DEPORTE COMUNITARIO EN EL SIGLO XXI

Plazas de deportes pasan a la órbita de las intendencias

Las 114 que tiene Uruguay se alinearán por etapas en proyectos locales.

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La IMM gestionará la Plaza N° 1 que está vandalizada. Foto: A. Colmegna

En Uruguay hubo una gran extensión de la práctica de deportes en lo que se denomina el nivel comunitario, para diferenciarlo del de los clubes federados. En eso incidió notoriamente una importante red de plazas de deportes públicas que fue tejiéndose desde hace algo más de cien años.

Sin embargo, con el paso del tiempo, no pocas plazas fueron volviéndose obsoletas, por carencias de equipamiento, falta de confort o inexistencia de vestuarios, metodologías de trabajo y la inseguridad que campea en sus entornos.

Una idea de la Secretaría Nacional de Deportes que depende de la Presidencia de la República es transferir las plazas a las intendencias departamentales. Hay casos concretos ya resueltos en Tacuarembó, Mercedes y Montevideo y otros traslados están encaminados en Paysandú y Treinta y Tres.

De este modo, lo que era un organismo centralizado, gestor, pasa a un modelo descentralizado. La Secretaría de Deportes tendrá un carácter rector, encargándose de la orientación general, la promoción, la legislación y seguimiento. Eso dijo su director, Fernando Cáceres, en entrevista con El País.

En Paso Molino: bajo el viaducto, una plaza que funciona. Foto: A. Colmegna
En Paso Molino: bajo el viaducto, una plaza que funciona. Foto: A. Colmegna

—¿Cuántas plazas de deporte hay en Uruguay y por qué llegó a decidirse la descentralización?

—Hay 114 plazas. Hoy en el mundo el deporte comunitario es de carácter local, su desarrollo le corresponde mucho más a los departamentos y municipios. En Uruguay, el Estado creó en 1911 la Comisión Nacional de Educación Física que a la vez impulsó el desarrollo privado del deporte a través de la formación de las primeras federaciones, después se apartó y el deporte pasó a desarrollarse por clubes. En el ámbito público se dio la promoción de las plazas de deportes, como espacios para el desarrollo de una comunidad; los actores de cada localidad buscaban los recursos, controlaban su funcionamiento, desarrollaban los programas y evaluaban. Eso se fue desnaturalizando y la Comisión Nacional de Educación Física terminó encargándose de la gestión directa de las plazas. De un régimen de cercanía se pasó a uno de lejanía. Heredamos eso, que hay que revertir.

—¿Existe algún antecedente para este tipo de descentralización, además de aquella gestión original de las plazas?

—En el 2001, el ministro de Deporte, Jaime Trobo, puso un artículo en la ley de Rendición de Cuentas que abrió la posibilidad de transferencia de la gestión de las plazas a las intendencias. Lamentablemente no pudo avanzar en eso. Desde aquel entonces hemos tenido dificultades de todo tipo, jurídicas, económicas y funcionales. En este gobierno decidimos hincarle el diente, ponerle el cascabel al gato. La recuperación de las plazas de deporte depende de que las alineemos a proyectos locales.

—¿Cuántas funcionan en Montevideo?

—Tenemos doce; ya transferimos una, que está en un espacio vandalizado sistemáticamente; más que una plaza es un sitio abierto, en la Ciudad Vieja, cerca de la Escollera Sarandí, junto al edificio que fuera sede de la primera Facultad de Humanidades. Estamos conversando por transferir cuatro o cinco plazas más. No necesariamente toda la gestión pasa a la Intendencia o un municipio sino que puede haber una red privada de agentes sociales, deportivos, educativos.

—¿Las intendencias tendrán un gasto nuevo a extraer de su presupuesto?

—Ellas cuentan con el Fondo del Desarrollo del Interior, un dinero que el gobierno central les entrega para proyectos. Propusimos que si las intendencias destinaran una parte de ese fondo para aplicar en programas de inversión deportiva alineados con este programa de transferencia de plazas, la Secretaría de Deportes se compromete a aportar otra suma equivalente. Si la intendencia dispone de 5 millones de pesos para construir un gimnasio en una plaza de deportes o para hacer allí una cancha multiuso, la Secretaría pone 5 más. También nos comprometemos a trasladarle a las intendencias los fondos del prorrateo de los gastos de las cuentas públicas por consumo de agua o energía eléctrica. Es decir que las intendencias podrán cargar o no con nuevas obligaciones. Estamos dispuestos a que esto no las perjudique sino que sea una oportunidad o un beneficio para ellas. En algunos departamentos la idea va madurando y en otros está más rezagada. Puede haber acuerdos por todas las plazas o por casos puntuales.

—¿Están mejor mantenidas las plazas de deportes del Interior que las de Montevideo?

