UNIVERSIDAD ESTATAL

A la mitad de los arquitectos la carrera les llevó más de 12 años

En Economía y Ciencias Sociales también hay retrasos de entre 4 y 6 años.

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El 90% del alumnado se cambió al nuevo plan. Foto: F. Flores

La enorme escalera de ingreso a la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República quizás sea una alegoría de lo que ocurre puertas adentro. Para la inmensa mayoría de los estudiantes de este recinto, el título de grado está bastante más lejos de lo que figura en los papeles al inicio de los cursos. Como en la Utopía de Eduardo Galeano, la meta parece alejarse cada vez más a medida que uno avanza. Del total de quienes egresaron hace un año y medio, el último dato disponible, al menos la mitad tardó más de 12 años en acabar la carrera: el doble de lo que, en teoría, les debía haber demandado.

Mientras seis de cada diez estudiantes de Medicina llevan la carrera en tiempo y forma al sexto año de cursada, entre los futuros arquitectos los dichosos son el 0%. Es decir, en Medicina, a pesar de estar ante la carrera más larga, la mayoría se recibe con menos rezago que en Arquitectura.

El efecto delay para graduarse es una constante en las diferentes facultades públicas del país. La mitad de quienes egresaron de UdelaR en 2015, independientemente de qué orientación hayan cursado, demoraron en culminar sus carreras un 60% más de tiempo respecto a la duración teórica de la misma, según un documento de la División Estadística.

En diez de los 21 servicios de UdelaR, la "mediana de incremento de la duración de la carrera" (como se dice técnicamente a este rezago) supera el promedio (ese 60% de retraso). Pero hay tres facultades en las que la tardanza duplica a la duración teórica en al menos la mitad de los egresados: además de Arquitectura, sucede en Economía y en Ciencias Sociales.

Casualidad, o no, estas tres facultades han estrenando un nuevo plan de estudios en la última década. En Arquitectura, de hecho, en este 2017 arrancó el plan aprobado hace dos años y que hizo que nueve de cada diez estudiantes (unos 4.000) optaran por migrar al nuevo modelo.

Ya hubo un intento previo de acortar la carrera, en base al plan 2002, pero "no produjo el efecto deseado sino el contrario", explicó Pablo Kelbauskas, asistente académico de la Facultad de Arquitectura. Eso llevó a que en 2015 se aprobara una nueva iniciativa que redujo en un año la cursada (pasó de seis a cinco), equiparó el tiempo con la universidad privada y retomó la duración de la carrera previa a la intervención de la dictadura.

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Los casi 700 matriculados nuevos que recibió la Facultad de Arquitectura este año, más aquellos que cambiaron de plan, son los primeros en estrenar el nuevo modelo. De ahí que sea "muy pronto" para evaluar los resultados. Sin embargo, hay un indicador que entusiasma a las autoridades del centro de estudios: "Se ha multiplicado la cantidad de gente en la carrera, en los pasillos, en la facultad", resumió Kelbauskas.

La Facultad de Arquitectura tenía el índice más alto de estudiantes que iban a academias privadas para sortear los obstáculos de la carrera. Algunos de los cursos reglamentarios contaban con cupos, lo que hacía que, para dar un examen, el alumno recurría a profesores particulares.

"El nuevo plan eliminó los cupos, concentró los horarios en un único turno (para que el alumno no tenga que cursar unas asignaturas por la mañana y otras por la noche, por ejemplo), y flexibilizó la cursada", contó el asistente académico.

Haciendo cuentas.

La Facultad de Economía es la que está teniendo un acortamiento de la carrera más sorprendente. De hecho "la foto" sobre la cantidad de egresados en tiempo en 2015, "no es un reflejo" de los porcentajes actuales, explicó su decano, Rodrigo Arim.

Este servicio modificó su plan en 2012, tras 22 años de una situación incambiada. La modificación acortó la carrera de cinco a cuatro años. Ya en 2015 los resultados eran alentadores: entre el 2000 y 2010, solo el 16% de los graduados lograron la obtención del título con un año de rezago o menos. Cinco años después, el porcentaje ascendió a 24%.

La necesidad de profundizar estos cambios fue la que motivó a Arim a plantear su renuncia el año pasado, si es que no contaba con el apoyo de los diferentes órdenes. Cuando puso a disposición su cargo, explicó: "Existe un efecto desaliento: estudiantes que internalizan que la carrera es difícil de culminar en un tiempo razonable y enfrentan un costo de oportunidad elevado por su situación familiar o económica, tienen incentivos muy fuertes a abandonar". Además, agregó: "Una duración tan larga de las carreras de grado conlleva a una inserción tardía como profesional recién egresado en el mercado de trabajo, deteriora la calidad de las trayectorias laborales a lo largo de ciclo de vida".

Esta necesidad de cambio también golpeó la puerta del Decanato de Ciencias Sociales. Allí el plan 2009 mantuvo la carrera en cuatro años, pero buscó una flexibilización. El problema, en este servicio, explicó Nicolás Fiori de la División Estadísticas de UdelaR, es que "el tener una tesis al final para recibirse, atrasa mucho a los estudiantes". A la mayoría le demora un año o más: la cuarta parte de la carrera.

El 40% de los que ingresan, trabajan.

Hay dos escuelas: aquella que sostiene que es importante que los alumnos trabajen mientras estudian porque eso les aporta experiencia y otros conocimientos, y la que entiende que al momento de cursar la carrera lo mejor es abocarse por completo a ella. En medio está la realidad. Cuatro de cada diez nuevos matriculados en UdelaR ya están empleados cuando inician la facultad. Y otros dos de cada diez están desempleados, pero buscan hacerlo.

Este fenómeno cobra cada vez más fuerza, acorde los estudiantes de sectores más desfavorecidos van accediendo a la educación superior. Y se hace más notorio cuando avanza la carrera y los alumnos se van emancipando. Este factor es, dentro de un asunto multicausal, lo que más delata el egreso, explicó Nicolás Fiori, de la División Estadística de UdelaR.

Pero esta causa es común a todos los servicios, por eso varias facultades iniciaron sus reformas en el entendido de que, ante un público similar, en unas demoran en graduarse más que en otras, justificó Pablo Kelbauskas, asistente académico de la Facultad de Arquitectura.

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