PATRICIA RODRÍGUEZ

"Policías somos carne de cañón"

La presidente del Sindicato de Funcionarios Policiales de Montevideo (Sifpom) asegura que en la Policía están los índices más altos en materia de suicidio, violencia doméstica y divorcios.

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Patricia Rodríguez. Foto: archivo El País

Reclama que el Ministerio del Interior aporte psicólogos que atiendan a los policías para que la violencia en la que desempeñan su tarea no se traslade a su casa. Además, advirtió que el número de policías amenazados por los delincuentes se está incrementando. En ese sentido, recordó que el Ministerio fijó un protocolo para dotar de seguridad a las ambulancias pero “no puede cuidar a sus funcionarios”. Dijo que el ministro Bonomi recibió apenas dos veces al sindicato.

—Eduardo Bonomi fue el primer ministro de Trabajo del Frente Amplio. Tuvo a su cargo la instrumentación de la negociación colectiva que obligó a los empresarios a acordar con los sindicatos. ¿Cómo es Bonomi como patrón?

—A nosotros nos recibió dos veces, una cuando asumió y otra por el protocolo de actuación porque estaban procesando a muchos compañeros. Nombró al abogado Eduardo Florio como nexo con el sindicato. Se ocupa de meter palos en la rueda y nos atiende cuando quiere.

—¿Su sindicato a cuántos policías representa?

—Somos el más representativo porque estamos en el Pit-Cnt, tenemos 3.000 afiliados en todo el país. El otro sindicato no está en la central y tiene muchos retirados, nosotros tenemos activos de todas las reparticiones. Los oficiales integran el Círculo Policial. El personal administrativo y Bomberos tiene su sindicato. Hay 30.000 policías en total y hay unos 10.000 afiliados en las distintas asociaciones.

—¿Cuánto gana un afiliado a su sindicato?

—Entre $ 25.000 y $ 40.000, dependiendo del grado, eso es en el bruto; en la mano terminan cobrando unos $ 13.000 o $ 14.000. En el sindicato tenemos una comisión social que entrega canastas de alimentos a policías que están en el llamado "Sistema Transitorio de Capacidad Parcial", por lo que cobran el 65% del salario. Ahí están aquellos que tuvieron un accidente o se les declaró estrés. Muchos pasan hambre y necesitan del apoyo. También tenemos abogados y psicólogos. Además, hemos pagado arreglos y muebles para seccionales del interior. Estamos tapando los agujeros del Ministerio del Interior.

—¿Cómo observa los casos de violencia doméstica por parte de policías contra mujeres?

—Tenemos los índices más altos en violencia doméstica, suicidios y divorcios. Estas tres cosas tienen algún nexo con la tarea y la incertidumbre de los funcionarios sobre el lugar al que recurrir cuando tienen alguna problemática. Todavía no se ha podido lograr la prevención.

—¿Por qué estos casos se dan más en el ámbito policial que en otros sectores?

—No conozco las estadísticas actuales, hay que ver si las cifras de la secretaría de Género del Ministerio no está sumando a las víctimas. En caso que sea un matrimonio de policías se desarma a los dos. Cuando la mujer es policía se la desarma pese a ser víctima. Hay policías mujeres que hicieron la denuncia y hace dos años que están desarmadas, eso genera el perjuicio de la situación en sí y problemas económicos que genera no tener el arma.

—La tarea policial que implica tratar con gente violenta. ¿Cree que se produce un contagio de esa violencia?

—El funcionario policial siempre está en riesgo, en conflicto y en demanda permanente. Nadie llama a un policía por algo lindo. Si a eso se suma el estrés de, por ejemplo, estar en un accidente de tránsito y sacar a una persona fallecida y se vuelve al turno como si tal cosa, en algún momento eso hará mella en la cabeza. Ahí tendría que haber una atención para revertir esa demanda del funcionario y darle un espacio para que eso no se refleje en su hogar.

—Eso hoy no existe.

—Claro, el psicólogo tendría que presentarse en la unidad como se hace en otros países. Acá cuando el policía va a la clínica del estrés va porque está pasado, detonado. Lo manda algún superior o por orden judicial. Nadie lo ve en la etapa previa. Hay un resquemor sobre la policlínica porque allí se desarma y no se da garantías. El arma para el policía es la herramienta de trabajo y su seguridad. Está claro que en los casos de violencia doméstica estamos de acuerdo con retirar el arma.

—¿Los policías que ejercen violencia en sus hogares hacen lo mismo en las comisarías?

—Algunos no. No nos imaginábamos que tuvieran ese tipo de problemas. Los violentos son manipuladores y esconden mucho.

—¿Siente que hay cada vez más denuncias de maltrato en las comisarías?

—No, los policías se cuidan mucho, saben que llevan las de perder.

—Ingrid González falleció en un incendio intencional con cocteles Molotov en su vivienda de Casavalle, el 10 de enero. ¿Hay muchos efectivos amenazados?

—Después de ese caso aparecieron cuatro más. Están amenazados, los insultan, les rompen los vidrios. Algunos se han ido de sus casas hasta que se arregle la situación y otros no saben qué hacer. El Ministerio del Interior no toma los recaudos, nosotros le dimos un protocolo de acción. El entonces ministro interino Jorge Vázquez nos atendió muy bien. Quedó todo en marcha pero volvió Bonomi y todavía estamos esperando. Los policías no saben qué hacer. El Ministerio sale a hacer un protocolo para dar seguridad a los que trabajan con las ambulancias y no puede cuidar a sus funcionarios. ¿Están esperando otra muerte como la de Ingrid para reaccionar? Somos carne de cañón.

—¿Cuál fue la mayor victoria del sindicato?

—Las denuncias de corrupción, algunos superiores atentaron contra la integridad de la institución. Además, se frenó el abuso de algunos superiores que se sentían dioses.

Policía, Madre y sindicalista.

Madre de cuatro niñas y un varón, la más grande se recibió de maestra hace poco y la más pequeña tiene tres meses de edad. Su pareja también es agente policial. Soñó con ser enfermera y periodista. Buscó un espacio en la Policía y consiguió un cargo ejecutivo en el año 2003. Desde el año 2007 se lanzó a la militancia policial en un sector que no había antecedentes en el país.

De respuestas cortas y contundentes, admite que falta "cultura" sindical en la Policía y que es una tarea que "tal vez no vea nunca" finalizada. Advierte que en la institución hay cada vez más mujeres pero todavía se mantienen resabios "machistas". Más allá de la batalla sindical cotidiana, está preocupada por la situación social de los policías. Hay un sistema por el que los agentes que sufrieron un accidente o están estresados pasan a cobrar el 65% del salario. Muchos de los agentes terminan pasando hambre. El sindicato les entrega canastas de alimentos. En tanto, la violencia hace estragos. En estos días reclaman al Ministerio del Interior un protocolo de seguridad para los policías.

Perfil

Nombre: Patricia Rodríguez. Edad: 41 años. Profesión: Agente policial ejecutiva.

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