Justicia prevé careos entre Amodio Pérez y los tupamaros que lo acusan

Marenales: "No maté a Amodio porque no tenía con qué hacerlo"

El periplo judicial que desató la llegada a Uruguay del exguerrillero tupamaro Héctor Amodio Pérez, que reflotó una causa que se inició en 2011 luego que 28 ex presas políticas denunciaran torturas y abusos sexuales en dictadura, continuará hoy con la declaración de un nuevo testigo: el periodista y exintegrante del MLN, Samuel Blixen.

Sin embargo, el día clave será mañana, cuando Amodio vuelva al juzgado para verse cara a cara con los tupamaros Héctor Pascual Quartiani, Carlos Martell y Julio Listre. Todos estuvieron el lunes en la sede pero declararon por separado y de sus relatos se desprenden varias contradicciones.

Amodio, por ejemplo, dijo no conocer a Pascual Quartiani, quien afirmó a El País que compartió celda con él en el penal de Punta Carretas, del que se fugaron ambos el 12 de abril de 1972. Pascual Quartiani dice que luego fue recapturado porque su compañero de prisión lo delató. "No puede decir, como dijo, que no me conoce", afirmó Quartiani.

Tras la instancia del jueves los implicados esperan una resolución de la jueza Julia Staricco y la fiscal Stella Llorente.

"Esperemos que mañana haya una resolución de la sede", dijo a El País el exjuez Federico Álvarez Petraglia, representante legal de las 28 denunciantes.

La declaración que aún falta, a pesar de haber sido solicitada por Petraglia, es la del ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro. "No está previsto que declare mañana. Me extraña que Huidobro sabiendo que se está tramitando esto no hubiese comparecido, incluso, voluntariamente", manifestó el abogado y exjuez.

Ayer declararon en la sede de Juan Carlos Gómez el dirigente tupamaro Julio Marenales, el militar retirado Arman-do Méndez, que se desempe- ñó en el Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (Ocoa) y al que Amodio identifica como quien le ofreció un pacto, y Mario Aguerrondo, coronel que tuvo contacto con el exguerrillero en el Batallón Florida.

Fuentes consultadas por El País que participaron de las audiencias coincidieron en que los testigos no aportaron datos nuevos. Méndez dijo que tenía solo 22 años en 1972 y que su juventud lo mantuvo al margen de lo que ocurría. Dijo, además, que no tenía conocimiento de que el extupamaro marcara a sus compañeros o participara de operativos militares.

Amodio afirma en el libro Palabra de Amodio, escrito por el investigador Jorge Marius, que para salvar a su compañera, Alicia Rey, aceptó "ordenar los papeles" de la OCOA porque Méndez le ofreció un pacto similar al que le había concedido a otro guerrillero, Mario Píriz Budes, al que el MLN también considera un delator aunque nunca lo sentenció a muerte.

En entrevista con El País, Amodio dijo que "ni siquiera ordenó papeles" y que "engañó" a Méndez marcando locales que ya habían sido allanados y señalando militantes que ya estaban presos.

Consultado ayer por la prensa, Méndez dijo: "no estaba en mi espíritu que nadie me ordenara los papeles", remitiendo el resto de las preguntas a encontrar las respuestas en sus declaraciones ante el juzgado, a las cuales no es posible acceder por el secreto de presumario.

"Lo mataba".

El primero en llegar ayer al juzgado de la calle Juan Carlos Gómez para declarar ante la jueza Staricco y la fiscal Llorente, fue el histórico dirigente tupamaro Julio Marenales, que hizo casi 500 kilómetro desde Salto, donde está radicado, para asegurar que Amodio colaboró con las Fuerzas Armadas. Y recordó la presencia de su compañero de armas junto a militares durante su detención, algo que el propio Amodio no solo ha confirmado, sino que ha dado su versión de los hechos con lujo de detalles, tanto en las cartas que envío en 2013 como en el libro que acaba de presentar.

"Yo sabía que estaba en una zona en la que él (Amodio) estaba marcando gente porque había compañeros que lo habían visto. Me arriesgué y tuve mala suerte", dijo Marenales antes de entrar al juzgado.

"Iba en un camello (vehículo militar) y me marcó. Yo tiré una granada que no explotó y me tiraron 14 tiros, tres tengo arriba. Además, me lo confirmó el capitán Tabaré Camacho. Yo le dije sáqueme los ojos si no era Amodio Pérez y él me dijo que sí, que era él".

Amodio, por su parte, cuenta que ese día iba en el vehículo militar porque el capitán Luis Aguirregaray lo llevaba para ver a su madre, que padecía una flebitis. "Ese día Aguirregaray, camino de mi casa, me llevó a donde decía que solía ver a Engler y me dijo: mirá, ahí viene y se bajó del camello para decirle: no te detengo porque sos Engler (estaba en curso una tregua). Pero el que venía no era Engler, era Marenales y cuando yo vi que era Marenales y que Aguirregaray se baja a hablar dije: no es Engler, es Marenales, lo va a matar. Entonces el sargento que iba a mi lado se tiró metralleta en mano y se enfrentaron. Estuve, pero no lo marqué".

Marenales reconoció que muchos tupamaros hablaron bajo tortura pero insistió en que Amodio fue el único que lo hizo sin sufrir apremios físicos.

Marenales recordó que estando detenidos, José Mujica le reprochó a Amodio su actitud.

"Mujica habló con él. Claro, él tiene otro temperamento que yo. Yo agredirlo sin poder matarlo, no. Si no hago lo que tendría que hacer no hago nada", dijo Marenales. Y agregó: "Ya estuve mano a mano y cara a cara en el Batallón Florida pero no lo maté porque no tenía con qué. (Ahora) le daría una trompada nada más".

Tras dos horas de declaración, Marenales se mostró indiferente al regreso de Amodio a Uruguay.Reconoció que el MLN, que lo había condenado a muerte a Amodio, lo estuvo buscando, aunque aclaró que "este MLN es otra cosa". "No sé qué va a hacer ahora", agregó.

El dirigente tupamaro planteó que el regreso de Amodio escondía un fin político contra "esto que está pasando", y se preguntó "quién lo está manteniendo en Uruguay".

Marenales descartó que la derrota del MLN haya sido provocada por Amodio, y admitió que derivó de errores propios. Esa opinión está en sintonía con lo que manifiesta Amodio en su libro. "A partir de Pando tuvo (el MLN) un crecimiento inusitado y una organización clandestina tiene que saber funcionar, y no pudimos transmitir los conocimientos (...) Al principio para integrarse habían muchas pruebas pero después fue al voleo", explicó.

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