UNA MADRE EXIGE JUSTICIA

"A mi hija la mataron 2 veces"

Menor acusado del asesinato de joven de 20 años fue liberado tras diez meses en el INAU.

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Florencia Amarilla con el retrato de su hija acribillada de ocho balazos .Foto: Ricardo Figueredo

A mi hija le dispararon ocho tiros por la espalda, dijo ‘Amor’ y enseguida murió. Esa fue su última palabra", recuerda la madre de Camila Weissel Amarilla.

El caso que en su día conmocionó a Maldonado, por la virulencia del ataque a balazos contra el auto en el que viajaba la muchacha de 20 años, volvió a foja cero. El menor señalado como el autor de los disparos que mataron a la joven recuperó la libertad dos semanas atrás por decisión de un tribunal de apelaciones de Familia de Montevideo.

Ahora su madre, Florencia Amarilla Fernández, reclama justicia. La noticia de la libertad del menor la retrotrajo a la fatídica noche del 25 de julio del año pasado.

"Es una herida que está ahí. Hace diez meses que voy a un psicólogo especialista en duelos. Lo hago para poder seguir. Para tratar de salir adelante. Pero esta noticia es como que todo se revuelve dentro de uno. No he podido hacer el duelo. Es como si la volvieran a matar de nuevo. Es una locura", dijo Florencia a El País durante un alto en el trabajo, en el vivero que administra con su familia.

"Somos una familia que dormíamos sin llaves en la puerta. Ahora, en este Maldonado, hay gurises de 14 o 15 años que andan armados por la calle. Si te los cruzás y tenés un problema, se levantan el buzo y te muestran el arma calzada en la cintura. ¿Qué mirás? Tengo para vos, te amenazan", afirma.

La madre de Camila espera que la fiscal que tiene el caso apele ahora el fallo del tribunal de Familia y que el expediente vuelva a ser analizado.

Según sostiene la familia, el fiscal del caso está convencido de que el trabajo de la Policía y del juez del caso, Marcelo Souto, permitió esclarecer el asesinato, determinando que al menor, ahora liberado, era el autor de los disparos que mataron a la joven.

Camila era la única hija de Gustavo Weissel y de Florencia Amarilla Fernández, una conocida familia de Maldonado.

Había nacido el 25 de marzo de 1995. Trabajaba y estudiaba para ser maestra en algún jardín de Maldonado.

Así se lo había contado a su tía, Gimena Amarilla, cuando regresó de un viaje a México.

"Vino Camila y me dijo: Tía, necesito la túnica para empezar a prepararme con los niños", le contó, entusiasmada, a Gimena. Además, se había ido a vivir con una compañera del trabajo, hacía 20 días, a una casa del barrio Biarritz. Una forma de comenzar su independencia de la familia que la cubrió, la cobijó y la amó desde que nació.

Una semana antes había comenzado una relación con un joven de 21 años que la invitó a tomar una cerveza y a jugar al pool.

En la noche del sábado 25 de julio del año pasado iba a salir con su novio y uno de sus primos. Su pareja iba a pasar a buscarla en su camioneta Volkswagen Saveiro, color rojo. Camila subió y se sentó de espaldas al parabrisas delantero, en las faldas de su primo de 19 años. La camioneta, empadronada en Maldonado, circulaba hacia el sur por la calle Justino Zabala Muniz del barrio Biarritz, ubicado al noreste de la ciudad de Maldonado. Faltaban algunos minutos para que terminara el sábado.

Acribillada.

Al llegar a la intersección con la calle Serafín García, a la altura de la Plaza de la Unidad, la camioneta fue impactada por varios disparos efectuados de frente. El parabrisas del vehículo recibió seis impactos de bala, otros dos en el capó y otro en uno de los faros delanteros. La Volkswagen continuó circulando pese a la lluvia de balas.

El vehículo recibió otros dos impactos en uno de los costados, y varios más en su parte trasera, dos de ellos en la puerta de la pickup.

