EN LA RAMBLA Y AVENIDA BRASIL

Cuando nació la moda de los baños de mar en Montevideo

El nuevo Hotel de los Pocitos en tiempos de flamantes tranvías eléctricos.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El edificio del hotel proyectado por Adams fue demolido en la década de 1930. Foto: CdF

Hace 135 años, en 1882, comenzaba la construcción del primer Hotel de los Pocitos, y surgía el centro social de verano más importante que tuvo Montevideo hasta comienzos del siglo XX. La iniciativa fue impulsada por la empresa de tranvías que cubría la línea este de la ciudad, y que en su afán por extender sus servicios y ganar pasajeros hizo edificar primero una gran terraza con casillas para baños de mar y luego un hotel de madera que congregaría en verano a la sociedad montevideana y a la porteña.

Los baños de mar comenzaban a ponerse de moda. Biarritz en Francia y Brighton en Inglaterra se consolidaban como centros turísticos y sus playas constituían el mayor atractivo. Las nuevas costumbres europeas no demoraron en atravesar el Atlántico y desembarcar en Montevideo.

Pero también hubo razones de salud para que la clase alta montevideana, paulatinamente cambiara su costumbre de pasar los meses cálidos del año en sus quintas del Prado, Paso del Molino y Colón por la costa del Río de la Plata. La tuberculosis hacía estragos en la ciudad y los médicos aconsejaban que el mejor antídoto para prevenir la letal enfermedad era respirar el aire de mar.

Construido sobre pilotes de madera, en lo que hoy es la rambla, entre avenida Brasil y Massini, el hotel se adentraba en el agua de manera tal que sus huéspedes no tuvieran que pisar la arena para bañarse. Bajaban por escaleras y luego, en carritos se internaban en el agua: las mujeres en un sector y los hombres en otro, bien distantes entre sí.

"La estación de baños de mar, está muy concurrida este año", comentaba en 1892 un cronista social de la Revue Illustree du Río de la Plata, una publicación mensual que se editaba en Buenos Aires y que, escrita en francés y español, traía artículos mundanos de las dos márgenes del Plata. "La administración ha hecho de todo para atraer a los bañistas: un buen restorán y una excelente orquesta ameniza las veladas del Hotel de los Pocitos".

El primer Hotel de los Pocitos se mantuvo en pie hasta mediados de la primera década del siglo XX. Crónicas de esos años señalan que un incendio afectó seriamente sus instalaciones y debió ser clausurado.

No obstante, el siniestro coincidió con la concesión por parte de la Junta Económica y Administrativa de Montevideo, por 75 años, de los servicios de tranvías a la Sociedad Oriental integrada por capitales ingleses. Dicha empresa introdujo los tranvías eléctricos en Montevideo en 1912, sustituyendo la tracción a sangre.

Tenía a su cargo las líneas del este (Pocitos, Buceo y Malvín), además de los servicios a la Unión y el Reducto.

El 31 de diciembre de 1913 inauguró el nuevo Hotel de los Pocitos con una fiesta de la que toda la prensa de ambas orillas del Río de la Plata se hizo eco. El majestuoso edificio de material fue diseñado por el arquitecto británico John Adams, que, convocado por el Banco de Inglaterra para reformar su sede en Montevideo, había llegado a Uruguay años antes.

Un paseo histórico.

Adams se inspiró en los hoteles de Brighton para construir el de los Pocitos. Dotó al edificio de los servicios más modernos que se brindaban en los establecimientos similares del balneario del sur de Inglaterra e hizo edificar una gran terraza que penetraba en el mar.

Allí, en las tardes, paseaban los hombres de traje y rancho de paja y las mujeres jóvenes y solteras con sus sombrillas de mano y capelinas, acompañadas siempre de sus correspondientes chaperonas.

El mismo flirteo que en otoño e invierno se daba por la calle Sarandí entre semana o por el paseo del Prado los sábados y domingos, se trasladaba desde el 8 de diciembre a mediados de marzo a la terraza del Hotel.

Adams fue un hombre que dejó su huella en Montevideo. Hoy aún se mantienen en pie varias de sus obras. Pergeñó y diseñó, entre otros, el edificio que, por décadas, ocupó el London París en 18 de Julio y Río Negro, el Teatro Victoria en la calle Río Negro y la que fuera sede de la Compañía de Aguas Corrientes, en la calle Rincón y Zabala.

El nuevo hotel surgió en un balneario que había cambiado mucho. Su entorno se había poblado de lujosas residencias de veraneo. Las imágenes son elocuentes. Además, se inauguró en un momento de auge económico en el país y de un crecimiento del turismo procedente de Buenos Aires.

Pero ya no estaba solo para ofrecer sus servicios a los veraneantes. Cerca de allí, el Parque Hotel, en su espléndido edificio sobre la playa Ramírez, convocaba a muchas familias locales y de Argentina, y pocos años más tarde también lo haría el Hotel Carrasco.

En 1923 un temporal se llevó su emblemática terraza, fue la misma tempestad que cambió la geografía de la playa. Doce años más tarde una nueva sudestada dañó seriamente su estructura que parecía indoblegable. Cerró sus puertas definitivamente, para poco después ser demolido.

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