VIOLENCIA DE GÉNERO

Policías agresores; estrés y machismo lo explican

Algunos ven mal que sus mujeres abandonen su rol tradicional.

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Foto: archivo El País

La infidelidad de sus parejas (real o imaginaria) y la dificultad para aceptar el cambio en los roles de género explican en buena medida la conducta de los policías que ejercen violencia doméstica, de acuerdo a una investigación del magíster Gonzalo Corbo del Instituto de Psicología Clínica de la Facultad de Psicología de la UdelaR, que trabajó, además, en Sanidad Policial.

La investigación denominada "Violencia con uniforme. Cuando el denunciado por maltratar a su pareja es un policía", consistió en entrevistas a 12 agentes, y permitió también identificar que su elevada carga horaria laboral y su renuencia a que sus esposas salgan a buscar trabajo también inciden.

Corbo explicó a El País que la "infidelidad es uno de los elementos que muchas veces se menciona como desencadenante del episodio violento (...) En muchos casos se encuentra que el vínculo de la persona con la pareja ya venía atravesando un deterioro importante y la infidelidad es como la consecuencia de ese empeoramiento. La infidelidad sospechada permite ejercer conductas de control, por ejemplo del celular de la pareja, y eso empieza a generar un deterioro en los vínculos y a instalar la violencia", agregó.

Los policías violentos, fundamentalmente aquellos que son reincidentes, tienden a no aceptar que su pareja tenga un rol que no sea el de madre y esposa. "El mandato genérico de los hijos aparece como central en la concepción de lo que es una mujer. La transgresión de ese mandato, es decir el descuido de los hijos, de las tareas inherentes al hogar y del cuidado del varón en cuanto esposo y pareja es un elemento detonante", dijo el investigador. "Muchas veces sienten que las denuncias contra ellos por parte de sus esposas son también transgresiones a los mandatos de género. Lo viven como una traición no solamente a ellos sino a lo que es ser mujer", agregó.

A su vez, varios agentes entrevistados tienen una postura tolerante hacia su propia infidelidad y la de sus colegas. "Reconocen en las conversaciones que ser mujeriego es como un rasgo de lo masculino. Muchos de ellos no criticaban el ser mujeriego. Todos ellos sentían que esa infidelidad era como una marca identitaria de los policías aunque no quiero decir que todos los policías sean infieles. La infidelidad cumple con la función de ser una especie de descarga de las tensiones del trabajo. Es decir, si ellos sienten que el trabajo es complejo porque pueden salir heridos, una manera de lidiar con eso es a través de la infidelidad", dijo Corbo.

"La mayoría de los policías no son gente violenta, pero es una profesión que tiene índices más altos de violencia, de divorcios y de autoeliminación que otras. Es una profesión que estresa y va transformando a los sujetos. No sé si está tan claro para quienes tienen la función de administrar a ese grupo de personas y proveerlas de un apoyo y un sostén", advirtió el profesional.

"Muchos de ellos necesitan ser más conscientes de que se están vinculando, están funcionando con su pareja sin despojarse totalmente de la función policial", considera el especialista.

Corbo señala que su experiencia le indica que los agentes requieren un tratamiento clínico y una evaluación más rigurosa de a cuáles se les debe retirar el arma. Cree que los enfoques clínicos tienen chance de generar un lazo entre terapeuta y paciente más sólido que permite trabajar con mejores chances de obtener cambios positivos. Y teme que el tratamiento que recibieron algunos agentes que entrevistó, que sí lo tuvieron, haya sido muy corto.

La "momificación".

Hay varios tipos de agresores. El que Corbo denomina "golpeador hipercontrolado", busca la "momificación" de su pareja. "Hay enormes problemas cuando las mujeres quieren retomar estudios luego de tener hijos, o volver a sus trabajos o reemprender iniciativas personales. Eso es visto por sus parejas como un desorden, como una no aceptación de un lugar momificado", dice Corbo.

Otro perfil es el del agente que siente que si la mujer va a trabajar afuera es porque lo va a engañar y entonces desarrolla estrategias de control pensando que hay un tercero.

Otro perfil es el del que busca la degradación de la mujer y que acepte lo que, a priori, le aparece como inaceptable. "Son como perfiles distintos que necesitan estrategias distintas. Sobre todo nos permiten distinguir que hay situaciones en las que se puede trabajar con buenas chances de éxito de rehabilitación y en algunas situaciones quizás las estrategias van más por el control o por el monitoreo que por la rehabilitación", dice Corbo.

