CAMBIO CLIMÁTICO

Un país destinado a inundarse

Uruguay decretó un plan de reducción de emisiones que la sociedad civil tilda de “inútil".

Aguas Dulces: el mar se tragó, hace un año, 22 viviendas que estaban en la costa del balneario. Foto: F. Ponzetto
Aguas Dulces: el mar se tragó, hace un año, 22 viviendas que estaban en la costa del balneario. Foto: Ricardo Figueredo.

Puede que para el común de la gente el aumento de 2°C de la temperatura no signifique demasiado. Pero este leve corrimiento de la temperatura promedio del planeta, al que la humanidad parece destinada, significa el derretimiento de los glaciares, la subida de los mares y la presencia cada vez más seguida de sequías e inundaciones. Sobre todo eso: inundaciones.

La Cepal estima que antes de que termine el siglo en Uruguay habrá un 27% más de inundaciones. Y, lo que es peor, luego del umbral de los 2°C los científicos no saben qué ocurrirá. ¿Qué hace el país ante este posible apocalipsis?

Antes, millones de años antes, también hubo lo que los científicos llaman "cambios climáticos". La caída de meteoritos, por ejemplo, originaron la vida tal cual la conocemos. La diferencia es que ahora la Tierra está en la época más cálida desde que hay registros —últimos 1.400 años— y, aunque pueda haber factores externos, buena parte de la culpa es del hombre.

Por más que Donald Trump no sea partidario de esta tesis, la mayoría de los países tomó consciencia de que si el ser humano causó esto, es quien debe buscar una solución.

Hace dos años se anunció con bombos y platillos el "acuerdo de París". Según Gerardo Honty, integrante del Centro Latinoamericano de Ecología Social, lo pactado no es otra cosa que "una hoja con la firma de las autoridades, en que cada uno informa cuántos gases emite y cuánto se compromete a mitigar en forma voluntaria". Y aunque lo que emite un chino o un alemán repercute en Uruguay y viceversa, "nadie ha fijado límites".

Uruguay decretó hace exactamente un mes su primera Contribución Determinada para reducir la emisión de gases que causan el efecto invernadero. Antes de entrar en definiciones, Honty es muy crítico de la propuesta nacional y, aunque "esta cumple con lo que pide el acuerdo de París, es inútil porque el propio acuerdo es inútil".

En lo que presentó Uruguay "no hay ningún esfuerzo notorio; hay un compromiso de disminuir el porcentaje de emisión de gases en relación al PIB hacia 2025, pero como el PIB continúa en aumento, en la práctica no significa una reducción de gases", explicó Honty.

Sin embargo, el secretario uruguayo de Cambio Climático, Carlos Colacce, dijo que "impacta que Uruguay llegará al 2025 con un escenario de emisiones de gases (en relación al PIB) similar al que tenía en 1990". Esto se alcanzará, según el jerarca, por tres políticas que "sí implicaron esfuerzo": el cambio de la matriz energética, el "mejor uso" de los suelos y la ley forestal.

Es que los bosques sirven para capturar los gases contaminantes y Uruguay se comprometió a mantener "el 100% de los bosques nativos" que poseía en 2012.

La aldea.

Piense por un instante que no existen las fronteras y que la Tierra es una gran casa. Buena parte de las actividades que se desarrollan en esta vivienda —las chimeneas, el transporte y hasta la bosta de las vacas— emiten gases que se van concentrando en el techo de la casa. Cuando los rayitos del Sol pasan por esta capa —como si fuera una claraboya de vidrio o nailon— hacen que la residencia se recaliente más de lo normal. Ocurre lo mismo que en un invernadero.

Uruguay emite solo el 0,05% de los gases que causan este efecto invernadero. De hecho un habitante cualquiera en América Latina genera un tercio del dióxido de carbono que un poblador europeo o estadounidense. Eso sí: lo que sucede en la casa Tierra afecta a todos, sin importar quién ocasiona más problemas, y Sudamérica está especialmente expuesta a las consecuencias, una cuestión de geografía.

La inmensa mayoría de los gases que emite Uruguay provienen de la producción de alimentos. Es que la agricultura y ganadería primaria (la sola cría y reproducción), generan gas metano y óxido nitroso que implican el 74% de las emisiones que hace el país. De ahí que la prioridad del gobierno sea convencer al mundo que no se puede medir con la misma vara a un Estado que contamina por una industria que a otro que "alimenta a 28 millones de personas en el mundo".

¿Quién obliga a Uruguay a alimentar nueve veces el total de su población?, se pregunta Honty y se autorresponde: "la necesidad de un crecimiento económico". Conclusión: "No hay manera de reducir emisiones sin reducir el crecimiento económico, y ningún país está dispuesto a renunciar a esa lógica de mercado".

Los árabes no le aflojan al petróleo, aunque ya sea viable producir energía por vías más limpias. Los chinos no están dispuestos a parar sus industrias ante las quejas de los europeos, cuando esa región fue la que inventó este sistema industrial. Trump no cambiará sus ganas de que los ricos sean cada vez más ricos. Y Uruguay no renunciará a criar vacas, que aunque defequen son el sustento productivo del país.

