LA COLUMNA DE PEPE PREGUNTÓN

Mal necesario

Trabajar es algo que, al nuevo uruguayo, le gusta cada vez menos. No en vano se ha vuelto frecuente escucharle decir que no vive para trabajar, sino que trabaja para vivir. Que es como decir que el trabajo es un mal necesario. O casi.

Quedarse después de hora está mal visto. Hay empresas que incluso tienen problemas a la hora de encontrar gente dispuesta a realizar horas extras. Hoy se trata de ganar más, pero trabajando menos. Y entonces aparecen propuestas sindicales de pasar a trabajar seis horas, pero ganando el sueldo que hoy perciben por ocho. Y lo dicen sin siquiera sonrojarse. ¿Por qué no? ¿Está mal?

El horario de ingreso no debe ser rígido. La flexibilidad es muy bien valorada. Pero la hora de salida es sagrada. ¿Se va a quedar media hora más haciendo algo que puede hacer mañana? ¿Va a empezar una tarea que le lleva una hora cuando faltan cuarenta minutos para irse? ¿Va a hacer el pedido a la barraca para que haya que descargar el camión al final de la jornada? Nones. Todo puede esperar.

Si lo llaman para ofrecerle un trabajo, todos tienen ya un viaje programado que no pueden cancelar. O clases de pilates que no le permitirían llegar en hora. O una actividad que les obliga a retirarse antes dos o tres días a la semana. Si no se puede, paciencia. Ellos lo intentaron.

Si juega Uruguay, quieren ver el partido. Si juega el Barcelona de Suárez, también. Claro que, cuando termina el partido, pocos se ofrecen a trabajar tiempo extra para recuperar el tiempo perdido. Hay empresas donde se han disparado conflictos sindicales de proporciones por no dar libre a un turno para ver al equipo de Tabárez.

Los faltazos se han vuelto un problema. En los supermercados, entre un 12% y un 17% de los empleados no concurre diariamente a su trabajo. Hay plantas donde el ausentismo llega hasta el 25%. Por eso en Uruguay hay trabajadores que cobran un sueldo por su trabajo y además perciben una partida por "presentismo", que viene a ser un premio por ir a trabajar todos los días. ¿Cómo se lo explicaríamos a nuestros mayores?

Para colmo, siempre hay un médico amigo o al menos uno complaciente que le firme al nuevo uruguayo un certificado que le excuse de ir al trabajo por algunos días. O por algunas semanas, o meses. Hasta por dos años. Los costos de esta fiesta los termina pagando el BPS. O sea, el Estado. Es decir, los que trabajamos, aportamos y pagamos nuestros impuestos. Solo el año pasado las certificaciones médicas supusieron costos por más de 203 millones de dólares. Y la cifra cada año va en aumento.

Los pocos que trabajan duro deben trabajar cada vez más para mantener a los muchos que cada vez trabajan menos. Y a los que no trabajan. Y a los que hacen que trabajan, que son unos cuantos.

¿Hasta cuándo se podrá seguir tirando de la cuerda?

¿Cuándo entenderá el nuevo uruguayo que será trabajando más y mejor cada día como podremos construir, entre todos, un país como el que soñamos (pero por el que algunos no hacen sino soñar)?

Los líderes, ¿no deberían hablar de estas cosas? ¿O hablar de trabajar más y mejor es "piantavotos"?

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