Crean programa en policlínica del Cerro para atender alarmante problema

Médicos detectan niños que no saben leer ni expresarse

El Departamento de Pediatría del Centro Coordinador del Cerro aplicará un programa de estimulación de lectura para niños en las salas de espera de la policlínica tras haber detectado graves trastornos en el habla y problemas de aprendizaje.

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En sus veredas, funciona una feria, donde se vende ropa usada, yuyos y lencería. Foto: E. Barreneche

"Una de las formas más eficaces de estimular el desarrollo es a través del lenguaje. Los niños pueden estar condicionados por su ambiente, pero no determinados. Nos negamos a bajar los brazos; por esto surge este programa", dijo la médica pediatra Diana Sastre a El País.

Kevin tiene 11 años. Su caso representa a centenares de niños que concurren al Centro Coordinador del Cerro.

El 2 de diciembre del 2014, Kevin fue llevado por su madre a la Clínica Psiquiátrica de Niños y Adolescentes del Hospital Pereira Rossell. El motivo de la consulta era evaluar el nivel intelectual de Kevin.

La psicóloga del Pereira Rossell concluyó que el niño tenía una "deficiente" uso del lenguaje verbal. También señaló que el menor tenía una "gran dificultad" para concentrarse y verborragia que "afectaban negativamente su rendimiento" escolar. Pese a que Kevin tenía un lenguaje muy limitado, se destacaba en aritmética.

La madre de Kevin dijo a El País que la psicóloga envió a su hijo a una clínica del BPS. "Fui con el niño y allí me dijeron que no correspondía porque yo no trabajo. Por suerte él está mejorando con la maestra especializada", dijo.

Muchos niños que concurren al Centro Coordinador del Cerro provienen de zonas marginales como Casabó, El Tobogán y Cerro Norte.

Gran parte de ellos tienen a sus dos padres presos, fallecidos o son jóvenes. Sus paseos de fines de semana consisten en ir a visitarlos en el Comcar o juegan al lado de cadáveres en la morgue mientras esperan ser atendidos en la policlínica del Centro Coordinador del Cerro. Para ellos, la muerte es algo cotidiano. Están acostumbrados a los tiroteos.

"La mayoría de nuestros niños presentan dificultades del aprendizaje (seguramente muchas de causa ambiental) pero no estamos pudiendo realizar diagnósticos y menos aún la intervención y el tratamiento; no porque no sepamos que pedir, que hacer, está fallando la institución que no está dando respuestas", dijo Sastre.

El factor más importante para la evolución de los aprendizajes de los niños es la escolaridad de la madre. La mayoría de ellas cuenta con primaria incompleta.

Vigias.

La pediatra Lilián DOrsi también trabaja en el Centro Coordinador del Cerro.

"Acá hay un enorme problema social que nadie quiere ver. Ese niño pasa la escuela y deserta en Secundaria. Lo espera la calle, prostitución y drogas", dijo DOrsi.

Sastre y DOrsi coincidieron en que, luego de abondar el liceo, cae la autoestima del adolescente y su familia piensa que tiene un retardado en la casa porque apenas puede hablar y no sabe escribir ni leer.

La Policía ya constató que niños de 11 y 12 años son captados por traficantes del Cerro y Casabó. Algunos de ellos se transformaron en sicarios encargados de cobrar deudas de drogas. Otros vigilar si viene la Policía o trasladar estupefacientes de un barrio a otro.

Los interesados en donar libros podrán hacerlo en el Sindicato Médico del Uruguay y en el Centro Coordinador del Cerro.

Carencias desatendidas

En el Centro Coordinador del Cerro se atienden entre 1.200 y 1.400 niños por mes, según datos relevados en la policlínica. El problema se agrava por la inacción del Estado para detectar a tiempo las carencias de estos menores, muchas de ellas causadas por dolencias tratables si se detectaran a tiempo.

Aquellos niños que necesitan atenderse con un foniatra en el Hospital Pereira Rossell deben esperar casi un año y medio, según estadísticas del ese centro asistencial. Lo mismo ocurre con una intervención quirúrgica de oído y garganta.

Si un niño cerrense necesita ser estudiado por un neuropediatra, la demora puede alcanzar los dos años.

"Esa situación pasa en toda la periferia de Montevideo. Los niños pobres no tienen una atención rápida en el Pereira Rossell. Y en la policlínicas barriales faltan pediatras porque Salud

Pública paga menos sueldo que las mutualistas", dijo un médico a El País.

En los barrios marginales faltan más Centros de Atención a la Infancia y la Familia (CAIF) y plazas de deportes. Cuando se inauguró la plaza de deportes N° 11, muchas personas hacían cola desde la madrugada, para nadar.

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