EL LEGENDARIO BUQUE DESCRIPTO POR UN VIAJERO

Mensaje para Uruguay desde el Titanic

Carta escrita a bordo dos días antes del hundimiento, llegó a Montevideo 3 semanas después de la tragedia.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La lujosa decoración y el ambiente que se vivía a bordo aparecen descriptos en la carta del uruguayo Artagaveytia.

A 104 años del hundimiento del Titanic, siguen apareciendo historias e informaciones muy poco conocidas sobre el lujoso barco, como si quienes sobrevivieron a su naufragio quisieran mantener viva aquella tragedia que conmovió al mundo. Es sabido que el Titanic se hundió en su viaje inaugural en la noche del 14 al 15 de abril de 1912. Sucedió en el océano Atlántico a 600 kmts de Terranova y dejó un saldo de 1514 muertos.

Ramón Artagaveytia fue uno de los tres uruguayos que viajaba en el barco y murió en la tragedia. Los otros dos se llamaban Francisco y José Pedro Carrau y corrieron la misma suerte. Los tres tenían pasajes en primera clase. Pero es la vida y la muerte de Artagaveytia la que parece salida de una novela británica.

El periodista Andrés López Reilly cuenta en su libro Páginas perdidas, que "Ramón Artagaveytia había estado vinculado desde siempre con el mar. De acuerdo a una leyenda familiar, su abuelo justo antes de morir, le regaló un remo con la siguiente dedicatoria: "Si sabes cómo usarlo, nunca pasarás hambre. Tus ancestros siempre sobrevivieron gracias al mar. Este es tu destino. ¡Síguelo!".

Artagaveytia era un hombre de enorme fortuna, que alternaba su residencia entre Buenos Aires y Montevideo y que vivía de las rentas de sus campos en Uruguay. Había ya sobrevivido a un naufragio: el del vapor América. En la madrugada del 24 de diciembre de 1871, el América se incendió y hundió en el Río de la Plata a la altura de Punta Espinillo. Había zarpado de Buenos Aires la tarde anterior; próximo al puerto de Montevideo estalló el fuego en la sala de máquinas. Ramón tenía entonces 30 años; se arrojó al agua y nadando llegó a la costa, siendo uno de los 65 sobrevivientes de aquel naufragio en el que se perdieron más de 120 vidas.

Debieron transcurrir casi cuatro décadas para que Artagaveytia superara el trauma que le causó el hundimiento del América. En 1912 se embarcó a Europa y realizó un viaje de varios meses visitando Alemania y Francia. Tenía entonces 72 años, era soltero. Había planificado terminar su periplo en Nueva York viajando en el Titanic, porque nada ni nadie lo podía hundir.

El Titanic zarpó del puerto de Southampton (sur de Inglaterra) el 10 de abril de 1912, recaló en Cherburgo, Francia, donde lo abordó Artagaveytia, entró luego a puerto irlandés en Queenstown (hoy Cobh), para recoger y despachar correspondencia, y siguió viaje a su destino en Nueva York.

"Cerré los ojos".

Una carta escrita por Artagaveytia a su hermano Adolfo desde el mismo barco, despachada en Queenstown, y proporcionada a El País por uno de sus descendientes, el señor Julio Arocena Noceti, es una crónica de primera mano de la gigantesca embarcación, de su lujosa decoración y del ambiente que se vivía a bordo.

*****

11 de abril de 1912.

Mi querido Adolfo:

"Ayer, de Chebourg, mandé una postal a Elisa y cuando llegue a New York telegrafiaré a Manuel, si es que no lo llevan a ti, pues solo pongo Artagaveytia.

"El deseo es ver Norteamérica, aunque a todo vapor, y seducido por el tamaño de este de 45.000 toneladas que hará su primer viaje. Cerré los ojos y me embarqué.

"Todo cuanto diga de él es poco. Al acercarnos ayer en el vapor parecía como el Río de la Plata y al mirar para arriba me hacía el efecto de una casa de cinco pisos. Al entrar había como 50 mozos. Uno me toma las valijas y por el ascensor (hay 3) subimos a mi piso en la cubierta B. El comedor es en la D y más abajo hay otro. El cuarto es muy bueno, con estufa eléctrica y toda la noche la tuve encendida porque hacía frío. Hoy hay sol, pero vamos a Queenstown, Irlanda. A tomar correspondencia lo que quizás nos haga retardar el viaje, lo que aprovecho para escribir.

"El comedor es para 500 y tantas personas. Anoche solo éramos 340 (...) La comida es muy buena y de abundantes platos. Anoche (en la mesa) éramos un mejicano, diputado y doctor, amigo de Díaz, joven aún, un español y una señora y señorita inglesas muy serias.

"Recorrí lo que pude del vapor, sus diferentes salas y hoy para hallar esta para escribir (debe haber más de dos) me costó trabajo. Los corredores pintados de blanco y algunos salones como éste, tienen madera esculpida, creo que de roble, con sofás y sillas de raso aterciopelado verde jade es serio y rico.

"El paseo tiene de un lado 647 pies, por él se llega a un espacio libre que estaba hoy lleno de sol, y el otro, algo menor, así que puede uno andar sin dar vueltas como 340 metros. Después la proa y la popa, teniendo el vapor 260 metros de largo. El comedor tiene unos 30 metros de ancho, así que con los corredores tendrá el vapor 40 o 45 metros.

"Para la descripción del vapor, lo que puede llamar la atención, veré si junto los libritos. Pero noto que para y ya veo tierra cercana: Irlanda. así que cierro ésta dejando a todos mis recuerdos y abrazos.

Tu hermano.

Ramón.

*****

La carta de Ramón le llegó a Adolfo tres semanas después que el Titanic se había hundido y su hermano había muerto. El cuerpo de Artagaveytia fue recuperado de las aguas y enviado a Nueva York. Desde allí el cónsul uruguayo de la época Alfred Metz Green, dispuso que lo embarcaran a Montevideo en el vapor Vasari. El 17 de junio arribó al puerto.

Fue velado esa noche en la casa de su hermano Manuel. Al día siguiente recibió sepultura en el panteón familiar del Cementerio Central.

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