LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

De nabos y vivos

Andan por la vida fomentando la lucha de clases. Combatiendo al gran capital. Denostando a todo aquel que se atreva a pensar diferente. Y decidiendo, a su antojo, lo que puede hacerse y lo que no en este bendito país. Son dirigentes sindicales. Tienen más poder que el mismísimo presidente de la República. Y manejan el Uruguay a su gusto.

Hablan siempre de los derechos del trabajador. Nunca de sus obligaciones y sus responsabilidades. Se trata siempre de trabajar menos y de ganar más. Nunca de trabajar mejor. Eso quisiera el empresario, que para ellos no es sino un explotador. Y al explotador no hay que darle nada. Ni la mano. No sea cosa que crea que puede mandar en su propia empresa. Nada de eso. Manda el sindicato. Y el que no lo quiera entender por las buenas, lo terminará por aceptar por la vía de los paros, las ocupaciones y los piquetes. ¿Ve cómo hablando la gente se entiende?

A estos muchachos no les gustan las multinacionales. Ni las zonas francas. Ni los tratados de protección de inversiones. Ni las exoneraciones fiscales. Ni las Afap. Ni el mercado de valores. Ni los fideicomisos. Ni los tratados de libre comercio. Ni los supermercados. Ni los shoppings. Ni el consumo. Ni los bancos. Ni las patentes. Ni los Estados Unidos. Ni Temer. Ni Macri.

Tampoco les gustan las privatizaciones. Si de ellos dependiera, todo sería del Estado o estaría manejado por los trabajadores sindicalizados y, obviamente, subsidiados por el Estado. Las empresas darían pérdidas millonarias, como Ancap, Alur, Alas Uruguay y todos los emprendimientos financiados con dineros del Fondes. Pero lo importante es que todos mantendrían sus empleos. Después de todo, para eso pagamos impuestos los nabos de siempre. Para que un grupo de privilegiados, que no es chico, pueda seguir viviendo sin sobresaltos. Y un puñado de sindicalistas pueda seguir arrastrando al país a la ineficiencia, levante la basura cuando quiera y nos deje a pie cada vez que les venga en gana. Total, mandan ellos. Nosotros, solo pagamos su fiesta.

¿Qué pasaría si un día, cansados de aportar para pagar las ineficiencias y derroches ajenos, los uruguayos que cargan sobre sus espaldas con el peso del Estado y la cada vez mayor burocracia sindical decidieran dejar de hacerlo?

¿Qué sería de los sindicalistas si "el gran capital" al que tanto critican decidiera dejar de financiar la fiesta? ¿Quién generaría empleo? ¿El Estado? ¿Y con qué recursos pagaría los salarios y costearía sus enormes gastos de funcionamiento?

¿Qué sucedería con los sindicalistas que hoy viven de promover movilizaciones, llamar a la lucha, hacer paros, de organizar ocupaciones y piquetes, cortar calles y de poner el palo en la rueda? ¿Contra quién lucharían? ¿Tendrían que volver, después de tanto tiempo, a trabajar de verdad? Porque hoy trabajan, pero de sindicalistas. Y de agitadores. ¿Pero cuánto hace que no hacen la tarea de los compañeros de su sindicato?

¿Se acordarán cómo se hace?

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