DRAMA EN SANTA CLARA

Mató a una mujer, baleó a un joven y se quitó la vida

Policía retirado se atrincheró en el pueblo y resistió el arresto.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Patrullero

Ocurrió en el barrio Artigas de Santa Clara de Olimar, una localidad de 2.500 habitantes situada al noroeste de Treinta y Tres. Un expolicía, retirado en 1981 de la Guardia Metropolitana, ingresó armado a dos viviendas, mató a una mujer, hirió de gravedad a un joven y finalmente, rodeado por la Policía, se pegó un tiro, muriendo en el acto.

Su periplo mortal comenzó en la casa de una conocida comerciante de la zona con quien mantenía un vínculo amoroso desde hacía dos años.

Por temas que no se han podido determinar con precisión, comenzó a discutir con la mujer y luego le disparó varios tiros con un revólver calibre 38 provocándole heridas, fruto de las cuales la víctima perdió abundante sangre, aunque continuó con vida.

Los vecinos, al oír los disparos, acudieron a la casa y encontraron a la mujer tirada en el piso. El agresor ya se había fugado. De acuerdo al testimonio de los vecinos, los estruendos de los disparos fueron oídos exactamente a las 19:14 minutos del jueves.

La mujer fue trasladada con la premura del caso a la ciudad de Melo, falleciendo en el viaje, antes de llegar. Se trata de Sandra Silvera, de 49 años.

Pasado.

El expolicía, que no es oriundo de la zona, llegó a Santa Clara hace unos tres años para estar más cerca de su hijo que había sido víctima en esa misma zona de una brutal golpiza en una pelea callejera, según explicaron los vecinos.

Fuentes policiales confirmaron en la tarde de ayer a El País que el agresor después de herir a la mujer, y ya fuera de sus cabales, recordó la agresión que su hijo había sufrido hacía ya tres años y decidió ir directo, revólver en mano, a la casa de quien había sido el agresor en una reyerta que el pueblo ya había olvidado.

Atravesó casi nueve cuadras, irrumpió abruptamente en la casa de un joven de 25. Ingresó por el living y como no lo pudo ubicar, entró al resto de las habitaciones y siguió por el patio de la finca. Al final lo encontró parado en el fondo y, sin mediar palabras, le efectuó varios disparos dejándolo herido de gravedad, tirado en el suelo.

Se marchó pensando que lo había matado.

Cuatro disparos dieron de lleno en la cintura del joven. Arrastrándose, el herido pidió ayuda a vecinos y fue derivado a Melo, donde permanece internado en estado delicado.

Furia.

Cuando apenas habían pasado 12 minutos del ataque a la mujer, el agresor volvió a cruzar las nueve cuadras del pueblo, rumbo a su domicilio. Esta vez iba corriendo. Cuando tomó por la calle Regimiento Siete lo interceptó un grupo de agentes policiales.

El hombre, al verse acorralado por los uniformados, cargó nuevamente su revólver y abrió fuego contra los efectivos que repelieron la agresión con disparos intimidatorios en procura de que el hombre se entregara. En el transcurso del tiroteo no se registraron víctimas ni lesionados.

El expolicía logró huir hacia un bosque cercano y desde allí llegó hasta su vivienda donde logró munirse de más balas y otro revólver.

Antes de que llegara la Policía volvió a salir corriendo de la finca. Tomó por una de las calles principales de Santa Clara, pero al mirar hacia atrás vio que los agentes estaban siguiéndolo y se ocultó detrás de unos arbustos, cercanos a la vía férrea.

Finalmente, el hombre, de 59 años, identificado como Diego Julián, rodeado por la policía de la Zona Territorial Oeste de Jefatura de Treinta y Tres (Octava Sección), se pegó un tiro y murió en el acto.

Policía Científica trabajó en las tres fincas donde se registraron los hechos de sangre. Los vecinos que narraron los detalles de la tragedia dijeron que nunca esperaron que algo así pudiese ocurrir ya que el hombre se veía como un vecino servicial y afable.

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