Juan Gómez

"Las penas más duras no son la solución a la delincuencia"

Fue fiscal de Crimen Organizado hasta la semana pasada por casi cuatro años.

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Fiscal del Crimen Organizado, Juan Gómez. Foto: Archivo El País

Tuvo a su cargo casos “pesados”, entre los que se encuentran Pluna, el que involucra al expresidente de la Conmebol Eugenio Figueredo, los coletazos en Uruguay de la causa que involucró a la expresidenta argentina Cristina Fernández por lavado de activos, y decenas de asuntos que no han llegado a los medios de comunicación, pero que asegura “son iguales o peores que los de más renombre”.
Sin embargo, Gómez, en entrevista con El País, afirmó que nunca se sintió presionado por parte del gobierno o por el sistema político. “Por suerte tampoco sufrí amenazas”, sostiene.

—¿Qué significó para usted ser fiscal de Crimen Organizado por casi cuatro años?

—Una gran experiencia y sobre todo una gran responsabilidad por lo que representa institucionalmente el cargo que me tocó desenvolver.

—¿En algún momento se sintió presionado estando al frente de casos pesados?

—No, nunca me pasó, siempre trabajé con total independencia. Yo soy de los que conversa y atiende a todo el mundo, al político, al cuidacoches, hablo con todo el que quiera con el mayor de los respetos, pero presiones nunca recibí.

—¿Cuándo estuvo al frente del caso Pluna tampoco recibió llamados o presiones del sistema político o del gobierno?

—No, tampoco. Fue un caso como otros que la repercusión seguramente obedece a la relevancia de las personas que estaban involucradas y no a otra cosa. Descarto ese tipo de cosas, nadie de ninguna manera me presionó, siempre tuve un trato absolutamente respetuoso; las críticas también son cuestiones naturales al ejercicio de una función que obviamente puede merecer que algunos estén de acuerdo y otros no. Yo no decido nada, yo pido y solicito, la jueza o el juez es el que decide.

—¿La Justicia y el sistema político nunca se mezclan?

—Estamos todos juntos, somos seres humanos, el término mezclar tal vez no sea el más adecuado, yo creo que la Justicia respeta profundamente al sistema político, y el sistema político respeta al sistema judicial, y eso es vivir en un estado de derecho que felizmente tenemos. Muy distinto es vivir en estado de conculcación de los derechos. En la época de la dictadura uno ni siquiera se animaba a hablar con quien tenía al lado, sea en facultad, en el estadio o en un taxi, eso sí era falta de respeto al ser humano.

—¿Alguna vez lo amenazaron?

—En absoluto, como manifesté, yo respeto a las personas y por lo menos confío en recibir el mismo trato que doy. No tengo la necesidad de pisarle la cabeza a nadie y muchas veces las personas valoran eso, y por lo menos consideran que tal o cual magistrado es serio y es confiable en su actuación.

—¿Ha tenido miedo alguna vez?

—No, el que vive con miedo muere de un susto.

—¿Usted ha tenido que estar custodiado en algún momento o lo está habitualmente?

—Yo no hablo del tema de la seguridad del Poder Judicial.

—Si se parte del ejemplo de que las personas que tienen más recursos económicos pueden acceder a los mejores abogados, ¿se puede sostener que somos todos iguales ante la ley?

—Ante la ley somos todos iguales. Puede haber posiciones sociales que son distintas de las personas en virtud de sus logros, pero ante la ley estrictamente son iguales. Las leyes son generales e impersonales. Yo conozco excelentes defensas de defensores públicos y conozco excelente defensas de defensores privados, eso depende de cada caso y de cómo se desenvuelvan.

—¿Qué casos lo han llegado a conmover?

—Hay muchísimos casos, pero uno de los más impactantes para mí o que yo lo tengo presente siempre es el caso de la niña Camila Chagas en Rivera, o el caso de Ana Paula Graña en Maldonado, son casos que persisten. ¿Cómo puede ser que una niña de seis años sea asesinada y destruyan una familia? Son cosas impensables para cualquier persona sana.

