cierra la planta

Matías Campiani y los tres capítulos de la historia de Ecolat

El cierre de Ecolat es una historia que puede remontarse varios años atrás e incluye figuras que ya han provocado dolores de cabeza intensos a los gobiernos uruguayos.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El grupo peruano quiere cerrar la quesería; el sindicato rechaza despidos. Foto: Archivo

Capítulo 1. 

Matías Campiani y la reestructura del Grupo Leadgate

El fondo de inversión LeadGate (liderado por el argentino Matías Campiani, preso en la cárcel de Campanero desde fines de 2013 por el delito de estafa agravada tras el cierre de Pluna) compró Parmalat en 2005, luego de la crisis de la italiana que también afectó a la filial uruguaya.

LeadGate aseguró que la empresa había sido reestructurada y en 2007 le vendió el 50% al Grupo Maldonado de Venezuela. Los venezolanos se quedaron luego con el 100% de las acciones, cuando LeadGate pasó a hacerse cargo de Pluna.

Capítulo 2. 

El Grupo Maldonado de Venezuela. 
Al asumir el control de la empresa, el Grupo Maldonado aseguró que sus objetivos en Uruguay incluían el "crecimiento agresivo" en la producción y la elaboración de nuevos productos. "Llegamos para quedarnos", dijo en ese entonces Elvis Montero, gerente regional del grupo.

La empresa anunció en ese entonces que en los siguientes 4 años pasaría de una remisión diaria de 800.000 litros a 1.000.000, aumentando además el número de productores remitentes. 

Este grupo que es socio de Nestlé y la neocelandesa Fonterra en Venezuela, se quejó de su exsocio (LeadGate) cuando tomó control total de Ecolat. Según los venezolanos, Campiani y sus socios habían dejado atados contratos para pagar precios altos a los productores (como forma de retener remitentes) y eso complicaba la ecuación. Apostó por exportar a Venezuela.

Capítulo 3. 

El Grupo Gloria de Perú y el cierre de la planta. 
El grupo peruano desembarcó en mayo de 2012 con la compra del 55% de las acciones por US$ 20 millones. A fines de año pagó otros US$ 16 millones por el 45% restante.

Los peruanos quisieron apostar a renovar la maquinaría de Ecolat e iban a invertir US$ 30 millones en una planta quesera. La caída del precio de los lácteos el año pasado, dio por tierra ese plan y complicó a la empresa.

Aunque el gobierno asegura que seguirá intentando que el grupo peruano no abandone Uruguay, la empresa no dio marcha atrás y comenzó a enviar los telegramas de despido para los 400 empleados de Ecolat, su filial local. El sindicato de la industria láctea busca apoyo de otros sindicatos de la alimentación y adopta un tono belicoso.

Tras la reunión de ayer entre Economía, Industria y Trabajo para analizar el futuro de la cadena láctea, el sindicato le está pidiendo a los trabajadores que “aguanten” y no firmen los despidos porque eso implica que son irreversibles. Al mismo tiempo, pretende que se genere una “bolsa de trabajo” para que otras firmas del sector lácteo absorban a los trabajadores en caso de que no se revierta el traumático cierre de la empresa de Nueva Helvecia donde se desempeñaban 400 personas.

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