Embajadores de Alemania y Francia conmemoraron juntos el final del conflicto

"Nunca más guerra en Europa"

Al igual que en Europa y en Estados Unidos, Uruguay fue escenario de la conmemoración del 70° aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, mediante dos ceremonias que tuvieron carácter inédito en nuestro país.

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Los embajadores de Francia y Alemania ayer en la ceremonia conmemorativa. Foto: F.Flores.

Por primera vez, representantes de Francia y Alemania sellaron juntos su histórica reconciliación colocando sendas ofrendas florales en los panteones de Alemania, en el Cementerio del Norte, y de Francia, en el Central, con la presencia de los embajadores de ambos países y de la Unión Europea.

Un minuto de silencio por los caídos en la contienda bélica precedió la ejecución de los himnos, pero no sonaron ni el alemán ni el francés: solo los himnos de Uruguay y de la Unión Europea.

Los actos contaron con una nutrida presencia de diplomáticos y la ausencia notoria de autoridades nacionales.

Entre otros, se hicieron presentes los embajadores de Rusia, Canadá, México, Grecia y Egipto, y hubo representantes de Estados Unidos y Brasil.

Los discursos se concentraron en destacar que Alemania y Francia superaron sus históricas diferencias y fueron determinantes para la construcción de la Unión Europea.

De los actos participaron también alumnos de sexto año de los liceos Francés y Alemán.

En el Cementerio Central, una liceal leyó un fragmento del histórico discurso que el presidente François Mitterrand pronunció en 1995, en ocasión de conmemorarse los 50 años de la fecha.

"Los azares de la vida quisieron que yo naciera durante la Primera Guerra Mundial y que hiciera la Segunda. Así que me pasé mi infancia con familias desgarradas que lloraban sus muertos y guardaban un rencor y a veces odio contra el enemigo de ayer (...). Uno tiene la audacia de imaginar lo que podría ser un porvenir más brillante fundado en la reconciliación y la paz. Esto es lo que nosotros hemos hecho. Tengo recuerdos de una familia donde todavía se practicaban las virtudes de la humanidad y benevolencia, practicadas también por los alemanes".

Una hora antes, a las 9:00, en el Cementerio del Norte, una alumna del liceo Alemán leyó el fragmento de otro célebre discurso del presidente alemán Richard von Weizsäcker, en 1985.

"El 8 de mayo fue un día de liberación", y no de derrota, dijo Weizsäcker. "Ese día nos liberó a todos del sistema inhumano de la tiranía nazi".

El embajador de la Unión Europea, que habló en las dos ceremonias, aludió a las nuevas generaciones y puso a Francia a Alemania como ejemplo de unidad para dejar de lado las guerras del pasado.

En Cementerio del Norte el acto tuvo lugar en el sitio donde están enterrados los marinos del Graf Spee fallecidos en la Batalla del Río de la Plata, en 1939, cuando se iniciaban las hostilidades en Europa.

La reconciliación franco-alemana no pretende borrar de la memoria los horrores de la guerra más sangrienta de la historia de la humanidad, que dejó un saldo de al menos 45 millones de muertos.

Pese a las siete décadas que transcurrieron del final de la contienda, todavía perviven los suplicios que causaron los nazis en los campos de exterminio y los ecos de las bombas que destruyeron poblaciones enteras. Siguen en pie museos del horror como Auswitch. La guerra todavía está viva en la memoria de los supervivientes del Holocausto y de los ex combatientes, muchos de los cuales asistieron ayer en Europa a los actos conmemorativos.

Recuerdos de guerra.

En su casa de Paysandú, alejada de todos los escenarios trágicos de la guerra, aún vive el último soldado que peleó con los aliados en el frente de batalla: el franco uruguayo Rosaire Cusimano, que ayer mismo cumplió 93 años.

No pudo asistir —como estaba inicialmente previsto— a las ceremonias de conmemoración realizadas en Montevideo; pero sus recuerdos de guerra permanecen intactos, tal como describió a El País en la nota publicada ayer viernes en esta sección.

"Fue terrible, tuve las cenizas de los cuerpos en mis manos", contó Cusimano a El País rememorando su llegada a la localidad francesa de Oradour-sur-Glane poco tiempo después de que los alemanes, en venganza por el homicidio de un capitán de las SS a manos de partisanos, masacraron al pueblo, lo sometieron a un despiadado pillaje y destruyeron la mayor parte de los edificios.

Los nazis encerraron a mujeres y niños en el interior de la iglesia y la prendieron fuego. Las cenizas de esos cuerpo fueron las que Cusimano tuvo en sus manos.

El ex soldado franco uruguayo regresó años después a Francia, desde Uruguay, pero nunca quiso volver a Oradour-sur-Glane. El pueblo permanece hasta hoy conservado en el estado en el que quedó tras su destrucción el 10 de junio de 1944.

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