UN TRATAMIENTO DE SOLIDARIDAD

Pelucas que devuelven la sonrisa

Donantes de cabello permiten atender a más de 200 pacientes con cáncer en Uruguay.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
En el Hospital Pereira Rossell funciona un taller de la ONG Honrar la Vida donde elaboran pelucas con pelo donado.Foto: Marcelo Bonjour

Hace tres años, Nicolás Colombo (19) decidió dejarse el pelo largo. El joven, que estudia Medicina, toca en una banda de "cumbia pop" y juega al rugby en el equipo Los Cuervos, sorprendía a sus amigos rugbistas cuando llegaba a los entrenamientos con aquella larga cabellera negra que le caía por la espalda.

¿Había hecho alguna promesa? ¿Había perdido una apuesta? Nico nunca le explicó a nadie por qué no iba al peluquero, a pesar de las críticas y burlas que recibía.

"Cuando me preguntaban, les decía que me gustaba llevar el pelo largo".

Pasados dos años, un día apareció en el campo de Cuervos con la cabeza rapada. Los amigos quisieron saber qué había pasado. Solo entonces, Nico reveló su secreto.

En 2014, había conocido por Facebook la historia de Clarita Berenbau, la periodista uruguaya fallecida un año antes, luego de una larga batalla contra el cáncer. En la página, una fundación creada en su memoria invitaba a los uruguayos "a donar pelo". El objetivo era confeccionar pelucas con cabello natural para que decenas de mujeres que estaban bajo tratamiento con quimioterapia pudieran utilizarlas de forma gratuita. Nico decidió que iba a colaborar con la causa.

Cuando su cabellera llegó al largo exigido —30 centímetros— se lo cortó, llamó a la fundación y donó el pelo. A la semana le avisaron que habían fabricado una peluca y una paciente con cáncer iba a usarla.

Nico recuerda: "Muchos de los amigos que se habían burlado me mandaron mensajes pidiéndome perdón y me dijeron que les había parecido una idea increíble".

Tanto impacto tuvo en su entorno que cuatro amigos suyos y dos amigas se entusiasmaron con la idea y hoy se están dejando el pelo largo para donar sus cabelleras.

Por una sonrisa.

El Club del Gato, el banco de pelucas que creó la Fundación Clarita Berenbau, es una de al menos cuatro organizaciones sin fines de lucro que proveen pelucas a más de 200 pacientes sometidas a tratamiento con quimioterapia. La fundación recibe en promedio 30 donaciones por semana.

Las beneficiarias no cuentan con cobertura del Banco de Previsión Social. Las usan de forma gratuita durante el período en el que están recibiendo el tratamiento que provoca la caída del cabello.

"La peluca atenúa los efectos negativos del tratamiento. Poder verte bien y parecida a como eras te cambia el ánimo", explicó Cristina Giuria de Berenbau, madre de Clarita y creadora de la fundación que lleva su nombre.

Las referentes de estas organizaciones concuerdan en que la parte "psicológicamente más complicada" cuando están bajo tratamiento es la pérdida del cabello. "Cuando te sacan una mama no lo ves porque es interno. La caída del pelo, sí", agregó.

Una de las beneficiarias fue una joven de 17 años diagnosticada con cáncer de cuello de útero. Como no tenía dinero para comprar una peluca, acudió hace 15 días a la ONG Dame tu Mano para acceder a una. "Llegó con una bandana en la cabeza, con un bajón tremendo y se fue con una sonrisa de oreja a oreja", recuerda Sonia Waisrub, secretaria de esta ONG.

Donación de pelo.

Una peluca fabricada con pelo artificial puede costar al menos 12.000 pesos más IVA. Las de pelo natural son bastante más caras. Hay quienes llegan a pagar hasta 1.000 dólares. Su confección demanda seis horas de trabajo durante una semana.

Las pacientes que no disponen de medios económicos recurren a las ONG que trabajan con donantes.

A los interesados en donar se les pide una longitud de al menos 20 centímetros y no haberse sometido a algún tratamiento químico (tintas, reflejos, claritos, alisados, permanentes). El Club del Gato tiene convenio con algunas peluquerías, que realizan de forma gratuita el corte, aunque hay personas que se lo cortan ellas mismas y llevan el cabello a la fundación.

Para lograr hacer una cabellera postiza, se necesita un promedio de tres donaciones, aunque mucho pelo se descarta. Según Fabiana Valiño, coordinadora del proyecto de la Fundación Berenbau, las mujeres intentan mantener el color y el estilo que tenían antes de iniciar el tratamiento. "Los más pedidos son los castaños claros y los rubios cortos".

En la página de Facebook de la fundación hay un catálogo virtual que hoy tiene 129 tipos de pelucas con distintos colores y largos.

A préstamo.

La asociación Mama Mía fue pionera entre las organizaciones de ayuda a pacientes con cáncer de mama. En 2011 hizo un "corte solidario" en Bethel Spa de Malvín, cuya dueña ofreció su local para recibir a personas que deseaban donar su cabello. Hoy son más de 150 las mujeres que utilizan esas pelucas. Su forma de trabajo es similar a la de la Fundación Clarita Berenbau. Su referente, Elizabeth Wojnarowicz, contó que la mayoría de las mujeres devuelve la peluca, pero hay un "porcentaje menor" que no lo hace ya sea porque fallecieron o por otras causas.

"Nos cuesta mucho recuperarlas", manifestó Zulma Camacho, de Honrar la Vida, una organización instalada dentro del Hospital Pereira Rossell. Hasta ahora han prestado pelucas a unas 50 pacientes con cáncer. Solo dos fueron devueltas.

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