El conductor de la VW continuó unos metros más y dobló hacia el oeste por la calle Serafín García. Allí los dos ocupantes masculinos huyeron a pie del lugar. En el interior, quedó la joven con ocho disparos en el cuerpo. Murió de inmediato.

Víctima equivocada.

Fue una emboscada. No hubo aviso previo. La camioneta entró en una suerte de polígono de tiro. Lo único cierto es que Camila estaba en el lugar y en el momento equivocados.

Las balas no eran para ella. Policía Técnica informó que en el lugar fueron disparados al menos 27 balazos por una o dos armas.

A media cuadra del lugar se festejaba un cumpleaños de 15, pero como sucede en estos casos, nadie vio nada. Solo se escucharon los disparos.

El jefe de Policía de Maldonado, Erode Ruiz, calificó al caso como "ajuste de cuentas" relacionado con el narcotráfico local. El novio y el primo fueron interrogados. Na-da aportaron.

Empero, la Policía precisó que un joven de 16 años había mantenido un serio enfrentamiento con el novio de Camila. Esto ocurrió una semana antes del asesinato. Fuentes del caso indicaron que el novio de la joven mantenía una deuda por droga comprada al menor. En un incidente previo, el menor habría sufrido una golpiza y habría sido "humillado" por el novio de Camila con algo "peor que la muerte", según le dijo la Policía a la madre de la joven. El menor y otro joven fueron a buscar al novio de Camila.

Al día siguiente del asesinato, este menor se presentó en la Seccional 6ª de Maldonado Nuevo. Luego de ser interrogado fue entregado ese mismo día a sus padres. No solo no había elementos. También tenía una coartada: una mujer que aseguró que en el momento del asesinato estaba con el menor en otro punto del departamento.

Sin embargo, la Policía puso su mira en este adolescente. Durante semanas, los investigadores recolectaron abundante información. El miércoles 16 de septiembre del año pasado, el juez penal de 10° turno, Marcelo Souto, resolvió contra el menor de 16 años el inicio de un procedimiento por la comisión de una infracción gravísima calificada como un delito de homicidio especialmente agravado.

El presunto asesino de Camila fue internado en dependencias del INAU. La mujer que le había proporcionado la coartada fue procesada por falso testimonio.

Impacto: seis proyectiles dejaron su marca en el parabrisa. Foto: Ricardo Figueredo
Impacto: seis proyectiles dejaron su marca en el parabrisa. Foto: Ricardo Figueredo

El horror.

Casi ha transcurrido un año de la muerte de Camila. Su madre no ha podido recuperarse del golpe.

"Aquel sábado yo había estado un rato antes con ella en su casa. Camila me había dicho que quería volver a casa porque el barrio donde vivía no le gustaba. Yo había conseguido un camión para al domingo siguiente hacer la mudanza. Iba a volver a casa", cuenta Florencia.

Ella está convencida de que este adolescente es el asesino.

Florencia supone que el móvil del crimen fue por un problema que tenía el novio de su hija con otra persona.

"Después una se entera de muchas cosas que jamás pensaba que podían suceder en Maldonado. Acá hay un submundo de drogas y hay deudas que pueden generar este tipo de cosas", afirmó.

Florencia aporta un detalle, inquietante, que ella misma declaró en la causa. "Al menor lo vi aquel mismo sábado que mataron a Camila. Vino al vivero donde trabajamos con mi hermana. Se paró en la puerta del vivero y me preguntó por un bonsái. Me produjo una impresión muy fea (...) Eso fue como a las tres de la tarde de ese mismo sábado. Y no se iba. Por suerte aparecieron unos clientes argentinos a buscar unas plantas y cuando llegaron, el menor se fue en una moto. Se ve que estaba buscando al novio de Camila. Lo reconocí cuando la Policía me mostró una cantidad de fotos de personas. Una semana antes el novio de Camila había venido al vivero. Llegó en una moto grande. La dejó estacionada una hora en la puerta. Calculo que lo estaban siguiendo, lo vieron entrar al vivero y luego este menor lo vino a buscar a él", recordó.

"Cuando lo liberaron, sentí como que a mi hija la habían matado dos veces".

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