BALACERA EN EL CERRO

Matan por error a un bebé y a su tío

En una moto rosa, los asesinos buscaban a un tal Carlitos y tiraron sin conocer a víctimas.

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El frente y el interior de la casa recibieron varios impactos de bala. Foto: F. Flores

Por error, un joven de 25 años y su sobrino de un año fueron asesinados por dos desconocidos en moto que dispararon 14 tiros a una vivienda en la tarde del sábado 30 en el Cerro, indicaron a El País fuentes del caso.

A las 14:30 horas de ese día, Martín de Lima Barboza, un sereno del Liceo N°70 (La Teja), carente de antecedentes penales, daba de comer a su sobrino de un año sentando en una mesa de material ubicada frente a su casa, en Pasaje de la Vía y avenida Carlos María Ramírez. En el lugar también se encontraba su pequeña hija y el padre de Martín, entre otros familiares.

Dos sujetos se acercaron en una moto de color rosa por Pasaje La Vía. A unos 50 metros pudieron ver que había niños frente a la casa. Uno de motociclistas gritó el nombre de "Carlitos". A los pocos segundos llamó otra vez por él.

Como nadie reaccionó al grito, el acompañante tiró 14 tiros hacia el frente de la casa. Varias balas impactaron en el niño de 1 año. De Lima Barboza se paró y cubrió con su cuerpo a su pequeña hija. Recibió dos disparos por la espalda, según relataron ayer sus familiares a El País.

Los delincuentes huyeron hacia el barrio Casabó (Ver nota aparte).

"Fueron dos ratas que le dispararon a mi hermano. Son del Casabó. Él no andaba en nada raro. Era sereno de un liceo", dijo un hermano de la víctima.

En la pared exterior de la casa había por lo menos siete agujeros enormes, del ancho de un dedo, causados por las balas de una pistola calibre 9 milímetros. Otras balas ingresaron por la puerta e impactaron en paredes interiores de la vivienda.

Uno de los familiares, que observó el ataque, contó que el asesino disparó con una pistola cuyo cargador fue modificado y tiene un peine similar al de una ametralladora.

El Servicio 911 recibió un llamado acerca de la balacera ocurrida en Pasaje La Vía. A pocas cuadras de la casa de la víctima, se encontraba un móvil de Investigaciones de la Zona IV (Cerro y barrios aledaños). Tras ser informado por el Comando Unificado, el movil llegó a la casa de De Lima Barboza junto con otros patrulleros.

Una ambulancia del Servicio de Asistencia Externa (SAE) del Ministerio de Salud Pública arribó a los pocos minutos al lugar. Un médico constató el fallecimiento de De Lima Barboza. Mientras, su sobrino fue trasladado al Hospital Pereira Rossell. Allí falleció poco después por un paro cardiorespiratorio tras recibir "heridas de balas masivas", consignó ayer un comunicado de la Jefatura de Montevideo.

De Lima Barboza tenía otro hijo pequeño que resultó ileso del ataque de los dos delincuentes.

Desacierto.

Los investigadores policiales consideran que la balacera efectuada ayer por los dos delincuentes y que costara la vida del joven de 25 años y de un bebé de uno fue producto de un gran error.

El asesino buscaba en realidad a Carlos, una persona que mantenía una relación amorosa con la ex pareja de uno de los asesinos.

Uno de los homicidas, muy enojado por la situación, sabía que Carlos residía por Pasaje La Vía pero no tenía la dirección exacta. Así llegó a la casa de De Lima Barboza.

El homicida utilizó una vieja estrategema muy usada por sicarios de la zona: llaman a la víctima por su nombre. Cuando ésta sale, le disparan. En esta ocasión, se saltearon una etapa y tiraron hacia la casa de De Lima Barboza sin que saliera nadie, señalaron fuentes del caso.

Tras advertir que no conocían el móvil del crimen y aclarar que De Lima Barboza era una persona trabajadora, los familiares de la víctima hacen suposiciones sobre el motivo que llevó al asesino a tirar 14 tiros cuando había niños. "Es posible que mi hermano sea amigo de alguien y que esa persona haya tenido algún enfrentamiento. No sabemos qué pasó. Él estaba totalmente tranquilo dando de comer a su sobrino cuando vinieron los de la moto", dijo uno de los familiares de la víctima.

Violencia.

En los últimos meses, los tiroteos se transformaron en algo cotidiano en distintos barrios de Montevideo.

La Policía investiga el enfrentamiento entre dos bandas de narcotraficantes de los barrios Villa Española y Maroñas que han generado por lo menos cuatro homicidios, balaceras, atentados a casas y vehículos incendiados.

Luego de un trabajo minuicioso de investigación, efectivos del Departamento de Información Táctica y de la Zona III (Casabó) efectuaron ayer un allanamiento en una casa ubicada en el barrio Maroñas. Los policías detuvieron a tres individuos e incatuaron 96 pastillas de éxtasis, un revólver y chalecos antibalas robados a policías, 23 garrafas de gas de 13 kilos, seis bombas "Molotov" y $ 31.000 en monedas.

Hace seis días, el martes 26, dos familias se tirotearon por un problema amoroso en General Flores y Camino Corrales (Las Acacias). Dos personas y una mujer resultaron heridos.

El 24 de noviembre de 2015, Primaria cerró la escuela "Ana Frank" en Cerro Norte por los tiroteos entre narcos de la zona.

En Casabó, la vida tiene escaso valor

Hace poco más de un año, varios sicarios menores de edad asolaban Casabó. Eran conocidos como el "Dibu", el "Sebita" y el "Tuerto Purri". Los tres fueron detenidos e internados en el INAU. El 10 de diciembre de 2014, la Justicia Penal procesó con prisión al "Rey" por herir en el abdomen a una niña de 4 años y a un adolescente.

Los sicarios, que se movían en motos y con armas cortas, se dedicaban a cobrar deudas para las "bocas" de drogas de esa zona. Sus "tareas" consistían en efectuar disparos en las piernas de los deudores —primer aviso—, tiros a las fachadas de las casas de los mismos — segundo aviso— y finalmente balazos al cuerpo y a la cabeza desde corta distancia.

Para matar a un adicto a las drogas, los sicarios —cuyas edades oscilaban entre 17 y 23 años—, cobraban a los dueños de las "bocas" de drogas una "tiza" de pasta base. Cada "tiza" rinde 50 dosis. Los sicarios vendían cada dosis a $ 50. También recibían $ 1.000. Quiere decir que cobraban para matar a una persona $ 3.500. Si el "encargo" consistía en asustar a alguien para que pague, el costo era menor. Un disparo en cada pierna costaba $ 1.000.

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