POLÍTICAS SOCIALES

El país invierte aún menos de lo que se debería en la infancia

Técnico de Unicef dice que países más envejecidos asisten más a los niños.

Dos terceras partes de los jóvenes en esa situación viven en Montevideo  y en Canelones. Foto: M. Bonjour
Dos terceras partes de los jóvenes en esa situación viven en Montevideo y en Canelones. Foto: M. Bonjour

Uruguay debe incrementar su esfuerzo presupuestal para erradicar la pobreza infantil porque invierte en ello menos de lo que debería. Además, si lo hiciera se acercaría a la erradicación de la pobreza en el conjunto de la población, sostiene el trabajo "Poner fin a la pobreza infantil en Uruguay, un objetivo posible para la política pública", que elaboró el sociólogo Gustavo de Armas, especialista en políticas sociales de Unicef en Uruguay.

"Uruguay se enfrenta a una gran oportunidad: erradicar o al menos reducir a valores mínimos la pobreza monetaria y disminuir de forma significativa la incidencia de la pobreza multidimensional, actuando en dos dimensiones clave: las condiciones de infraestructura y vivienda de las familias y la educación de las generaciones más jóvenes. La erradicación o reducción a valores mínimos de la pobreza monetaria (actualmente en 9,7% (...) equivale en Uruguay a erradicar la pobreza infantil (actualmente, 17,6%)", considera de Armas en el trabajo que será presentado hoy en el marco del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Ese objetivo se puede cumplir a mediano plazo, considera.

De Armas entiende que "prácticamente toda la población bajo la línea de pobreza (nueve de cada diez personas) está compuesta por niños y por los adultos que viven en sus hogares" y que esta concentración de la pobreza en una quinta parte de los niños y en sus familias es el resultado de la baja incidencia a la que ha llegado en otros grupos de edad (es de 6,6% en las personas de 30 a 64 años y de 1,9% en las personas de 65 o más). Esto lleva a de Armas a concluir que "erradicar o reducir a valores mínimos la pobreza monetaria en la infancia equivale a poner fin a esta dimensión de la pobreza en el conjunto de la población".

El especialista advierte que si bien el Estado ha incrementado en las últimas décadas los recursos que destina a la infancia, sigue haciendo un esfuerzo inferior al que se observa en países más desarrollados. Esto es así aun cuando estos países tienen pirámides de población aún más envejecidas que la Uruguay y, por lo tanto, una mayor presión por recursos de parte de los adultos mayores. Se requerirá más educación e, inevitablemente, transferencias del Estado a las familias, señala de Armas. Es que, según explica el investigador, el poco capital educativo en los hogares con niños que sufren pobreza monetaria es determinante porque limita su capacidad de generar ingresos. En un contexto de cambio en el mundo del trabajo (con más tecnología y automatización) "la inserción laboral de las personas con escasa calificación es por lo menos incierta", considera el especialista. Igualmente, se debe asumir que la mayoría de estos hogares (compuestos en dos terceras partes por niños, adolescentes y jóvenes) solo podrá superar la pobreza monetaria (y así satisfacer niveles básicos de consumo de bienes alimentarios, otros bienes y servicios) "si el Estado asegura a estos sectores un piso de ingresos a través de transferencias provistas por el sistema de protección social", advierte.

Para de Armas las estrategias para abatir la pobreza deberán tomar en cuenta la mejora de la infraestructura urbana, las viviendas y el acceso a los servicios básicos como ejes. Esa mejora, cree de Armas, no parecería ser, si se examina la trayectoria reciente del país, una consecuencia inmediata del aumento de los ingresos de los estratos más bajos de la población.

El 6,2% de los hogares en "pobreza dura".

La pobreza en Uruguay está muy concentrada espacialmente. Casi dos terceras partes de todos los niños y adolescentes que sufren pobreza por ingresos (y el resto de las personas que componen sus hogares) viven en Montevideo y Canelones, y casi la mitad de todos los niños en esa situación de privación residen en los cuatro municipios de la periferia de Montevideo (A, G, D y F), a pocos kilómetros de barrios que tienen rasgos demográficos y socioeconómicos similares a los de los países de desarrollo humano muy alto, señala de Armas.

El investigador señala que el 6,2% de los hogares constituye un núcleo de pobreza dura, difícil de abatir, caracterizado por el alto promedio de niños y adolescentes a cargo, el bajo capital educativo de los adultos y la precaria inserción laboral del jefe o jefa de hogar.

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