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Matemáticamente hay chance

Más de 25.000 niños compiten en la Olimpíada de Casavalle; de ellos, mil llegan a la final.

Superar la barrera de los 10 años en la Olimpíada Matemática de Casavalle parecía algo lejano cuando el centro educativo Los Pinos se propuso que los niños de las escuelas barriales compitieran para resolver problemas de razonamientos en el año 2005. Desde el martes pasado y hasta hoy se disputan las semifinales a nivel de la capital donde ya han participado unos 3.200 niños de 4° a 6° de escuela.

Otros 1.500 aproximadamente, que también llegaron a esta instancia, son del interior del país y se encuentran divididos en 11 departamentos: Canelones, San José, Florida, Flores, Colonia, Lavalleja, Maldonado, Rocha, Durazno, Tacuarembó y Rivera.

Los números eran inimaginables cuando los docentes de matemática del centro educativo comenzaron a sacar cuentas de lo que se había logrado. Al menos 25.000 niños de todo el país compitieron en 2016 en las olimpíadas, superando las 200 escuelas.

La llegada de la competencia a cada departamento fue abrazada por los niños como una vía de entretenimiento y superación, aseguraron a El País los profesores que se vinculan directamente al armado y posterior evaluación de las pruebas.

Es que este es el segundo año que se incorporaron escuelas del interior del país a los problemas matemáticos. Si bien aún no se han podido desplegar en todo el territorio nacional, esa es la meta para 2017.

Olimpiadas: mil niños van a las finales. Foto: Marcelo Bonjour
Olimpiadas: mil niños van a las finales. Foto: Marcelo Bonjour

PROBLEMAS.

Las caras lo decían todo. Mezcla de entusiasmo y preocupación. Eran las 10:30 de la mañana del viernes en Los Pinos y quedaba poco menos de una hora para conseguir la mayor cantidad de puntos dentro de los cinco problemas que se les había propuesto a los escolares.

Bufandas, gorros de lana y algunos pelos parados eran el factor común en el enorme salón que ofició de sala de pruebas. La estética era lo de menos. Cerca de 800 alumnos de diferentes barrios de Montevideo sacaban cuentas y contaban con los dedos una y otra vez. No querían fallar.

"Esto es lo que me gusta hacer y además vengo a compartir con mis amigos este momento de razonamiento, (…) me gusta venir acá y poder participar, tengo ganas de llegar a la final, me fue bien porque pude resolver todos los problemas, ahora tengo que esperar a ver qué pasa", contó con vergüenza Denise, de 11 años. Va a la escuela Bélgica y está en 6° año. Es la segunda vez que participa.

Micaela que está en la misma clase que Denise, y también tiene 11 años, disfruta el momento como nunca. "Es divertido hacer los problemas, la realidad de esto es que no importa si te dan bien o no, sino el método que usaste para llegar al número final, en casa practiqué de todo antes de venir", aseguró Micaela, que en 2015 fue medalla de bronce.

Las expectativas de ambas son las mismas que la de casi todos; superarse año tras año y conocer nuevos alumnos vinculados al mundo de las matemáticas.

Merlina Figueroa ya tiene el trofeo mayor para todos sus compañeros por la dedicación y el empeño que le pone a todos sus desafíos. La niña de 11 años, de la escuela Evaristo Ciganda, que padece un problema en sus piernas y tiene que moverse en silla de ruedas, aseguró que lo que más le gusta de la competencia es "aprender y estar con compañeros", a pesar de que "en uno de los problemas se complicó".

Los ejercicios matemáticos son pensados por un grupo de más de diez profesores y las resoluciones suelen ser cada vez más difíciles a medida que los niños van avanzando en las diferentes etapas de la competencia.

María Inés Melogno, una de las profesoras de matemática más jóvenes que sigue paso a paso el proceso de las olimpíadas, señaló a El País que cuando viajan al interior a presentar la propuesta de las olimpíadas "el recibimiento es muy bueno, tenemos que explicar un poco más que en Montevideo de qué se trata porque no están enterados de nada, pero enseguida se entusiasman con el trabajo".

El primer paso, cuando los profesores viajan al interior, es presentarse ante las directoras de las escuelas, luego de que tienen el visto bueno, ingresan a las clases y coordinan con las maestras cómo se llevará a cabo el trabajo. "Es un traba- jo en equipo donde las maestras juegan un papel importante porque son las que seleccionan a los que tienen más potencial dentro del aula", explicó Melogno.

Foto: Marcelo Bonjour
Foto: Marcelo Bonjour

El cerebro.

Gustavo Bentancor es el creador e iniciador de las olimpíadas del centro educativo Los Pinos. Su pasión por las matemáticas, el razonamiento y la enseñanza han sido el puntapié que desembocó en un trabajo extraordinario.

"Durante los meses de marzo, abril y mayo la idea es que todos los niños de las escuelas que aceptaron unirse a las olimpíadas trabajen en matemáticas, tengan o no tengan fortaleza en la asignatura, cree-mos que es una herramienta que te ofrece el encuentro con el otro, que todos puedan mejorar su aprendizaje. El perfil es ayudar a mejorar la media del nivel de matemáticas del país, porque si la media sube un poco los que quieren destacarse tienen que hacer un esfuerzo aún mayor, ese es nuestro fin", contó Bentancor a El País.

No quería ir a la escuela; con 7 años ganó el oro

"El año pasado estuvimos en Lavalleja, Minas. Estábamos haciendo encuentros como estos en la Escuela N° 2, a donde asisten unos 250 niños. Cuando ese día almorzamos con la directora, nos contó que había un niño que vivía a unos 80 kilómetros, en un pueblo llamado Mariscala y que tenía algunos problemas porque no quería ir a la escuela", relató Gustavo Bentancor, organizador de la Olimpíada Matemática de Casavalle.

El profesor le explicó a la directora que el plan no era atender este tipo de problemáticas, pero la respuesta fue inesperada.

Lejos de que el problema fuera de aprendizaje, Juan Diego, de 7 años, es una mente brillante y por este motivo le aburre ir a clases. Las maestras aseguran que la inteligencia del niño está por encima de la que usualmente tendría que tener a su edad.

El niño apareció en la escuela una semana después junto a sus padres. Participó de las evaluaciones junto a niños de 4°, 5° y 6° de escuela. Quedó en primer lugar, y por este motivo no dudaron en invitarlo a participar a nivel nacional en el centro educativo Los Pinos.

El año pasado participó de las pruebas junto a 21.000 alumnos. Él, con tan solo 7 años, nuevamente ganó. Esta vez compartió la medalla de oro junto a cuatro alumnos más.

"Nuestro sistema escolar no prevé qué hacer con los niños que tienen tantas fortalezas, (…) ese niño tal vez se nos hubiera perdido, de esta manera encontró un espacio para poder desarrollarse", enfatizó Bentacor, que a la vez aseguró: "Juan Diego sigue viniendo a Los Pinos para practicar".

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