ROBERTO MARKARIAN

"El país necesita más profesionales de calidad para crecer"

Este excomunista que llegó a ocupar la máxima jerarquía de UdelaR luego de un intento fallido de ser electo en 2006, no se conforma con dirigir la institución educativa pública menos cuestionada.Sabe que todo es dinámico, y aprieta el acelerador a pesar del magro presupuesto: quiere diversificar la educación terciaria, cambiar la forma de gobierno y de docencia.

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"No es bueno para el país que la mayoría de las investigaciones la haga la Universidad". Foto: F. Ponzetto

Roberto Markarian conoce la Universidad de la República al dedillo. Sabe dónde están todos los recovecos, los aciertos y las cosas que hay que cambiar. Sus 70 años —que lo obligaron a colgar los botines de la docencia—, no lo detienen y camina con paso firme por los 2,9 metros cuadrados por alumno que la Universidad tiene construidos. El hombre de los números no se frena ni un segundo a sacar cuentas, sabe que al parar corre el riesgo de perderse el tren, como ese de juguete que le regalaron los chinos y ahora tiene de maqueta en su escritorio. El rector de la UdelaR prefiere andar rápido porque el actual paisaje, que avanza lento en tiempos de bajo presupuesto, lo inquieta aún más.

—La UdelaR recibió, según la Rendición de Cuentas que votó ayer Diputados, solo el 7,7% del incremento presupuestal que solicitaba. Más allá de lo que faltará, ¿cuán eficiente está siendo el gasto en relación a los resultados?

—El bajo número de egresos y las elevadas desafiliaciones son un hecho. Hay que tener en cuenta que la ejecución presupuestal de UdelaR, en pesos constantes, se multiplicó por 1,4 entre 1990 y 2015. En ese mismo período, el egreso de estudiantes se multiplicó por 2,3. Salvo casos puntuales, como sucedió hace poco con las filtraciones en Veterinaria, son pocas las críticas que se le hacen al sistema universitario en relación a la educación pública en general. Primaria saca un libro de educación sexual y se arma un escándalo, eso a nosotros no nos pasa. El profesional que la universidad forma es el mayoritario del país y satisface la demanda (en términos de calidad) del país. Es decir: el mercado está conforme con la calidad con la que salen nuestros egresados. Que la relación entre ingreso y egreso es baja, no lo discuto, es así. Que los estudios demuestran que luego de segundo año los alumnos ya permanecen más estables, también es un hecho. Como el ingreso es libre, hay quienes se anotan en más de una carrera. Eso da una cuota que no pesa tanto económicamente. ¿Hay que mejorarlo? Sí, pero no se encuentra otra manera por ahora.

—¿Hay que limitar el ingreso?

—No hay ninguna discusión al respecto. Sí se ha intentado, aunque luego el dinero no dio, que haya una pequeña parte de las becas que sean para orientar a estudiantes hacia ciertas carreras: fortalecer por ejemplo la cantidad de mujeres en Ingeniería o más gente en Química. ¿Por qué no dar becas orientadas luego de que se cubre la falta de acceso?

—¿Por qué no planificar qué carreras hay que incentivar a mediano plazo?

—Eso lo tiene que hacer una planificación que en Uruguay, por ahora, no existe. La OPP tiene buenas intenciones, pero aún estamos lejos de eso. Eso puede suceder en Israel, en China, en Estados Unidos y algunos pocos países, pero no en el nuestro. Y además acá enseguida surgiría el debate: ¿quién va a decidir cuáles son las carreras que hay que priorizar? Creo que hay cosas de sentido común: está claro que abogacía no será prioridad, pero sí es obvio que necesitamos ingenieros. Y más allá de orientaciones, si uno quiere un país desarrollado, necesitamos más profesionales de calidad.

—¿Las desafiliaciones son una complicación para las acreditaciones internacionales que están atravesando varios servicios?

—No. El sistema de acreditación sí mejoró muchos aspectos. Importa en la investigación y también en la tryectoria de los estudiantes. Habrá que seguir mejorando en esto.

—¿UdelaR asume los problemas de nivel que le llegan de Secundaria?

—Tenemos problemas muy serios de quienes ingresan desde Secundaria, pero estamos haciendo tutorías e incentivando la dedicación total para que, además del dictado de clases, el profesor se pueda acercar a los alumnos. Se repiten cursos, se hace apoyo por internet. Pero lo que no se puede, con tal de mejorar los egresos, es bajar la calidad.

—La calidad, en un sistema universitario, se mide en parte por la investigación. ¿Se ha logrado una mejora al respecto?

—De los 1.700 investigadores que tiene el Sistema Nacional, el 67% es docente de UdelaR. Y cerca del 70% de la producción académica en Scopus es también de la Universidad de la República. El hecho de que gran parte de la investigación de Uruguay se haga en la UdelaR, para la Universidad es un orgullo, pero para el país no es bueno. El país debería tener investigación radicada en otros sectores, empezando por los entes estatales y en la industria privada.

—Además del 6% del PIB para la educación pública, se reclamaba el 1% para investigación. ¿En qué afecta que no se llegue a esa cifra al finalizar el quinquenio?

—La investigación actual está muy centrada en la llamada investigación básica. Ese es un proceso que hay que revertir para ir más hacia la producción, los problemas ecológicos y lo aplicado. Ahí falta la inversión porque se necesitan grandes laboratorios y formación. La cooperación internacional es la que está ayudando.

—¿Y qué obra propia podrá concretar al fin del período, sabiendo que el Hospital de Clínicas no lo verá realizado?

