la masonería en el gobierno electo

Pinchan pero no cortan

Tabaré Vázquez, presidente de Uruguay por segunda vez a partir del próximo domingo, es un miembro “dormido” o inactivo de la Masonería y en su entorno hay unos cuántos hermanos masones: desde buena parte de los jefes militares hasta el secretario de la Presidencia, Miguel Ángel Toma, así como otros jerarcas en cargos medianos. ¿Son realmente influyentes?

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Los símbolos de la Masonería adornan la fuente de la Plaza Matriz. Foto: Leonardo Carreño

Para algunos, debajo de cada piedra hay un masón, esos tesoneros miembros de sociedades “discretas” (secretas, según sus adversarios), racionalistas, repletas de rituales extravagantes para los no iniciados, y que buscan difundir los valores del liberalismo (y hacer negocios y prosperar en el Estado, según sus críticos). Se organizan en estructuras de base llamadas logias, que a su vez se agrupan en instituciones superiores.

Otras personas, conocedoras de las tramas de poder, sostienen que, en los hechos, la Masonería pincha pero, al fin, no corta mucho. Sería una suerte de club de amigos, entre místicos y arribistas, que fue pero ya no es.

A lo sumo facilita que personas de cierta influencia se conozcan entre sí y realicen acciones conjuntas por fuera de la hermandad. Y no suman mucho más que dos o cuatro mil miembros.

“Somos más de lo que piensan y menos de lo que quisiéramos”, afirma Horacio Yanes, diputado frenteamplista por Canelones entre 2010 y el domingo pasado, cuando dejó su banca pues no fue reelecto.

“Alguno puede pensar que hacer pública tu condición de masón te abre puertas, pero también te las cierra”, asegura. Yanes, masón regular que habla a título personal, reivindica que las personas no sólo persiguen intereses egoístas sino que también se mueven por causas altruistas, deseos de pertenecer y razones ideológicas. Insiste en que en la Masonería “hay como filtros informales contra oportunistas, aunque alguno puede haber pasado”.

“En nuestras reuniones de ‘Tenidas y masticación’, como ocurre en los asados entre amigos, la gente se conoce y a veces busca oportunidades: ladrillos en una barraca, un trabajo de administrativo o lo que sea —explica Yanes—. Es natural”.

El mismo razonamiento realiza un antiguo dirigente del Partido Colorado y conocedor de los meandros de la influencia. “Son como un cenáculo de amigos”, señala.

“Si tengo que elegir entre dos, elijo al amigo e integrante de la misma organización. Eso es natural y va desde el club de bochas hasta el Rotary Club o el Club Peñarol. Pero su influencia no va más allá. Es un mecanismo de vínculo social, aunque alguna gente lo considera un mecanismo de ascenso”.

Rememora los tiempos de los últimos grandes maestros de elevada categoría personal, como el arquitecto Julio Vilamajó, creador de Villa Serrana; Antonio Grompone, fundador del IPA; el escribano Saúl Cestau, docente y decano de la Facultad de Derecho; o el general Armando Lerma, jefe de Policía de Montevideo y director de la Escuela Militar. Pero ahora “está lleno de bancarios jubilados y gente así, que realizan pequeños movimientos, no grandes cosas. Su mediocridad es memorable: es perder el tiempo”.

“En las últimas décadas los masones han tenido muy poca importancia”, afirma el dirigente colorado. “Hay toda una leyenda urbana fantástica, una tesis conspirativa de que siempre hay algo grande detrás de lo que se ve”.

Sin embargo admite que luego de 1990, cuando “se inició la era de Tabaré Vázquez, unos cuantos advenedizos creyeron ver en la Masonería un mecanismo de ascenso, tanto para hacer negocios como para conseguir puestos políticos o burocráticos. Pero Vázquez nunca fue importante en la Masonería, hace muchos años que no tiene actuación en ella, y no la necesita”.

La Masonería se asoció tradicionalmente —desde los tiempos de Giuseppe Garibaldi en Uruguay— a la colectividad de ascendencia italiana y al Partido Colorado, a los militares y a los jueces. No ha sido estrictamente así, aunque bastante parecido.

Pero en los últimos años se ha vuelto muy permeable a sectores del Frente Amplio, en particular a socialistas e independientes de raíz colorada. Entre ellos se cuentan el socialista Daniel Martínez, candidato a la Intendencia de Montevideo; el ex comunista Marcos Carámbula; el ex ministro, ex embajador y ex gerente general de Pluna, Jorge Lepra; dos hijos de Tabaré Vázquez, entre otros. (Lea el informe completo en la edición impresa de El País o suscríbase a la edición digital)

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