—Hay de todo, la realidad es muy heterogénea. Hay plazas que en su momento estaban en un lugar de la ciudad donde su presencia era muy importante, pero por la extensión urbana de pronto perdieron centralidad o aparecieron otros servicios deportivos que absorben las expectativas de la gente con un un poder adquisitivo mayor. La plaza de Colonia está en un lugar extraordinario, de altísimo valor inmobiliario, en la calle principal de acceso, pero es una zona que tiene poca vida deportiva. Hay otros sectores de la ciudad con muchas necesidades, donde no llegan los servicios públicos ni privados y se justificaría de pronto una plaza. Hay algunas que funcionan maravillosamente, como la de Rivera. A cualquier hora se ve mucha gente; se autofinancia y genera fondos genuinos que son reinvertidos en la plaza, porque hay usuarios que pagan, como los colegios privados. En general las plazas que tienen piscina generan ingresos adicionales a los que obtiene la comisión de apoyo. Vinieron a decirnos que quieren un gimnasio cerrado y tienen 90.000 dólares para poner.

—¿Hay plazas tan destacables en Montevideo?

—Tenemos dos extraordinarias, pensadas sobre el concepto de las plazas del siglo XXI; son la 7 del Paso Molino, que está debajo del Viaducto. Y la 11 del Cerro. Las dos tienen piscina y gimnasio de primer nivel; el piso que está en el Cerro es el mejor de la ciudad para jugar hándbol y fútbol sala. Esas plazas funcionan a tope. Otra muy buena es la 3 del Parque Rodó, que es temática, allí solo se practica el tenis.

A esa plaza va mucha gente, es un espacio de promoción y educación pero entendemos que debe tener otra modalidad de gestión.

—Existen plazas importantes también pero afectadas por la inseguridad. La de la Unión es un ejemplo.

—Es fantástica, con una cantidad de usuarios, pero muy grande y muy expuesta. Ha tenido problemas de violencia que se fueron mitigando de a poco. Tiene además construcciones viejas pero nobles, que han ido acondicionándose.

—¿En qué consiste el proyecto de Plazas del siglo XXI?

—Está concebido sobre la base de la participación público-privada. No se logró concretar en las plazas 7 y 11 pero está pendiente de hacerse. Tendrían unidades de negocio, comercios que reviertan un canon a la propia plaza para la seguridad, la infraestructura o el mejoramiento de las estructuras. Y también propuestas y servicios culturales como talleres de teatro y danza además de las actividades deportivas.

—El fondo de promoción del deporte que se crea por una ley de 2011 beneficia a los empresarios que invierten. Hay dos tipos ¿no? Al patrocinador se le devuelve el 52% de los impuestos y al mecenas hasta el 82%. ¿En qué casos se aplica esto?

—Es una ley no prevista para las instalaciones y entidades públicas sino para las privadas, y hay un listado taxativo de los beneficiarios: el Comité Olímpico, la Organización Nacional del Fútbol Infantil, la Liga Universitaria, la Fundación Deporte Uruguay (que es mixta, integrada por la Secretaría del Deporte y el Comité Olímpico, que es para desarrollar los deportes olímpicos dentro del ciclo olímpico), o las federaciones, como la de básquetbol.

—¿No puede alcanzar ese beneficio a las Plazas del siglo XXI?

—Lo que puede ocurrir es que el titular de la plaza le dé en usufructo parte del predio o todo a una entidad deportiva y que ésta se pueda beneficiar.

—El deporte comunitario no solo es practicado en las plazas sino en los parques o la rambla. ¿Debe tenerse en cuenta al momento de las inversiones?

—En la reciente encuesta nacional que hicimos, a diez años de la primera, del 53% de gente que declara realizar actividad física y práctica deportiva más del 70% declara que lo hace en los espacios públicos, al aire libre. Eso nos lleva, sí, a revisar algunas definiciones que teníamos para el período en el área de las inversiones.

—¿Por ejemplo?

—La Organización Mundial de la Salud tiene un concepto que defendemos, es el de ciudades saludables. Entre otras cosas éstas acondicionan sus espacios públicos para el ejercicio, para caminatas, trotes, carreras o el uso de la bicicleta. Para eso tiene que haber un equipamiento urbano necesario, estaciones saludables con aparatos de gimnasia, construcción y señalización de circuitos aeróbicos, iluminación de parques, seguridad en esos sitios. El país avanzó mucho en eso aunque estemos muy lejos de alcanzar niveles aceptables.

—¿Cuál es la realidad concreta fuera de Montevideo en relación a ese tipo de deporte no institucionalizado?

—En el interior las estaciones saludables tienen un altísimo nivel de uso y han disparado la convergencia de servicios conexos, como bancos y mesas para sentarse a descansar o jugar, o algún parrillero. La secretaría va a poner un foco especial para la inversión en el equipamiento urbano y suburbano. Esta dimensión del deporte es creciente, indiscutible. Como es indiscutible el vínculo entre deporte y educación o con la la salud. Las mutualistas ya incorporaron la actividad física para la recuperación de los pacientes.

Del deporte federado al comunitario al aire libre.

En Uruguay hay 246.000 deportistas federados; solo el 6,7% son mujeres, porque predomina el fútbol. Casi 200.000, el 75% de los federados, juegan ese deporte, representados por la Asociación Uruguaya de Fútbol, la Liga Universitaria, la Organización de Fútbol del Interior o las ligas amateurs. Pero fuera de este ámbito, a nivel comunitario, la actividad preferida de quienes declaran hacer deportes son la caminata, el running y andar en bicicleta. Entre esos mundos están los usuarios de plazas de deportes.

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