El especialista tiene una visión crítica respecto a cómo se instrumenta el "retiro" del arma a los efectivos que tienen conductas violentas en su hogar porque el tiempo que pasa entre esa decisión y el ingreso a un "dispositivo terapéutico" es cada vez mayor.

"Como esta práctica es cada vez más extendida e involucra situaciones muy disímiles en cuanto a la entidad de la violencia, que pueden ir de una pelea verbal a situaciones mucho más graves, se pone a todos en la bolsa y eso muchas veces hace que se pierda el foco de la gravedad de las situaciones. Eso es lo que de alguna manera no pasaba cuando era un juzgado el que retiraba el arma porque había una primera aproximación, una primera evaluación de la gravedad del tema, a través de la mirada de un juzgado que, equivocado o no, permitía una intervención más inmediata", sostiene. La implementación de un nuevo protocolo relegó la posibilidad de un tratamiento psicológico, lamenta Corbo.

Los agentes a los que se le retira el arma pasan a desempeñar tareas como la custodia de la puerta de las seccionales, lo que les genera un perjuicio económico. Esto los obliga a buscar otro trabajo, que puede ser ofrecer seguridad de manera clandestina lo que, a su vez, les provoca mayor vulnerabilidad e incertidumbre porque la persona trabaja sin el apoyo de otros compañeros policías. No debe olvidarse, dice Corbo, que el endeudamiento "es una marca institucional" y los policías intentan devolver los préstamos con trabajo adicional que los lleva a realizar jornadas de trabajo de 15 horas varias veces a la semana.

En algunos de los policías entrevistados se da la situación de que sus propios padres habían sido figuras relativamente ausentes. Todos conocían además, alguna persona, a veces colega, que se había autoeliminado por haber sido denunciada por violencia doméstica. Corbo señala que si bien los suicidios entre los policías no están cuantificados, sus sindicatos y el propio Ministerio del Interior han reconocido que son proporcionalmente altos con respecto al conjunto del país.

"Inevitable" que incidan las largas jornadas.

Un policía que dio su testimonio reconoció que los largos horarios de trabajo inciden de manera que consideró casi inevitable en su relación de pareja. "Entonces, yo entiendo que las mujeres, o sea, las dos parejas que tuve formalmente, que tienen razón, tienen razón, yo a veces hacía el uso de ese, ¿cómo es?, de abusar (tiempo de trabajo nocturno, en boliches). Entonces, era demasiado

tiempo sola que yo…, entonces, obviamente que te van a pasar cosas", señaló. Otros aceptan que la profesión los absorbe. "Es una cosa que me gusta demasiado y ya desde el momento que yo lo incorporé a mi vida, va junto con mi vida. Capaz que después me jubilo y voy a extrañar, (...) he tenido problemas por esto, por mi función, pero amo más mi función que cualquier otra cosa en la vida, ¿no?", dice.

Un ambiente de tensión que hace llevar los problemas a casa.

Los dichos de un entrevistado son ilustrativos de una situación de estrés que atraviesan los policías. "Se fue suscitando en agresiones verbales (sic) y después ella aludió que yo me quería matar y que quise matar al bebé, que tenía un año, que hoy en día es mi hijo, (...) estuve internado siete días por exceso de estrés, cosa que, es realidad, me llevó al estrés máximo, porque tenía tres trabajos, en aquel entonces; hoy en día, los sigo manteniendo […] solicité apoyo psicológico, me fui a la psiquiatra, al hospital Policial, le

planteé, le dije: mirá, estoy llevando mis problemas, que eran muy desbordantes […]Yo trabajaba en una seccional muy concurrida y atendía público (...) yo para todo, eran ocho horas escuchando problemas y bueno, solucionándolos a la gente, solucionándolos a los superiores, a los compañeros, y no tenía el desahogo, el desagote de decir: che, alguien que me ayude, era yo, yo y cargaba con una mochila muy grande y bueno, ta, cuando vi que llegaba a casa y no volaba una mosca, estaba todo tranquilo, me empecé a dar cuenta, pucha, estoy llevando mis problemas a mi casa".

El abandono paterno es abordado en otro testimonio. "Mi papá me dio la vida y después desapareció. Lo veo, lo quiero mucho, pero no estuvo en mi vida. Yo fui criado con sacrificio, me crió mi madre, divorciada, y me crió sola, en un barrio bastante difícil. Al no tener un padre, mi madre y mi tío fueron mis padres", dijo un entrevistado.

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