REFUGIADOS DISCONFORMES

ONU le dijo a los sirios que trabajen y se queden

Una funcionaria de Acnur les ratificó que no habrá gestiones para que se vayan a otro país.

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Sirios se reunieron con una funcionaria de la ONU pero no quedaron conformes. Foto: F. Flores

La ONU le transmitió ayer claramente a las familias sirias que están refugiadas en Uruguay que no les buscará otro país al que puedan dirigirse, que entiende que el gobierno ha sido muy generoso con ellos y que sus miembros adultos deben trabajar.

Ayer las familias sirias que están acampando en Plaza Independencia pidiendo salir de Uruguay se reunieron durante una hora y media con Michelle Alfaro, funcionaria de Acnur (la agencia de ONU encargada de los refugiados) que vino desde Argentina para el encuentro y jerarcas de la Secretaría Nacional de Derechos Humanos.

La propia Alfaro reconoció a El País que los sirios no salieron satisfechos del encuentro. La situación sigue a fojas cero. Una de las refugiadas dijo a El País que la reunión no tuvo un buen resultado y que seguirán en la Plaza Independencia hasta que puedan salir de Uruguay.

"Tenemos millones de refugiados sirios que están en situaciones mucho más difíciles. Los países ya tienen sus prioridades respecto a de dónde van a tomar refugiados. No se ve que haya una situación de riesgo acá en comparación con lo que se está viviendo en Líbano donde los chicos están trabajando desde los 7 años para sostener a la familia y no están yendo a la escuela. Son situaciones muy diferentes y las situaciones extremas están pasando allá (...) Todavía hay gente llegando por barco a Grecia, a Italia, muriéndose en el Mediterráneo. Son situaciones muy graves, muy desesperantes. Es muy difícil justificar lo que ellos están pidiendo", explicó Alfaro.

"No estoy convencida de que lo aceptaron. Ellos quieren escuchar otra cosa. Cuando alguien está como fijado en otra cosa, eso es lo único que van a aceptar", dijo Alfaro y admitió que no fue una reunión fácil.

"Hay muchas familias que vienen a Uruguay y buscan la manera de salir adelante y salen adelante, incluso familias de este grupo. Están luchando, están trabajando y les está yendo bien. No vamos a decir que es una vida fácil. Hay que trabajar, como en cualquier país", advirtió.

Alfaro reconoció que el programa para recibir a las familias sirias en Uruguay se diseñó rápido, pero lo elogió.

"Siempre se aclaró que era un apoyo de dos años. Y el gobierno ha cumplido en ese sentido. Incluso el apoyo ahora va más allá de dos años. Simplemente fue un desafío. Y uno nunca sabe (...) Fue el primer programa armado por el gobierno y creo que hicieron lo mejor posible. Es muy fácil criticar. Es mucho más difícil hacer. Siempre hubo muchas ganas, mucha buena voluntad y mucho esfuerzo", aseguró. Alfaro participó en el proceso desde el comienzo y estuvo en las entrevistas realizadas para seleccionar a los refugiados que llegaron a Uruguay en 2014.

Las limitaciones.

Alfaro les explicó a los refugiados que "no es que alguien les bloquea la salida del país (...) La realidad es que hoy a un sirio pasear por el mundo no le va a resultar fácil. Porque muchos países temen que se queden. Es lo que está pasando. No tienen la misma facilidad de hace diez años", explicó. "Ellos piensan que por el hecho de ser Naciones Unidas les podemos encontrar una solución y no es así. Esto depende de los países y si ellos dicen que no les van a otorgar una visa, bueno, es así", explicó Alfaro.

A su juicio, es "lamentable" que la numerosa familia que vino de Salto no quiera regresar a ese lugar. "Nosotros creemos que tienen una oportunidad en Salto. Yo creo que el gobierno ha hecho enormes esfuerzos para tratar de mejorar esta situación. (...) No nos dijeron qué piensan hacer. No se fueron felices con las respuestas. Aunque no estén conformes, no tengo otras respuestas", reconoció la funcionaria de ONU.

"El programa del gobierno ha sido muy generoso. Incluso los programas que tienen países que tienen enormes iniciativas de reasentamiento como Estados Unidos que el año pasado se comprometió a recibir 100.000 personas no duran años. Duran quizás hasta un año. Nada que ver con el nivel que existe acá. Yo creo que han tenido muchas oportunidades", insistió Alfaro, que es estadounidense y tiene una amplia experiencia en tratar con refugiados de Oriente Medio donde ha vivido. En Argentina, donde hay 250 refugiados sirios, luego de un año deben procurarse su sustento, contó.

"Yo me acuerdo que cuando estas familias llegaron estaban los uruguayos con carteles de bienvenida, con brazos abiertos. Hay comentarios positivos y mucha gente apoyando este proceso. Hay mucha gente con muchas mentes abiertas acá. Hay oportunidades acá", enfatizó Alfaro.

En otra reunión que mantuvo con los sirios, Alfaro fue agredida pero el encuentro de ayer fue tranquilo.

Se acercaron amigos de Diyab.

Algunos militantes de izquierda que acompañaron al refugiado Jihad Diyab, que llegó en 2014, proveniente de Guantánamo, se han acercado a los sirios que están en Plaza Independencia. Ayer se pudo ver allí, por ejemplo, a Ana Claudia de León que tenía el año pasado las llaves del apartamento céntrico de Diyab y que controlaba quién entraba a visitarlo. Un hombre que también estaba allí se ofreció a acompañar a los refugiados a la embajada de Canadá a pedir refugio.

Reciben ayuda de una iglesia y de vecinos.

Algunos refugiados sirios no se quedan a dormir en la Plaza Independencia, pero se acercan a apoyar a la numerosa familia que vino de Salto. Esta familia no ha pedido dinero al Estado desde que llegó y recibe el apoyo de una iglesia cercana y de algunas personas que viven en apartamentos en la zona.

Ayer el secretario de Derechos Humanos, Nelson Villarreal, que acompañó a la funcionaria de ONU, Michelle Alfaro, en su encuentro con los refugiados, les reiteró que se seguirán haciendo los máximos esfuerzos para ayudar a que los adultos sirios consigan trabajo. Villarreal les ratificó que su repartición seguirá abierta al diálogo con ellos. El domingo pasado conversó durante prácticamente una hora con los refugiados que llegaron de Salto en la plaza y estos le insistieron en que Uruguay es caro y que quieren irse. La numerosa familia (los dos padres y 13 hijos) vivían en 35 hectáreas muy cerca de la ciudad de Salto. Se les ofrecieron fondos para que comenzaran un microemprendimiento de producción de queso pero nunca dieron los primeros pasos necesarios para concretarlo. Ahora en Salto quedó solo uno de los jóvenes a quien han ayudado los vecinos.

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