MARÍTIMAS

Montevideo: tres siglos, puerto de servicios

La capital uruguaya fue un espejo de agua que actuó como refugio salvador pero también como puerto de enlace con todo el mundo.

CAP. Bruno Pellizzetti. Foto: El País
CAP. Bruno Pellizzetti. Foto: El País

En nuestra nota anterior nos referimos a la importancia que tuvo nuestro puerto durante casi tres siglos y para decirlo más precisamente fue desde 1776, actuando como el puerto oficial de España bajo la denominación de Apostadero Naval, y también puerto de la región.

Pero se podría decir que todo el mundo naval pasó por Montevideo para desde aquí profundizar horizontes sudamericanos, navegando sus ríos Paraná, Paraguay, Uruguay, y los océanos Atlántico y Pacífico. Fue un espejo de agua que actuó como refugio salvador pero también como puerto de enlace con todo el mundo.

Era el único puerto como tal del Atlántico, era el gran puerto; lo firmó el rey Carlos III, pero lo seleccionó la Real Armada Española que tenía enorme poder político y que seguramente, imaginamos nosotros, que muchos asuntos marítimos rioplatenses estaban por sobre el virrey en Buenos Aires.

Hubo tiempos más cercanos en los que fueron numerosos los barcos que por mal tiempo dejaron en Montevideo mercaderías que iban para Buenos Aires y que también por otras razones menos circunstanciales también lo hicieron, lo que frecuentemente exasperaba a los de enfrente y perjudicaba sus intereses aduaneros porteños privados y oficiales; fueron aquellos los primeros años del siglo XIX.

Desaparecido el virrey y también el Imperio es un hecho que la Argentina era ya un enorme país rico, demográficamente millonario, y Buenos Aires mostró su poder como puerto frente a Montevideo que continuó confrontando hasta no hace mucho tiempo, digamos en los tiempos de Zeballos. Pero es obvio que Montevideo fue el gran y único puerto a lo largo de casi tres siglos. Y lo seguiríamos siendo si…

CORUMBA.

Nosostros fuimos testigos de aquel intenso movimiento de embarcaciones del mediterráneo sudamericano que regularmente venían a Montevideo.

Eran tres hermosas y estilizadas motonaves que venían de Corumba y traían productos que reembarcaban acá con destino a Brasil y tenían capacidad tambien para pasajeros: “Argentina”, “Uruguai” y el “Brasil” que de regreso cargaban en Montevideo productos brasileños que venían de puertos del Atlántico brasileño en tránsito y también mercaderías uruguayas.

Eran el enlace entre Mato Grosso y el Brasil Atlántico a través de nuestro puerto, pues no había carreteras y algunos escasos ferrocarriles en aquel Mato Grosso. Recordamos que a uno de los capitanes que conocimos le encantaba Montevideo porque “era como estar en Europa” nos decía.

Se llevaban de Montevideo muchas mercaderías, entre ellas harina y caña Espinillar que decían era mejor que el whisky. También venían numerosas embarcaciones paraguayas de armadores privados.

Pero años más tarde, fines de los años ‘50 y principios de los ‘60, Montevideo recibió dos flamantes flotas de barcos paraguayos construidos en España y en Japón, eran hermosísimas embarcaciones construidas especialmente para navegar los ríos Paraná y Paraguay, y todas ellas pasaron por Montevideo y por años sostuvieron un servicio regular.

Por consiguiente todos los días teníamos en Montevideo tres, cuatro y hasta cinco naves paraguayas descargando mercaderías en tránsito que a su vez levantaban las llegadas del exterior con destino a Asunción.

Nosotros vimos llegar en un barco de ultramar una draga desarmada que luego llevó una de estas embarcaciones para Asunción. Hay que decir que en aquellos años de posguerra el puerto ya era chico y a los barcos paraguayos no les faltaban problemas todos los días mientras estaban en nuestro puerto.

Los cambiábamos de muelle dos y tres veces para dar sitio a barcos de ultramar, con los consiguientes y enormes gastos que tal operación exigía.

Tambien llegaban esporádicamente embarcaciones brasileñas desde el puerto de Cuiba o Cuyaba, puerto ubicado más al norte de Corumba donde nosotros estuvimos en un Congreso por la Hidrovía P. P.

Por entonces el ferrocarril comenzó a unir el Brasil y este movimiento desapareció y más aún cuando el lobby automotriz se instaló en el Brasil y aparecieron los camiones y se construyeron las carreteeras.

PELLIZZETTI.

En nuestra nota anterior (25/09/17) nos referimos al Cap. Bruno Pellizetti, un marino italiano por tercera generación, que huyó del fascismo y se instaló en Buenos Aires muy joven, navegó todos los ríos de la región, que los conocía como la palma de su mano.

Era su predilección la navegación fluvial, pero hombre inteligente y estudioso, fue además fundador de conocidas empresas de navegación en Argentina convirtiéndose en un notable empresario y ameno escritor de varios libros.

Sí señor, lo encontramos un día en Asunción y nos contó su apasionante vida augurando un futuro brillante para los tres ríos, pero sobre todo nos dio información de la importancia del puerto de Montevideo y su historia.

“A Corumba llegaban en 1910 buques de pasajeros en línea directa desde Alemania con escala en Montevideo”, nos dijo. En 1891 llegó de Glasgow el barco “Yvera Correntino” con rueda popel de 36,25 metros de eslora. Pero los paraguayos vinieron todos desde la Colonia.

Más tarde le siguieron otros modelos de barcos que trajo de Inglaterra Mihanovich como el “Corumba’’ y el “Asunción” de 62,40 de eslora. Dice Pellizzetti que por el Alto Paraná a pesar de sus sinuosidades y fondo de piedra, navegaban barcos de 60 metros de eslora con timonera al frente para favorecer la navegación por baquía. Mihanovich llevó en 1930 al barco “Venus” de 91,90 metros hasta Foz de Iguazú, naturalmente en plena creciente, y debe haber sido toda una hazaña. Este “Venus” venía a Montevideo.

M. OLINDA

El primer buque mercante a vapor que navegó por el río Paraguay fue el “Marqués de Olinda”, brasileño, que hacía la carrera desde Montevideo a Corumba.

Pero se sabe que en la época colonial esta ruta la hacían veleros que demoraban de dos a tres meses en remontar el río hasta Corumba y en el regreso a favor de la corriente empleaban de 30 a 40 días, y se afirma que así como salía el caucho brasileño por Manaos en los años 19l9, por el río Paraguay salía el caucho del oriente boliviano, los puertos de embarque eran Bs. Aires y Montevideo.

En 1931 se implanta el servicio de pasajeros entre las ciudades de Corumba y Asunción con la nave “Cap. Arcona”. Fue el 8 de agosto de ese año en cuya oportunidad hizo el viaje Alberto Dodero, un conocido y poderoso armador argentino. Seguiremos el próximo lunes.

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