JUAN CARLOS LÓPEZ

"La murga y el tango son guetos, el folklore no"

Conoce el folklore y las fiestas tradicionales orientales como pocos.

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Juan Carlos López. Foto: Francisco Flores

Los grandes festivales traen cada vez más artistas de otros géneros y nacionalidades, y a muchos folcloristas les rechina, sienten que pierden espacios.

Sin embargo, López sentencia que a las personas no se las puede “clasificar” y que el folklore es el género más abierto a otros ritmos y estilos. Asegura que sin el apoyo de las intendencias las grandes fiestas tradicionales del interior no podrían existir. Defiende las herencias culturales y sociales del país como una forma de cadena de conocimientos que hace mejorar a las personas, generación tras generación.

—¿Cuál fue el primer festival en que fue protagonista?

—Estaba en Radio Rural, fue en 1972. En el Club Atlético Goes hice un espectáculo impresionante con Omar Romano, Donato Racciatti, Morenada, Olga Delgrossi, Santiago Chalar. No fue nadie. Creí que juntando a todos iban a ir todos los que los seguían a cada uno. Pagué hasta el último peso. Desde ese momento no manejo libretas de cheques. Quedé con ganas de revancha y se dio en el interior, en Villa Ansina, Tacuarembó. Con la sociedad criolla "Tizones de Ansina", con Antonio Ferrés a la cabeza, veíamos el canto nuestro o popular. Hicimos un espectáculo donde por primera vez se incluyó la misa criolla.

—Ahora hay festivales que mueven 30.000 o 40.000 personas en sitios remotos. ¿Qué hay en los festivales folclóricos que llevan tanta gente?

—Es un fenómeno complejo. ¿Cuáles son las radios o los promotores de Carlos Malo, un tipo de referencia? ¿Dónde se escucha a Soledad o Jorge Rojas? No se escuchan. Sin embargo, están. Esto es un largo proceso. Hay una encuesta de la Facultad de Humanidades, que repite cada dos años, sobre gustos musicales: el folklore tiene 28% de preferencias; la salsa está en segundo lugar y el carnaval tiene 4%. La música folclórica, la del Pepe Guerra, Chalar o Estramín, la que está en el colectivo. Cuando a la vuelta de la democracia se hace el primer Festival del Olimar fueron todos los candidatos, hubo una payada en que se habla de la "salida renga" y se preguntaban "qué se estaba festejando si el que podía ganar está preso". Y se les vino la barra arriba, gritaban y ellos seguían. Se había consolidado la libertad. Esa marca en los eventos se da siempre. Son fiestas que se producen y consolidan en el interior. Nunca un gobierno departamental le preguntó a los cantores a qué partido votaban o para qué lado pateaban. Las mayorías han sido intendencias blancas. Estos eventos tienen una ancha base, es un momento para juntarnos, no importa lo que piensa el que está al lado y desde arriba no viene ningún tipo de línea. En la base de la organización no hay gente dispuesta a la utilización política partidaria de esos eventos. Ningún intendente lo hizo y si no está la plata de la Intendencia no hay festival. Después en las Juntas los critican. Y eso se continúa en el tiempo.

—¿Hay un cambio en el público?

—Ante aquella platea con gente sentada, mirando a Chalar o a algún payador, o solistas de guitarra, aparece un Pepe Guerra con batería y teclados y la gurisada empieza a moverse por los costados y de repente se le metieron adelante de los viejos. La gente se queja pero lo muchachos no son para estar sentados, son para bailar y se les pegó esta cuestión. A las dos de la mañana cierra el festival y se van a un boliche de música electrónica o de cumbia y ahí se quedan hastaa las diez de la mañana. Aquel que piense hacer un análisis de todo esto tiene que tener una mente muy abierta, tanto como la gente más común. La gente es un combo, depende de la hora del día, las ganas, el laburo, la vida. No hay que extrañarse si Natalia Oreiro viene a San José o Palito Ortega va a Durazno. Nosotros llevamos al gran Gustaf a Pan de Azúcar, el año pasado 15.000 personas lo aplaudieron de pie, bajó llorando.

—¿Qué define a estos festivales?

