EL SENTIR DE LAS VIOLETAS

Pasiones, exilios e intrigas políticas

El eterno noviazgo de Julio Herrera y Elvira Reyes, en el nuevo libro de Diego Fischer.

Protagonista: Elvira estuvo medio siglo junto a Julio Herrera. Foto: Archivo
Protagonista: Elvira estuvo medio siglo junto a Julio Herrera. Foto: Archivo

Hay quienes afirman que fue la historia de amor más famosa en el Uruguay del siglo XIX. Y que por entonces, en los salones de Montevideo y Buenos Aires, el noviazgo de Julio Herrera y Obes y Elvira Reyes era la comidilla de la alta sociedad rioplatense. Un noviazgo que se prolongó durante cincuenta años consecutivos. Bien pudo ser el argumento de una novela romántica francesa o española de aquella época, pero no lo fue.

Ahora, el escritor Diego Fischer recogió el guante e —investigación periodística mediante— escribió El sentir de las violetas. El noviazgo eterno entre Julio Herrera y Elvira Reyes, un libro que será presentado mañana a las 19:30 en el Museo Zorrilla de Punta Carretas.

En 320 páginas, el autor narra la historia de dos personas que se conocieron en 1862, se enamoraron y tuvieron un noviazgo que nació cuando Bernardo Berro era el presidente de la República y se prolongó hasta que José Batlle y Ordóñez ejercía su segundo mandato presidencial. Cartas, documentos, muchos de ellos inéditos, revelan las peripecias de un amor correspondido que sobrevivió a los destierros, exilios, las guerras, las revoluciones, y hasta los cuatro años en que Julio Herrera fue presidente de la República (1890-1894) y pasó a la historia como el jefe civil que puso fin a casi 15 años de gobiernos militares.

Elvira tenía tan solo 16 años cuando lo conoció. Y desde un primer momento supo que sus vidas se entrelazarían para siempre. Era una mujer de la alta sociedad, la hija menor del general y cartógrafo blanco José María Reyes y de doña Manuela del Villar.

La prosapia de Julio no le iba en zaga: era hijo de Manuel Herrera y Obes y Bernabela Martínez. Su padre fue un hombre que ocupó cargos muy importantes en los sucesivos gobiernos del Partido Colorado.

Estaba, además, emparentado con la flor y nata de la aristocracia porteña y, por los Obes, también con la dirigencia política de dicho país.

El sentir de las violetas, muestra las luces y sombras de Julio Herrera, quien dedicó su vida entera a la política y al periodismo y fue uno de los 15 desterrados por Lorenzo Latorre en la famosa barca Puig. Un aristócrata que vivió en la opulencia y que tuvo una formación académica excepcional, pero que también —en el ocaso de su vida— aceptó con dignidad la pérdida de todos sus bienes materiales. Un hombre que en la pobreza, rechazó una pensión graciable del Parlamento, porque los legisladores cuestionaron e ignoraron sus logros como presidente de la República.

Sueños de amor.

¿Qué lleva a una mujer a cultivar el amor y la fidelidad durante tanto tiempo?, se pregunta el autor, en el prólogo del texto. Mientras Herrera le declaraba una y otra vez su amor, Elvira esperaba con ilusión el día de su matrimonio. Tres veces fijaron fecha de casamiento y tres veces la cancelaron. Entre un tiempo y otro, Elvira esperaba ilusionada. No tejía como Penélope, pero sí bordaba ajuares. Y le escribía sentidas cartas:

"Julio: Convencida de que tu ausencia tiene una razón suprema me conformo con ella, cumples tu deber; pero no te oculto que a pesar de mi serenidad paso algunos días muy triste y temerosa. Mi alma te acompaña día y noche, fiel a la consigna que me diste, y si paso tranquila es porque converso contigo, o me imagino mirando las primeras estrellas que todas las tardes se reúnen en el jardín de nuestra casa y me traen tus pensamientos y tus encargos con la misma constancia con que tú me la envías…", escribía Elvira cuando Herrera y Obes marchó a la Guerra del Paraguay como secretario de Venancio Flores.

Su amado también dejaba el alma en cada gota de tinta sobre el papel.

"Puerto de Montevideo, agosto 26 de 1875.

Elvira: Te escribo de a bordo del vapor que nos lleva a Buenos Aires a terminar allí, en medio de nuevas ansiedades y esperanzas, nuestra novelesca peregrinación. Durante los cuatro meses que duró nuestro viaje a La Habana, metidos en un buque miserable, hemos sufrido penurias que la imaginación del novelista inglés Cooper habría necesitado para algunas de sus clásicas leyendas marinas. (…) Hoy solo queda de aquellos padecimientos, el recuerdo, esa cicatriz que dejan en el alma todos los dolores morales. ¡Pero a nosotros quién nos indemnizará del tiempo perdido!... ¡Seis meses de ausencia!".

El ansiado casamiento entre ellos, sin embargo, nunca llegó a concretarse.

Ella confeccionó y bordó tres ajuares, tantos como fechas de matrimonio fijaron y aplazaron, mientras él protagonizaba los agitados años de conflictos políticos y sociales que afectaban al Río de la Plata. Desde esa historia asombrosa, llena de detalles novelescos, Fischer recrea el panorama de la sociedad montevideana del siglo XIX, en este nuevo libro editado por Penguin Random House.

Trilogía.

Sin proponérselo, Fischer formó con El sentir de las violetas, una trilogía con sus dos anteriores libros: Mejor Callar. Escándalo y silencio en los crímenes del Prado y Carlota Ferreira. Retrato de una mujer que se inventó. Las tres obras, desde diferentes ópticas y personajes muy diferentes, son un vívido retrato de la sociedad uruguaya de mediados del siglo XIX y comienzos del XX.

Fischer cursó estudios de periodismo en la Universidad de Navarra y en la Universidad de Boston. Actualmente es columnista del diario El País y asesor en comunicación.

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