Pero Colacce discrepa: Alemania, por ejemplo, promueve la producción sustentable y una economía verde. "Es un negocio redondo: reducen las emisiones y al mismo tiempo crecen en su economía por crear la propia tecnología de mitigación de gases".

Llevado al caso uruguayo, el jerarca vaticina que habrá que "seguir avanzando en la producción de carne vacuna con el menor desprendimiento posible de gases". Es esperable que a la hora de exportar este producto "se nos exija que sea lo menos contaminante".

La reducción de gases en la ganadería uruguaya mediante el cambio en alimentación costaría, en su alternativa más barata, "entre US$ 52 y US$ 54 dólares (a valores de 2013) por tonelada de dióxido de carbono equivalente", calculó el economista Marcelo Caffera, de la Universidad de Montevideo.

Recalculando.

La sola inercia de la actividad humana actual y la generada en los últimos años llevaría a un aumento de la temperatura de entre 2,4°C y 6,4°C antes de 2100. El mar crecería hasta casi un metro, se desbordaría buena parte de la cuenca del Santa Lucía y se destruirían kilómetros enteros de la franja costera que va desde Colonia hasta Rocha. En buen romance: se arruinarán las zonas en la que viven dos tercios de los uruguayos.

Por eso al término "mitigar las emisiones", las autoridades le agregan "la adaptación". ¿Cómo se hace para enfrenar desastres naturales cada vez más frecuentes? Hasta lo más cantado, como es el realojar a quienes viven en zonas inundables, implica dinero.

Los ingenieros Laura Astigarraga y Rafael Terra calcularon un proyecto para La Floresta. Este balneario canario es uno de los que más vienen sufriendo la erosión de la franja costera y, a la vez, arrastra problemas pluviales. Solo este plan piloto implica más de US$ 7 millones.

Si a eso se le suma que el país forme en este tema a los universitarios y a los políticos, la cifra asciende a más de US$ 9 millones. Y con un servicio público de recepción, procesamiento, almacenamiento y análisis de imágenes satelitales, hay que agregarle US$ 40 mil.

Así cada detalle sin contar la reparación de una ciudad tras un tornado, la limpieza de un barrio luego de una inundación o el impacto de una sequía. La falta de agua en 2008 costó, según la Asociación Rural, unos US$ 900 millones.

Y los costos no terminan ahí. El invierno que pasó fue cálido. Los productores de cítricos vieron como sus árboles no dieron los frutos esperados. "De seguir teniendo inviernos de este tipo", dijo Colacce, "Uruguay se quedará sin naranjas".

Entre las estrategias para subvencionar estos gastos hay de todo. Europa pone más del doble de impuestos a la nafta que el promedio de América Latina; ese margen puede ser volcado a la inversión, ejemplificó la Cepal. Otra opción, agregó Colacce, es "seguir apostando a energías más limpias y baratas (exportables). Y habrá que ir pensando otras variantes, antes que el agua llegue al cuello.

tres preguntas a 
Carlos Colacce. Foto: Archivo El País
"Si encontramos petróleo, qué tarde que llegamos"
Carlos Colaccesecretario de Cambio Climático de Presidencia

En 2025 Uruguay deberá asumir un nuevo compromiso de mitigación de gases, ¿qué medidas tendría que adoptar el país?

Es futurología. Pero el compromiso de los medios de transporte, hasta ahora, es muy limitado. Tiene que haber un incentivo al respecto desde el sector público, aunque dentro de unos años puede que el vehículo eléctrico sea más económico que a gasoil. En una universidad alemana habían calculado que para 2025 el desarrollo de la energía fotovoltaica sería tal que con unos metros de azotea y paneles solares podrás autogenerar la energía que necesitarás.

El cambio climático de hoy dice más del pasado que del presente: ¿Uruguay ha seguido un modelo sustentable de desarrollo?

No. Hemos vivido, y vivimos, la era del petróleo. En la historia de la humanidad seremos recordados como los locos que durante 200 años vivieron con petróleo. Con seguridad este compuesto quede reducido en unos años a la producción de plásticos y poco más. Si encontramos petróleo comercializable se podrá decir: "Qué tarde que llegamos". Para la visión medioplacista puede que valga la pena, pero el rumbo energético avanza por otro lado.

¿Qué instrumentos económicos se manejan, si es que los hay, para incentivar la producción limpia y la mitigación de gases?

Hay una parte de fiscalía verde: ya sea subsidios a quienes hacen bien las cosas o multas a quienes las hacen mal. Pero también puede que la producción limpia sea un beneficio e instrumento en sí mismo. Estamos estudiando, y habrá un seminario al respecto dentro de dos semanas, sobre qué beneficios traería la producción de carne orgánica, una cadena láctea o de soja sustentable. Es que los mercados en el exterior demandarán este tipo de producción.




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