LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

Mundial 2020

Pobre de quien venga atrás. Sin mayoría parlamentaria va a tener que liderar una tarea ingrata, aunque ciertamente impostergable. Si la hace, es probable que se le valore en el futuro, cuando ya no esté en el cargo. Si no la lleva a cabo, quizá no haya futuro.

El gobierno que asuma el 1 de marzo de 2020 va a tener que hacer todo lo que durante quince años no se hizo. O no se quiso hacer. O no se supo cómo hacer.

Va a tener, además, que revisar lo hecho. A fondo. Deberá encarar una exhaustiva auditoría para determinar cómo se utilizaron durante quince años los dineros de los contribuyentes en las diferentes reparticiones del Estado. Y hacer públicos los resultados de lo actuado tan rápido como sea posible para no ensuciar nombres de quienes hayan actuado como corresponde (una amplísima mayoría), y llamar a responsabilidad a quienes pudieran haberse desviado del camino.

Si hay una herencia maldita, el nuevo gobierno deberá hablar claro, sin ambages ni dilaciones.

Quien asuma la conducción del país deberá enfrentar, sin temores, a las corporaciones. El país debe encarar cambios tan trascendentes como urgentes. Quienes se oponen siempre a los cambios van a poner todo tipo de palos en la rueda. Deberá quedar claro, desde el vamos, quiénes quieren reformar la educación, mejorar de una vez la seguridad y bajar los costos del Estado para que el país pueda competir, y quiénes quieren que todo se quede como está, porque son los grandes beneficiados por la eterna inacción que nos tiene anestesiados.

Habrá que haber hablado claro en la campaña. Menos eslóganes y jingles pegadizos y más sustancia. Habrá que encarar los debates para que los ciudadanos sepan qué destino quieren elegir para su país y el de sus hijos y nietos. Porque ese será el sustento que tendrá quien asuma el gobierno en 2020 para alinear a propios y extraños detrás de la tarea a desplegar.

Habrá que tener el coraje de hacer la reforma del Estado de la que todos hablan antes de asumir pero nadie encara cuando es gobierno. Si se va a seguir tomando funcionarios públicos, comprando autos de alta gama para jerarcas que ganan salarios suculentos, publicitando servicios monopólicos y poniendo al Estado a complicarle la vida a quienes trabajan y emprenden, perfecto. Hay que decirlo. Y si se va a empezar a cuidar cada peso del contribuyente como si fuera propio, y se van a cortar excesos y privilegios, a combatir despilfarros y a sacarle el Estado de las espaldas a quien quiere ir a más, también. Después de todo, ¿de qué sirve que a uno lo elijan si luego no puede hacer lo que pretende hacer porque la gente no le apoya? Quienes tienen aspiraciones presidenciales para 2019, ¿qué proponen? ¿Más de lo mismo? ¿Lo mismo? ¿Algo un poco diferente? ¿Un cambio profundo?

Quizá sería hora de que empiecen a explicar qué país quieren. Pero que digan la verdad. De nada sirve decir que no van a poner más impuestos si luego hacen lo contrario. O que no van a tocar tal o cual beneficio, si sienten que es preciso tocarlo. ¿Serán capaces? La ciudadanía espera. [email protected]

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