—La nueva Facultad de Veterinaria es la gran obra del período; es la obra del siglo. Ya se abrió la licitación, se presentaron ocho empresas. Es una construcción de seis manzanas, entre el estadio de Peñarol y Zonamérica, y supera los US$ 30 millones. Y creo que va a demorar menos de lo que imaginábamos.

—¿Piensa en otros cambios?

—Vamos a modificar el estatuto docente. Se habla mucho del Clínicas porque está en el tapete por la discusión presupuestal, pero nuestra primera obligación es la enseñanza y la investigación asociada. Lo que regula al personal docente es, por tanto, clave. Se quiere afinar cómo se accede a los cargos —sobre todo a los más altos que son los que generan menos rotación—, cuánto puede durar una persona en un mismo puesto, en qué se distingue un profesor de un no-docente, se introducirán temas de género. No se trata de cuotas. De hecho si hubiera cuota tendría que ser a favor de los hombres, porque cada dos hombres hay tres mujeres. Sí es cierto que los cargos más altos los ocupan hombres, pero la tendencia es demoledora y cambiará en breve. Ya subieron unos 15 puntos porcentuales la cantidad de grados cinco. Otro cambio es el tope de edad jubilatorio, que no está decidido, pero va a ser en 70 años. Medicina es el servicio que tiene más tradición en esto y otros no tienen nada. En Derecho, por ejemplo, se fijó un tope y se dejó como excepción un absurdo: ocupar cargos de gobierno. Los datos demográficos son muy claros: los jóvenes son cada vez más pobres, porque los ricos tienen menos hijos, y la población en general envejece. Esto no se define por ciencia, sino por sentido común: ver cómo alguien llega a los 70 o a los 65 años.

—¿Qué rol cumple UdelaR de cara a ese Uruguay del futuro?

—Si todo sigue como la estructura educativa actual, con la preponderancia de la Universidad de la República en educación terciaria, la universidad tendrá que crecer sin perder calidad. Pensar en otro sistema es difícil porque los cambios han sido demasiado lentos. Lo máximo fue crear una universidad pública nueva (la UTEC): se hace publicidad, no tiene los vicios que tiene la UdelaR, pero son solo 1.000 estudiantes. La otra será la Universidad de la Educación, es un proyecto que va y viene, y va a seguir yendo y viniendo. En la Universidad queremos que se diversifique la educación terciaria, sin embargo, las decisiones que se han tomado no son las que UdelaR ha promovido.

—Pero hay algo que sí depende de UdelaR: la posibilidad de que los regionales del interior, que en algún caso supera los 8.000 estudiantes, adquieran su autonomía...

—La respuesta institucional es que eso no está en una agenda cercana. Pienso que no hay que descartar que aquello tenga una estructura diferente. En Uruguay el problema es que lo regional es muy cercano. Si uno piensa en la división exageradamente pequeña de los departamentos, no tiene sentido, al menos no para lo académico. No descarto que se independicen los centros regionales de UdelaR.

—¿Por qué las universidades que ya existen no asumen el desafío de la formación docente, en lugar de diversificar más el sistema con la Universidad de la Educación?

—El tener dentro de la UdelaR la Universidad de la Educación no se ha descartado. Es que en las órbitas políticas donde se decide se ha optado por otra vía y nosotros no estamos en condiciones de abrir otro frente de discusión. No puede ser que se le quiera solo cambiar el nombre a algo que no cambia casi nada. De lo que se ve en lo inmediato, parece solo un cambio de nombre. Se ignoró todo lo que ya se había pensado cuando se proyectó la ley de Educación.

—¿Tiene que ver con la forma de gobierno que no llega a un consenso?

—Esa discusión para nosotros no es lo de fondo. Eso es un tema de forma de buscar quién, fuera de los docentes y egresados, sea el que represente la mirada de la sociedad. En la UdelaR se optó porque fuera el cuerpo de egresados. Ojo que en la Universidad también tenemos que ajustar detalles de gobierno, por ejemplo, quiero cambiar la forma en que se designan los prorrectores. Es casi tan difícil elegir un prorrector como un rector, cuando la cabeza es una sola. Se pierde demasiado tiempo.

—¿Hay un modelo a seguir? ¿Cuál es la Finlandia de la educación superior?

—No hay un modelo consolidado. La universidad fue conformada con gran influencia francesa y se debe ir cambiando. El crecimiento de la investigación, el espacio interdisciplinario, la salida de Montevideo al interior, son ejemplos de la ruptura. El Plan Maggiolo, del que se celebran 50 años, fue un intento de romper con ese esquema e ir hacia algo más renovado y propio.

 "EL MODELO CHINO NO NOS SOMETE"

Sobre el escritorio en el que Roberto Markarian recibe las visitas, hay tres elementos clave: un trofeo del Instituto Confucio para la enseñanza de la cultura china, una maqueta del tren también chino y una carpeta con unos 80 títulos que tiene que firmar. "Son mi maldición", bromea mientras se jacta que el año pasado estampó su rúbrica en el diploma 10 mil. Es un reflejo, dice, de que los egresos de las carreras de grado pasaron de 4.070 entre 2001 y 2003, a más de 7.000.

—¿Qué le ocupa el tiempo estos días?

—Está habiendo cursos de chino para más de 100 personas; es un convenio entre el Ministerio de Comercio de China y cooperación internacional. Se nos pidió la sede para el seminario.

—Cuando se debatió el TISA usted dijo que se corría riesgo de que se impongan modelos extranjeros...

—Lo de TISA es económico y no cultural. Sería como decir que no queremos tener intercambio con EE.UU. por ciertas razones o con Irán por otras. Las relaciones culturales se hacen en base a un respeto a las opiniones. Con China hemos dejado claro las diferencias y que dos moneditas de ellos, que para nosotros son millones, no nos somete.

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