimientos penitenciarios alojan hoy a 10.416 internos.

Un informe de la División Estadística y Análisis Estratégico del Ministerio del Interior sobre la capacidad del sistema penitenciario nacional, señala que en el Penal de Libertad hay 1.172 internos, de los cuales 826 son reincidentes (70%). La situación no es diferente en el Comcar. Allí conviven 3.466 presos. Son reincidentes 2.080 (60%). La cárcel de Canelones aloja a 1.385 internos, de los cuales 940 son reincidentes (67%). En todo el sistema bajo la órbita del INR hay 4.459 reincidentes (61%) y 2.749 (39%) primarios, según el informe oficial al que tuvo acceso El País.

Lanzas.

En la noche del miércoles 7, los integrantes de la celda 8 del Módulo 8 del Comcar se preparaban para cocinar unos ñoquis. Uno de los reclusos se subió a un ventilador para sacar agua de la cisterna del baño. A pocos metros de distancia, presos de la celda 6 rompieron los candados de dicho celdario, arrancaron los cables de luz y rompieron los candados de la celda 8. "Empezaron a tirar lanzazos (con varillas de hierro afiladas) primero por los dos sapos (aperturas en la puerta para pasar la comida), hasta que partieron los candados", testificó uno de los internos en el juzgado penal.

Los presos de la celda 6 tiraron trozos de colchones de polifón encendidos adentro de la celda 8. "Nos estábamos intoxicando. Si me quedaba adentro me moría por el humo. Si salía afuera me iban a matar. No pude más y salí afuera. Me partieron la cabeza y me pegaron en el hombro con un cuchillo", dijo.

Agregó que no supo quién lo hirió. "No veía nada. Sé que eran de la celda 6. Estaban todos con lanzas grandes", declaró en la sede penal. Enseguida agregó: "Los de la celda 6 nos gritaban que nos iban a matar. Nos prendieron fuego a todos. Ellos tenían bardo (problemas) con el finado. Él era quien mandaba en mi celda".

Un recluso conocido como "el Banana" confesó que lideró el ataque de sus compañeros contra la celda 8. "Yo me desquité con el muerto. Él mató a mi primo hace dos o tres años. Sé que se llamaba Miguel Ángel. El que mandaba era yo. Cuando entramos a la celda 8 empezamos a tirar pedazos de colchón con fuego y puñaladas. No lo dejamos salir. Murió ahogado y quemado", testificó.

Consultado sobre si hay algún policía vigilando el pasillo donde están las celdas 6 y 8, el interno respondió: "No hay ninguno. Ellos están delante de todo (el módulo). Quedan uno o dos policías de noche y nosotros somos como 400. Pasa cualquier cosa que nadie se mete".

El recluso reconoció que todos los integrantes de la banda del muerto fueron lastimados. "Nuestra intención era matarlo a él. A mi primo le prendieron fuego. Yo lo que hice fue sangre por sangre. Los dos que mataron a mi primo están muertos".

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