EDUCACIÓN

Unos 20 mil alumnos faltaron a la escuela más de 50 días

Son el 8% de los matriculados y acudieron a clase entre 71 y 140 días.

Foto: Darwin Borrelli
Foto: Darwin Borrelli

Cuando la gripe A encendió la alarma, en 2009, y las casas de los uruguayos comenzaron a llenarse de alcohol en gel, uno de cada diez estudiantes faltó a la escuela al menos un mes y medio. Siete años después, y sin ninguna pandemia como excusa, las asistencias insuficien- tes siguen "preocupando" a las autoridades de turno.

Cada 100 estudiantes matriculados en las escuelas públicas el año pasado, hubo ocho que tuvieron una asistencia "insuficiente". Estos cerca de 20 mil escolares acudieron a clase entre 71 y 140 días, cuando el año lectivo llega a casi 190. Un poco por enfermedades, otro tanto por la "subvaloración de la educación inicial", por problemas de transporte y mucho por una propuesta educativa poco atractiva explican estos faltazos, según el consejero de Primaria Héctor Florit.

Aunque la cifra se ha mantenido estable en los últimos tres años, e incluso ha mostrado un mínimo descenso en 2016, se está en más de 3.000 niños más con asistencias insuficientes frente a 2011 y en valores superiores a la crisis de 2002 (puede que entonces hubiera quienes iban por un plato de comida).

Los más pobres faltaron un 10% más que los más ricos, constatándose un "aumento importante" de la brecha en relación a lo que sucedía hace una década, enfatizó el Monitor Educativo de Primaria que les fue presentado la semana pasada, en privado, a los consejeros.

Ante este escenario, Florit cuestionó que cada año se esté discutiendo la validez de retener las asignaciones familiares por el ausentismo estudiantil. El consejero es de los que entiende que el envío de los niños a la escuela es una obligación de los padres, un derecho de los alumnos y que "las políticas públicas deben ir en esa línea".

Todo hace pensar que el ausentismo de los maestros no justifica la pérdida de clases, porque aunque sigue habiendo inasistencias de docentes, "existe un régimen de suplencias inmediatas", explicó Florit.

Tampoco parece ser que las enfermedades hagan hoy la diferencia: en promedio los alumnos faltan "entre tres y cuatro días al año" por esta causa, y el "promedio no se ve influenciado por el nivel socioeconómico", había dicho Rolando Viotti, médico asesor del Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP). En todo caso, el ausentismo por enfermedad está diferenciado por la edad: los más chicos faltan, en promedio, seis días y los más grandes solo un día y medio.

Para Pablo Da Silveira, quien dirige el Programa de Gobierno de la Educación en la Universidad Católica, la explicación del fenómeno es bastante sencilla: "La gente pasó a percibir que aun cuando se falte mucho igual lo promueven". Y parte de la estadística le da la razón: la tasa de repetición de primero a sexto continúa a la baja y en 2016 alcanzó el valor más bajo desde que hay registros (4,7%).

"Desde la época de Varela", dijo Da Silveira, "uno iba a la escuela a aprender. Ahora es ir por ir; acudir se convierte en un fin en sí mismo, lo que implica una renuncia a enseñar".

Florit discrepó con tal postura y explicó que "es muy probable que las mismas familias que no tienen una valorización adecuada de la educación y a las que tampoco parecen afectarles las sanciones (administrativas y judiciales) porque sus hijos falten, difícilmente se vean persuadidas por si es más fácil o no salvar el año".

Pero aunque el indicador de promoción esté un poco vapuleado por la academia, el Monitor Educativo de Primaria permite sacar algunas conclusiones: la repetición en los dos quintiles más pobres, más que duplica a la registrada en el quintil más rico. Lo que, en palabras de Da Silveira, es otra muestra de que "si usted es pobre, en este sistema, no va a aprender".

Las escuelas rurales y sobre todo las de práctica (que son aquellas en que se están formando los futuros maestros), siguen siendo las de mejores niveles de promoción. Y son ellas las de mejores resultados.

A pesar de la baja de la repetición, la brecha entre Montevideo y el interior continúa en aumento. Fuera de la capital la caída ha sido más pronunciada, haciendo que la diferencia entre las regiones supere los cuatro puntos porcentuales.

Con las inasistencias ocurre algo similar, faltan mucho más los montevideanos que los del interior (la diferencia es de 6% a 13%). Para el consejero Florit hay dos razones. Por un lado, "en el interior hay vínculos más cercanos, el docente tiene un trato más directo con las familias y es fácilmente identificable aquel que falta". Por otro, "la tercera parte de los niños de Montevideo están en las instituciones privadas y, justo esta población, es la que tiene mejores posibilidades para asistir".

La educación privada sigue ganando terreno. Cerca del 18% del estudiantado estuvo matriculado, el año pasado, en colegios. Trece años antes, lo era un 12%. Esta tendencia es una de las explicaciones de la caída de la matrícula en las escuelas públicas.

Sucede que hay una "percepción generalizada de que los servicios privados son mejores que los públicos: ocurre en la seguridad, en la educación y hasta en los cementerios", dijo Florit. Pero tanto él como Da Silveira coinciden en que (medido por resultados) la educación privada no tiene una mejor calidad formativa.

"La gente se pasa a los privados porque encuentra en ellos instituciones más ordenadas y vínculos más cercanos", explicó Da Silveira. Factores que, además, terminan favoreciendo la asistencia a clase.

La matrícula de Inicial y Primaria viene en picada.

La gráfica tiene la forma de un tobogán. Desde 2003 y sin ningún sobresalto, la matrícula en la Educación Inicial y la Primaria pública continúa a la baja. En 2016 hubo 331.362 inscriptos, lo que representa 65 mil estudiantes menos que los registrados 13 años atrás. Pero lejos de ser una catástrofe, la caída tiene sus puntos positivos y negativos.

Hubo una reducción de los nacimientos en años anteriores. La buena noticia es que la población tiene un mayor control de la natalidad, una decisión de cuántos hijos y cuándo se quiere tener; esa es una señal de desarrollo. La mala es que cada vez habrá menos jóvenes para "soportar" el peso económico de un país de viejos, haciendo que la gente deba formarse más y mejor.

El descenso de la repetición. Lo positivo es que los alumnos tienen un mejor tránsito educativo, quedan menos tiempo "retenidos" en la escuela y logran avanzar. Lo negativo: hay quienes entienden que la promoción es una cuestión administrativa y que se les pide a los maestros que hagan pasar de año a sus estudiantes.

Aumentó el traspaso de alumnos al sector privado. El vaso medio lleno es que hay una mayor diversidad, que los padres pueden elegir (como lo establece la Constitución) y que hay dinero suficiente en las familias para costear este tipo de enseñanza. El vaso medio vacío, según el sindicato de docentes, es que se "está privatizando" la educación, que la gente percibe que lo privado es de mejor calidad que lo público (aun cuando los resultados no parecen demostrarlo) y que las familias tienen que incurrir en un gasto para el que, se supone, el Estado debe dar una respuesta cabal.

El escaso margen para el incremento de la cobertura en Primaria. En Uruguay el acceso a la escuela es casi universal y en Educación Inicial viene en aumento desde 2011. Sin embargo, hay quienes se matriculan y luego abandonan, principalmente entre los más pobres.

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