LA COLUMNA

La música no es lo que importa

En una nota reciente que reseñaba el documental sobre el Indio Solari, Vorterixindio, el periodista Juan José Becerra se preguntaba cuándo fue que dejó de importar la poesía y empezaron a importar los números en torno al Indio Solari.

Más allá de que cada uno puede tener su propio antes y después, Solari dejó hace unos cuantos años de encarnar algo estrictamente musical. Más místico que artístico, más sociológico que rockero, los fenómenos de Los Redondos y el Indio Solari estuvieron, demasiado a menudo, impregnados de cosas que van más allá de las canciones y los discos. Que si Los Redondos o Soda, fue lo primero. Aunque el planteo fuera futbolístico, ahí había al menos un terreno para cotejar estilos, para comparar cantantes, para evaluar ideas musicales. Pero en algún momento empezaron a preponderar los números, que se sumaron al vocabulario católico de la cultura ricotera: misa, peregrinación, ritual... La combinación de la voracidad por juntar cada vez más gente, y el fundamentalismo —el dogma— que sostiene a sus seguidores desembocó en esta tristeza: dos muertos, muchos heridos y desazón. Y, también, en una legión de admiradores que no puede admitir ninguna fisura en la figura del líder. Ya quisiera Kim Jong-un contar con este tipo de devoción ciega, a prueba incluso de la realidad misma. Sin embargo, esta vez se vieron indicios que no toda la casa ricotera está en orden. Por primera vez empiezan a aparecer disidentes, los que empiezan a mostrar señales de arrepentimiento ante un fenómeno que, hasta ahora, parecía tomar como algo natural que se produjeran avalanchas, que hubiese heridos, que no se cuidase ni respetase a aquella parte del público, la mayoritaria, que pagaba entradas y sostenía los vulgares lujos de Solari. Las puteadas, la bronca con el Indio, se hizo notar más esta vez. Quizás porque ahora se tiene más claro que el Indio maneja todo. Lo dice él mismo en el documental ya mencionado: "Yo compongo la canción, hago los arreglos, hago la producción artística en el estudio, hago la lírica, lo ilustro, lo fabrico y lo vendo". Si Solari le pusiera Yo, el más grande. Yo, el más importante a una hipotética autobiografía, nadie le podría reprochar falta de sinceridad. Quedará para el futuro poner al Indio Solari —primero co-mo parte de Los Redondos, y luego como solista— en su justo lugar. La tristeza que generaron las muertes, el incómodo silencio de Solari durante los momentos más aciagos y el escueto y soberbio comunicado posterior, no permiten, por ahora, una evaluación menos apasionada y más ecuánime. Pero el ajuste de cuentas de la Historia llegará.

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