Francisco Faig
Francisco Faig

Las mayorías populares

Los dirigentes del Frente Amplio en campaña, señalan con razón, cuánto mejor está hoy el ingreso de los uruguayos comparado con 2002. Sin embargo, se quedan enamorados de su propio relato. Nada dicen de las graves dificultades que siguen teniendo las mayorías populares, a pesar de que abundan los datos disponibles que las muestran.

Los dirigentes del Frente Amplio en campaña, señalan con razón, cuánto mejor está hoy el ingreso de los uruguayos comparado con 2002. Sin embargo, se quedan enamorados de su propio relato. Nada dicen de las graves dificultades que siguen teniendo las mayorías populares, a pesar de que abundan los datos disponibles que las muestran.

Primero, todavía hay al menos 400.000 personas que perciben menos de $9.600 por mes (valores INE a febrero para Montevideo), y que por tanto están por debajo de la línea de pobreza. Segundo, prácticamente la mitad de los ocupados percibieron menos de $14.000 por mes en 2012. Más de 835.000 empleados, o sea dos de cada tres, no pagan IRPF, es decir que perciben menos de $18.000 por mes. Tercero, más de 450.000 de los 605.000 pasivos no superan un ingreso de 6 BPC por mes, o sea unos $ 16.000. Finalmente, el ingreso medio per capita mensual según el INE fue de $ 13.534 para 2013.

A fines de 2012 un estudio académico señaló que hay al menos 370.000 uruguayos que, sin llegar a estar por debajo de la línea de pobreza (460.000 personas en 2011), son muy vulnerables. Una caída de la actividad económica los puede hacer caer en la pobreza rápidamente. Sus niveles de educación son bajos, y sus tipos de trabajo son informales, poco calificados y mal remunerados: todo muy similar a lo que ocurre con los sectores más pobres de la sociedad. Los resultados del censo 2011 confirmaron esta perspectiva. Son 347.700 los hogares que presentan al menos una necesidad básica insatisfecha. Casi 1.068.000 personas, es decir, más de uno de cada tres uruguayos viven con al menos una de esas carencias, a los que seguramente haya que agregar más de 55.000 residentes en zonas periféricas de Montevideo que no fueron censados.

Conocidos todos estos datos se hace evidente afirmar que las mayorías populares viven con ingresos ajustados. Aquí es donde se genera la distorsión frenteamplista de la realidad. Ocurre que la inmensa mayoría de los dirigentes de izquierda han ganado más dinero en estos años. Pero sus ingresos, consecuencia por lo general de estar bien acomodados en un sinfín de dependencias estatales, son muy superiores a los que perciben las mayorías populares.

La izquierda narra una mejora que todos vemos, pero que tiene contenidos concretos distintos. Porque una cosa es ser un acomodado compañero estatal con un contrato de $70.000 al mes por ejemplo —lo que se conoce como el urruzolismo en el poder—, y otra muy distinta es mantener una familia con dos hijos, con un salario de funcionario público de $22.000 al mes y el trabajo del cónyuge por $14.000 al mes. En los dos casos están mejor que en 2002. Pero no es el mismo mejor.
Es esta distorsión la que impide a los dirigentes de izquierda tomar consciencia del enorme daño que han hecho a las clases populares al no haber realizado, en esta década de gobiernos con mayoría propia, una profunda reforma de la enseñanza pública. Como ellos ganan mucho más y como todos mejoramos nuestros ingresos, se dejaron estar. No sienten por ello ninguna culpa. Pero, eso sí, mandan a sus hijos a la enseñanza privada.

Con la desidia propia del tiempo del mate en el comité, tras el muro de yerba, no les interesó que funcionara bien el ascensor social para quienes más lo precisan. Algunos de ellos creen ahora que el galeno se ocupará. Ilusos, no ven que no manda más.

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