becerro de oro

Petróleo en Uruguay: bendición o pesadilla

Muchas naciones poseen petróleo, ese becerro de oro, aunque en muy diversa cantidad y costo de extracción. Parece que ahora le toca a Uruguay. Será bueno o malo según se lo asuma y se lo gestione.

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Una perforadora toma muestras del suelo en el límite de Tacuarembó y Paysandú.

Unos cuántos países que tienen la refinación de petróleo como actividad casi exclusiva, que a veces aunque no siempre logran una enorme renta a bajo costo, gestaron economías de monocultivo, corrupción generalizada y sociedades rentistas y mendicantes del favor oficial.

Venezuela es uno de esos arquetipos “malditos”, junto a algunos países africanos. Otros estereotipos hablan de países árabes cuyos líderes en pocos años bajaron del camello y subieron a un Rolls Royce: sociedades del ocio y el lujo, la extravagancia y el gasto militar, desde Qatar a Kuwait. O hablan de México, sumido en una corrupción indescriptible.

En el otro extremo estaría Noruega, primero en el ranking de calidad de vida, que invierte entre el 95 y el 97% de sus ganancias petroleras en bolsas de valores del mundo y todo tipo de negocios, utiliza sólo los intereses y guarda el capital para las futuras generaciones.

“Nuestra bendición histórica ha sido tener ingresos a través de recursos renovables, como el suelo y el agua”, señala Héctor de Santa Ana, gerente de Exploración y Producción de Ancap. “Con altibajos, construimos una economía sólida. Nunca dependimos del ingreso petrolero, un recurso no renovable, y debimos importar la energía. Sería interesante mantener esa cultura”.

Hay también una amplia gama intermedia de experiencias y posibilidades. Ramón Méndez, director de Energía, señala, a modo de ejemplo, el caso de Emiratos Árabes Unidos, cuyos ingresos principales provienen de inversiones de todo tipo y ya no de la renta petrolera.

Las opciones son muchas: gastarlo sin retorno, o gastar una parte e invertir el resto, incluso en proyectos productivos que pueden ser la propia industria petrolera, o la red de transportes, o un puerto de aguas profundas o lo que sea.

Entre los líderes políticos y los cuadros burocráticos conviven muchas perspectivas y hay cada vez más interesados. “¿Cuánto dinero hay?”, preguntan. Existe conciencia de los riesgos. ¿Qué caudillo o gobernante se ataría las manos ante una gran masa de dinero que ingresa de golpe? Gobernantes con bolsillos llenos y controles escasos pueden cambiar la matriz nacional hasta hacerla irreconocible.

Los puntos de vista demagógicos son insustentables, opina De Santa Ana. “Las grandes deudas públicas de países petroleros se generan por empresas que se iniciaron con racionalidad y terminaron siendo ineficientes y empleando a centenares de miles de personas”.

Ramón Méndez, quien es doctor en Ciencias Físicas, sostiene que “si uno no está completamente preparado para encontrarse con el oso en medio del bosque, el oso lo destruye”. Y añade: “Se nos podrá decir que estamos vendiendo la piel del oso antes de cazarlo, pero si no nos preparamos, el oso seguramente nos mata”.

Uruguay busca petróleo en el mar, estimulado por pistas geológicas y por los grandes hallazgos en la vecina plataforma continental brasileña. Los estudios, aunque muy alentadores, son escasos: un par de pozos poco más allá de la playa Pocitos, ironizan algunos expertos.

Ahora dos barcos hacen prospección sísmica en tres dimensiones (3D) y en setiembre u octubre llegará un buque especializado en perforación, fletado por Total, multinacional de origen francés. Hará un pozo que cuesta 200 millones aunque sólo tiene 17% de probabilidades de hallar petróleo en él.

En aguas uruguayas operan British Petroleum (BP), British Gas Group (BG), Total (de origen francés), Tullow Oil (Irlanda-Gran Bretaña), YPF (Argentina) y PetroGalp (Portugal). Gastarán por su cuenta y riesgo 1.600 millones de dólares en los próximos años para examinar el subsuelo marítimo. La estatal uruguaya Ancap se reservó algunas zonas, tiene diverso grado de participación en cada bloque concedido para exploración, podrá asociarse en la eventual producción y cobrará un canon sobre las ganancias de las otras petroleras.

Mientras tanto en la zona de Piedra Sola (entre Tacuarembó y Paysandú) y en Salto, en torno a la cuchilla de Haedo, trabajan las firmas Schuepbach Energy, con sede en Texas, y Petra, de origen australiano. Schuepbach tiene un contrato de explotación por 30 años.

Héctor de Santa Ana, el jefe de geólogos de Ancap, apuesta que se hallará petróleo en la zona de la cuchilla de Haedo, que se podrá extraer en poco tiempo y a buen precio, pero que apenas dará para el 10 o 15% de las necesidades de Uruguay. En el mar la situación es un enigma. Puede haber petróleo y gas, pero no necesariamente su explotación será rentable.

El costo de extracción de un barril de petróleo de 159 litros en Arabia Saudita, por ejemplo, es de entre 10 y 17 dólares, en Nigeria es de unos 75 dólares y en Canadá cuesta 75-80 dólares. El Uruguay saldría unos 20 dólares en tierra y el doble o el triple en el mar.

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