mayoría de clubes de baby fútbol tienen problemas con el terreno que ocupan

El fin de los potreros de barrio

Es martes. Faltan pocos minutos para las 19:00 horas. La ronda de gurises se forma ni bien suena el silbato del técnico, en el medio del terreno donde practica, por ahora, la Categoría 2007 del Club Nueva Palmira. Los padres, fuera del terreno sufren los primeros fríos de la temporada y lo mitigan con mate.

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El Baby Fútbol tiene más de 120 canchas para siete ligas. La mayoría de los terrenos son prestados.

Desde hace varios meses la conversación entre los padres, dirigentes y técnicos del club gira en torno a que deben irse del predio que están ocupando, ubicado en Amézaga y Ramón del Valle-Inclán, y que hace ya dos años les prestó Adeom.

En ese lugar, dentro de dos meses, va a comenzar la construcción de un complejo de viviendas destinado a los empleados municipales.

"El lugar lo tenemos a préstamo y lo sabemos. No queremos reclamar lo que no es nuestro, pero sí queremos y necesitamos un lugar en donde podamos entrenar a los gurises y que sepamos que no nos van a echar", afirmó Fabricio Guillén, entrenador desde hace dos años de la Categoría 2007 del club. Nueva Palmira está entrenando a 120 niños de entre 6 y 13 años, y disputa la Liga Palermo, una de las siete que están organizadas por ONFI (Organización Nacional de Fútbol Infantil).

Seis de estas ligas están regidas por la Federación Independiente de Fútbol Infantil (FIFI) y una por la Asociación Uruguaya de Fútbol Infantil (AUFI).

En mayor o menor medida, en las siete ligas hay problemas con las canchas y los lugares en los que se juega.

El conflicto que sufre Nueva Palmira ya lo experimentó hace varios años el Club Intermezzo, uno de los más conocidos de la Liga Palermo.

El predio donde estaba la cancha ahora lo ocupa el Centro de Imagenología Molecular frente al Centenario.

El Intermezzo ahora juega en la cancha del Club Unión Vecinal, donde actúan de locales ambos clubes.

La mayoría de las instituciones de la Liga Palermo tienen algún problema con los predios en los que tienen las canchas. "El 90% de los terrenos son de la Intendencia y están en un tira y afloje para renovar los permisos", señaló a El País Juan Carlos Santa Lucía, presidente de dicha liga.

Según el presidente de la FIFI, en las seis ligas que están incluidas en esa federación hay 108 canchas y 110 cuadros. "Pero no todos los equipos tienen donde jugar y no todas las canchas son de algún equipo", señaló Rodolfo Longueira, presidente de la FIFI.

En AUFI hay 23 equipos, vinculados a clubes de primera y segunda división del fútbol profesional, pero en su mayoría no cuentan con algún tipo de apoyo institucional.

De ese total de equipos, hay al menos 13 que no tienen donde jugar cuando ofician de local. Entre estos clubes se encuentran Peñarol y Nacional.

Los albos entrenaban y jugaban en un terreno detrás del Hospital Policial, pero la construcción de un edificio del Banco de Seguros del Estado los obligó a irse del lugar. Actualmente practican en terrenos alquilados al Ejército.

Peñarol, por su parte, cuenta con el Estadio José Pedro Damiani, Las Acacias, siempre y cuando no jueguen las juveniles del club. En esa circunstancia, las infantiles aurinegras juegan de local en la cancha de Champagnat, en Carrasco.

Clubes como Central Español, Wanderers, Danubio, River Plate, Bella Vista, Rentistas y hasta Boston River, cuentan en cambio con canchas para oficiar de local y entrenar.

Tanto AUFI como la FIFI coinciden en que hay una falta importante de canchas y "potreros" en la capital, para los 21.000 niños que, en total, juegan en las siete ligas.

"En el interior del país, el problema es inversamente proporcional, porque hay una cantidad de lugares adaptados para jugar al fútbol", afirmó Rubén Silva, presidente de AUFI.

"Conseguir cancha en Montevideo cada vez es más complicado. Acá la mitad de los clubes tiene que salir a alquilar un lugar para que los chiquilines jueguen y practiquen. Y todo sale a pulmón", explica el presidente de AUFI.

"La mayoría de los equipos no recibe demasiado apoyo del club al que pertenecen", afirma Silva, tras recalcar que esta liga surgió "como una copia en baby fútbol del campeonato de primera división".

Son los padres, como en las restantes ligas, los que "levantan los clubes, con trabajo honorario y poniendo plata para que los gurises puedan jugar", indica Silva.

Y si bien hay clubes que ponen a disposición de sus planteles de AUFI una importante infraestructura como Wanderers, River, Danubio y Bella Vista, hay otros que tienen sus canchas pero en situaciones bastante precarias.

En riesgo.

El club Progreso hace las veces de local, en torneos de hasta diez años, en una cancha ubicada en Rivera Indarte y Juan María Vidal. Una realidad precaria y peligrosa.

Las categorías de entre 11 y 13 años juegan en cancha de 11 y el lugar que tienen es un terreno baldío, a orillas del Arroyo Pantanoso. Allí también practican todas las ligas infantiles entresemana y de noche.

"En la cancha grande hay una maleza importante, donde hay plagas. Pero no hay agua, no hay luz y los chiquilines están expuestos a la inseguridad y a la delincuencia", cuenta Héctor Rivero, presidente del fútbol infantil de Progreso.

Esa cancha es la misma que utilizan en la tarde los juveniles del club, "pero ellos no quedan tan expuestos porque la usan de tarde y a plena luz del día. Los chiquilines tienen que ir sí o sí de noche a practicar", explica Héctor Rivero.

A modo de ejemplo, el dirigente cuenta que poco tiempo atrás, uno de los niños del plantel de 12 años llegó llorando a su casa. "Dos muchachos, mayores que él lo asaltaron y le sacaron los championes, las canilleras y la camiseta. A esta situación están expuestos todo el tiempo", sostiene Rivero.

Desde AUFI se informó que se aguarda el cambio de las autoridades municipales para "iniciar una instancia de diálogo y que se pueda solucionar este tema que nos tiene preocupados no sólo a nosotros, sino a la mayoría de los clubes de la Federación", afirmó Silva.

"Viviendo en un déjà vu"

La situación de tener que abandonar un terreno no es nueva para la gente del Club Nueva Palmira. Hace dos meses les dijeron que en 120 días se tenían que ir del lugar. Hasta 2013, el club tenía su cancha para jugar de local y entrenar. El predio estaba ubicado en General Flores esquina Batlle y Ordóñez. "Sin embargo, un buen día nos dijeron que nos teníamos que ir porque iban a construir un complejo habitacional", cuenta una de las madres. "Ahora nos vuelve a pasar lo mismo. Estamos viviendo en un déjà vu", agregó.

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