—Estos eventos son la cultura inclusiva, abierta. Los otros son guetos culturales, como el tango, la murga, son impenetrables. Antes había folcloristas en los tablados, después los borraron. El canto folclórico no tiene problemas con que venga La Catalina o Pitufo. Yo soy blanco pero la mayor parte de los artistas que he contratado piensan diferente. Somos de una época en que la tolerancia existía. ¿Qué tiene que ver que el otro piense diferente? Ahí está el apoyo masivo a los festivales folclóricos. Abrieron las puertas a otros ritmos en tanto ellos no le abren las puertas al folklore. Hay algunos tontos que quieren clasificar a la gente. Los festivales son ejemplos de acción en libertad. Pasarlo bien, divertirse. Si alguno viene a proponer determinado asunto se equivoca, acá la gente viene a divertirse, ya se peleó con la UTE, el IRPF y vos querés meter el dedo en la herida.

—¿Hay una industria del folklore?

—Hay 10 o 15 festivales grandes al año y muchos medianos y pequeños. Un evento a beneficio de una escuela o un raid hípico no da para pagar a un artista $ 30.000 o $ 40.000. Lo menos que pide un folclorista que está empezando son $ 15.000 por una actuación de 40 minutos. Los artistas más grandes que tuvo este país actuaron muchas veces gratis, sembraron mucho y después recogieron.

—¿Cuál fue el artista más caro que tocó en un festival del interior?

—En la Semana de la Cerveza de Paysandú Fito Paez cobró hace 10 años US$ 50.000; en su momento Natalia Oreiro cobraba lo mismo, no sé ahora. Lo que pasa es que si eso reditúa en venta de entradas vale la pena. Ahora para el festival de Pan de Azúcar tenemos a Jorge Rojas (ex Los Nocheros) y Carlos Malo y Copla Alta no se pueden enojar porque él es un gran convocante. A nivel folclórico el que despegó es Abel Pintos, su carrera es rutilante, no sé cuánto cobra.

—Estamos en medio de una cultura individualista, llena de tecnología. ¿Cuál es el futuro de los festivales?

—Creo que lo mejor que nos puede pasar es que sigan los eventos. Si mañana hacés un evento en Montevideo con la gente que anda ahora, cerrá la calle porque se llena. La mitad de la población de Montevideo somos canarios. Estos eventos han pasado por momentos difíciles pero en tanto las gestiones municipales entiendan que esto es inversión en cultura y no es gasto, esto tiene larga vida.

—El Ministerio de Turismo paga a artistas para los festivales. De hecho hubo una polémica con Larbanois Carrero hace poco tiempo.

—No, muy poquito. Justamente a raíz de lo que pasó con Larbanois Carrero eso se revisó. Hay 200 fiestas de todo tamaño y todas piden. Hasta ahora es un criterio político, pero no debería ser así. Hay que ir a todos los pueblo y preguntar qué quieren hacer. Siempre hay criterios políticos, ahora hay una predisposición notoria del gobierno de apoyar las murgas, es notorio. Si yo fuera ministro de Educación y Cultura llenaría el país de eventos folklóricos. Hay dos modelos enfrentados. Cuando Tabaré Vázquez asumió habló de "maldita herencia" y me hirió el alma. Yo pensé en mi padre que llegó a los 13 años de Asturias y trabajó en el bar El Hacha. Se murió sin poder ir a ver a sus hermanos en España. Mi padre es la herencia. Están los que llegan y dicen "de aquí para adelante soy yo, para atrás no hay nada". Mi primera obligación es pasar mis conocimientos a mis nietos, ellos tendrán otros conocimientos por lo que sus hijos serán más inteligentes que yo. Es la cadena, si sacás un eslabón la cadena se va a la mierda. Nada me hace pensar que todo lo de atrás sea malo.

50 años ante el micrófono

Conductor del programa Americando que se emite desde hace varias décadas por Canal 12, hombre de radio y promotor de la cultura folclórica y sus artistas, es además un activo colaborador en la organización de eventos tradicionalistas.

Muchos de ellos llevan su sello personal en detalles que van desde la misa criolla a la grilla de artistas más taquilleros del momento. Habla pausado pero con contundencia, utiliza los silencios con la maestría que le otorgan casi 50 años ante los micrófonos. Cercano a la vida de la producción, es católico practicante y blanco convencido. Se manifiesta tolerante con todas las formas de pensar. De hecho, durante toda su vida profesional trabajó junto a personas que veían el mundo de otra manera.

Nombre:

Juan Carlos López

Edad:

70 años

Profesión:

Conductor de televisión y radio

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