—En los últimos días se habló mucho del narcotráfico en Uruguay. ¿Tiene la misma impresión que el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, en cuanto a que hay una "guerra" entre delincuentes?

—Eso es un tema muy serio que hay que analizarlo con profundidad, hay gente que está dedicada a esto, yo en cualquier caso me estoy incorporando a una nueva actividad y estoy dispuesto a cooperar en lo que sea posible para que organizadamente podamos enfrentar esta situación tan desgraciada.

—¿Nuestro país está preparado para frenar el narcotráfico?

—Esperemos que se pueda revertir esa situación. Yo voy a trabajar en la zona 4, una zona muy conflictiva, llena de gente dedicada al trabajo, pero también llena de gente dedicada al delito, y bueno, ahí supone la necesidad de desplegar una actuación coordinada para, en lo posible, empezar a enfrentar el problema con éxito, no es otra cosa que eso.

—Pero hoy el narcotráfico en Uruguay ya está instalado.

—Es verdad, pero esperemos que tengamos la inteligencia suficiente para cortar con esto. Existe inteligencia en los cuerpos policiales, inteligencia operativa y existe la determinación del cuerpo de fiscales. También existe el compromiso de todos los integrantes del Poder Judicial de brindar las herramientas posibles para desarrollar una lucha eficaz contra estas formas que nunca respetan la vida humana, esas formas delictivas que son absolutamente despreciables, en el sentido de que la vida humana pasa a ser un bien de mínimo valor, o que en definitiva para algunos no vale nada.

—¿Hacen falta penas más duras para que bajen los niveles de delincuencia en Uruguay?

—Lo que importa es que se tenga certeza que ante una acción contraria a la ley hay una respuesta, y una respuesta seria. Hablo de delitos menores, que los delincuentes sepan que si cometen un delito van a tener un reproche y un reproche penal serio que no necesariamente pasa por quitarlos de la vida en sociedad, sino la certeza de que si hacen algo malo van a sufrir las consecuencias. Yo soy un convencido de que los mensajes deben de ser claros, y es una forma de comenzar a combatir los temas vinculados a la delincuencia.

—¿Con penas más duras no habría menos delincuencia en Uruguay?

—En cuarenta años he visto aumentar penas, pasar el hurto de tres meses a 12, de 12 meses a dos años, después se volvió para atrás, y los resultados no demuestran que se mejore; las penas más duras a los delincuentes no son la solución del problema.

—Hay quienes cuestionan el acuerdo que la Justicia firmó con el expresidente de la Conmebol, Eugenio Figueredo, ¿cómo toma eso?

—Yo trato de explicarle a la opinión pública que precisamente lo que hicimos es en beneficio del interés general, que fue absolutamente transparente, que siempre aplicamos las normas y que el acuerdo va a permitir al Estado uruguayo, y a la sociedad, un retorno de bienes de origen ilícito por más de 10 millones de dólares. Si eso está mal, aceptaré todas las críticas que quieran hacer, no tengo problema.

—¿Cree que la gente no se da cuenta de la magnitud del acuerdo?

—No sé, me parece que muchas de esas críticas están admitidas, pero a su vez no cuentan con toda la información para que uno lo pueda considerar como una crítica seria, hay gente que me ha comparado la situación de Figueredo con la del Chapo Guzmán, no tiene nada que ver una cosa con la otra, este proceso judicial es inédito en Uruguay. Muchas críticas también se hicieron diciendo que el señor Figueredo venía a Uruguay para pasar Navidad en su casa con su familia en Punta del Este. Hay que ser responsable con las opiniones.

—¿A quién se refiere?

—A nadie en particular. Yo preguntaría dónde está el señor Figueredo hoy. Con acuerdo o sin acuerdo, Figueredo está recluido en Cárcel Central. Hay que ser un poco más responsables a la hora de hablar.

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