PROBLEMÁTICA

Nuevo París cercado por el olor

Un barrio que creció de la mano de las curtiembres pretende ahora despojares de ellas.

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Vecinos señalan que están "acorralados" por las curtiembres. Foto: F. Ponzetto

Hace más de 120 años, Nuevo París vio crecer las primeras curtiembres, procesadoras de todo tipo de cueros que eran exportados a varios países. En aquel momento, quienes vivían cerca de los inmensos galpones eran "trabajadores del cuero", contaron a El País los vecinos más veteranos.

Sin embargo, la urbanización del lugar y de los barrios aledaños, como Belvedere, La Teja y Sayago han hecho que las cosas cambien con el paso de los años. Lo que hacia 1900 era la principal fuente laboral para algunos, y lo más preciado para decenas de familias, hoy pasó a ser "algo molesto", "sumamente asqueroso", y "desagradable", según señalaron muchos de los vecinos que conviven con el mal olor.

"Esto es espantoso, el otro día a la noche llegué de trabajar y no sabés lo que era esto, creo que aprovechan esa hora porque no tienen inspecciones de la Intendencia, hacen vertidos de los efluentes en cualquier lado y ahí es donde sale el olor feo", dijo a El País Miguel Rodríguez, vecino de Nuevo París que vive sobre una de las vías principales del barrio: la calle José Llupes.

Rodríguez agregó que "pasa una cosa: los que vivimos acá no nos damos cuenta cuando hay poco olor, aunque igual hay. Nos damos cuenta cuando hay mucho olor, que ya no se banca; la gente que viene de otros barrios y llega a algunos puntos en los que se siente mal".

Por su parte, Darwin Klisich, quiosquero del barrio que vive sobre la calle Lascano esquina José Llupes, aseguró que las condiciones edilicias de algunas curtiembres "son impresentables". Klisich apuntó directamente a Curtifrance, una de las seis curtiembres que se encuentra a menos de diez cuadras de distancia.

"Fijate lo que es eso, si por fuera ves eso así, en esas condiciones, imaginate lo que es la curtiembre adentro... Y fue sancionada por la Intendencia esta curtiembre, y le hicieron arreglar la estructura, pero la realidad es que no hicieron nada, construyeron unas vigas de mentira por fuera que ya se están cayendo, ni que hablar del olor", remarcó el quiosquero.

Klisich, finalmente, indicó que "en verano es horrible, hay que cerrar todas las ventanas porque no se aguanta, tienen conexiones clandestinas con el saneamiento para largar todo el desecho del procesamiento del cuero, eso lo saben todos los vecinos que viven desde hace años en el barrio, por esto también fueron sancionados por la Intendencia". El País intentó comunicarse con los dueños de esta empresa en tres ocasiones, lo cual no fue posible.

En tanto, Fernando Barceló que vive junto a su familia a una cuadra del kiosco, por la calle José Llupes, dijo que "hace años pasa lo mismo, los vecinos juntamos firmas pero no le han dado importancia al reclamo, denuncié pila de veces esta problemática a la Intendencia en Desarrollo Ambiental, pero no pasa más de una multa, acá la única solución es mudar las curtiembres a zonas más periféricas, es difícil".

Barceló denunció que también existen problemas al lado de su casa, en un viejo terreno abandonado, donde tiempo atrás funcionó otra planta que procesaba cueros. "Acá al lado hay un terreno con una estructura deteriorada, era una curtiembre, que ahora como el terreno está abandonado lo aprovechan para quemar cantidades de cables y después venden el cobre; hacen una humareda bárbara".

Durante la recorrida que hizo El País por el barrio, el olor era inconfundible. Una mezcla de orín y basura en descomposición. "Olor a podrido es eso", manifestó molesta Cintia Caballero, madre de cuatro hijos, dos de los cuales tienen problemas de salud.

"A mí particularmente me perjudican las curtiembres, dos de mis hijos tienen problemas respiratorios y esto influye. Han llegado a los centros comunales las denuncias del barrio, pero no pasa nada, alguna multa y nada más", dijo Caballero, al tiempo que se resignó: "nos tenemos que adaptar a este olor horrible que te produce hasta dolores de cabeza, sabemos que es muy difícil que saquen a las curtiembres del barrio".

Enrique Soria, concejal del Municipio A, que abarca al barrio Nuevo París, informó a El País que "con los vecinos de la zona se están haciendo monitoreos permanentes de las curtiembres" Así mismo, Soria remarcó que se está llevando adelante un trabajo en equipo entre "el Departamento de Desarrollo Ambiental de la Intendencia de Montevideo, la Comisión de Medio Ambiente del Centro Comunal 14, el Municipio A, la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama), los vecinos y los dueños de las curtiembres". El objetivo es que "todas las curtiembres cumplan con las exigencias medio ambientales de la Intendencia, para que todos salgamos beneficiados en esto", agregó Soria.

El concejal recordó que "el barrio se creó en torno a las curtiembres, existen muchas personas que aún trabajan allí y viven de eso, pero también entendemos que las realidades han cambiado y ya no es lo mismo". Una de las soluciones es que las curtiembres sean trasladadas a lugares más descampados, pero para Soria, esa posibilidad se encuentra bastante distante.

Clausuras y multas en diferentes empresas

En mayo de 2010, Curtifrance fue clausurada por la Intendencia de Montevideo "por reiterados incumplimientos a la normativa vigente". Según una resolución a la que accedió El País, con fecha 21 de mayo de ese año, "la Unidad de Efluentes Industriales informa que desde el año 2006, la mencionada curtiembre ha venido siendo sancionada por irregularidades en el vertimiento de los efluentes industriales, que superaban en varios parámetros los valores admitidos por la normativa vigente".

El Departamento de Desarrollo Ambiental de la Intendencia clausuró "las actividades de Curtifrance hasta tanto de cumplimiento a los requisitos establecidos". Otra de las sancionadas fue Curtiembre París, en mayo de 2012, por reiterados incumplimientos. Según la resolución de la Intendencia de Montevideo, la multa de 300 Unidades Reajustables (una de las más grandes que puede aplicar la comuna) fue por las condiciones de las aguas efluentes y aguas residuales industriales.

Por su parte una de las sanciones más recientes fue para Uruven, que fue clausurada dos meses a partir de marzo del año pasado por la mala calidad que generaban sus efluentes residuales.

"Queremos que vecinos trabajen en curtiembres"

Jorge Ortiz, concejal vecinal del comunal 14, e integrante de la Comisión de Medio Ambiente junto a Pedro Pena y Teresa Salles, dijo a El País que se busca que los vecinos trabajen en las curtiembres de la zona.

"Antes mucha gente del barrio trabajaba en las curtiembres, un poco se perdió eso, la preocupación de un vecino de la zona trabajando en la curtiembre no es la misma que la de una persona que vive en otro barrio que termina su jornada laboral y se desprende de la problemática del barrio, por eso hacemos énfasis en que las curtiembres contraten gente de la zona, para que en definitiva puedan cuidar un poco más los procesos de las diferentes plantas".

Ortiz señaló que junto a un grupo de vecinos y los mismos dueños de las empresas se trabaja para disminuir la problemática del mal olor, que en definitiva es lo que le molesta a los que viven en el área. En este sentido, es que la próxima semana se instalará una mesa de trabajo junto a la IMM.

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