Con sutileza y humor Daniel K distrae la atención para lograr sus trampas

La magia y las fallas del cerebro entre manos de los ilusionistas

Un mago no es más que un actor que representa el papel de mago, dijo Robert Houdin, padre de la magia moderna.

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El juego de la copa de cristal es uno de los preferidos del mago uruguayo Ketchedjian.

Todos creemos que vemos más de lo que vemos y por eso el éxito de un truco no depende de hacia dónde mira el público sino en dónde pone su atención. Los neurocientíficos dicen que el cerebro es el engañado y no los ojos.

El uruguayo Daniel Ketchedjian sabe mucho del tema, a nivel teórico y práctico. Es el único uruguayo que llegó al Magic Castle de Hollywood. Ha trabajado en toda América.

—Un truco puede salir mal o se falla a propósito. Pero casi siempre gana el mago.

—Generar un fallo es muy común, lo utilizo mucho, sobre todo en la magia con humor. Pero también hay cosas que salen mal aunque la mayoría de las veces la gente no lo nota. Si lo hace hay que divertirse con el error. René Lavand decía que el público perdona un error pero nunca el aburrimiento.

—Ese mago que nombrás era manco y dicen que hacía muy bien trucos con cartas, por ejemplo la barajada que en realidad no es tal.

—Un genio, generó técnicas expresamente para él.

—¿Qué diferencia hay entre el mago de la tele y el que actúa en vivo?

—La magia en televisión tiene que ser más directa y más fácil de entender sin volumen. Hay que trabajar cerca de la cámara con elementos muy chicos. La magia en vivo es más sentida, uno se puede explayar más. Pero hay muchos magos que en la televisión usan técnicas fuera de la magia y eso roza lo ético; en vivo no saben hacer magia.

—¿El tipo de escenario y la platea condicionan la elección de los juegos?

—Hay que adaptarse pero hay juegos que conviene hacerlos en determinados lugares, sí. Me gusta que la gente esté muy cerca. Es más desafiante. El español Juan Tamariz, a quien admiro, está especializado en magia de cerca y en televisión pide siempre estar rodeado por el público. La gente aparece así dando fe de lo que él hace.

—La magia es considerada el primer arte y dio lugar a otros, como el cine, que se basa en una deficiencia de la vista.

—Sí, estaba muy emparentada con la medicina y la religión. Desde hace unos ciento cincuenta años empieza a estudiarse en serio la magia. Mélies era ilusionista y cineasta. A los Lumière también les gustaba la magia. Y hay que recordar a los grandes magos de teatro y vodevil que se presentaban a fines del siglo XIX. Igual aún estamos en pañales.

—Los neurocientíficos están estudiando la magia.

—Eso la hace revivir, hay magia por todos lados: en la música, la literatura, el cine o la televisión.

—Siempre se habló de que los magos intercalan entre el público a falsos espectadores que los apoyan en la función.

—Es otra cosa que no me gusta de la magia, es otro asunto ético. Con compinches o cómplices desaparece el arte. Creo que el público lo percibe.

—Es brutal el número que hacés en donde un espectador sube a escena para cortar un diario. Si no es un cómplice, es tremenda la "manipulación invisible" de tu parte.

—Es el juego del kirigami, del papel recortado. El juego es clásico, pero es una de mis ideas que el último corte lo haga un espectador, mientras me siento en la platea.

—¿Falló alguna vez?

—Sí, un par de veces, lo vengo haciendo hace ocho años pero lo perfeccioné hace unos meses y tengo salidas para corregir en el momento, cuando cortan para otro lado. Paul Valéry afirmó que un poema no se termina, se abandona. Con la magia pasa eso. Puedo estar conforme con muchos juegos pero sé que se le pueden mejorar detalles.

—¿Tenés trucos preferidos?

—De otros magos: la sombra (shadows) de Teller. Dura un minuto y es de lo más poético que hay. Es inspirador. Entre los que hago en versión propia, la carta al bolsillo, que tiene como setenta años.

—¿Inventaste algún juego?

— Sí, hay dos que me gustan mucho. Uno es el de la copa de cristal. Dibujo en un cartón una copa, hago aparecer una copa y cada vez que muevo el dibujo, la copa adquiere vida. Al final, al romper el dibujo, la copa estalla en mil pedazos. Otro es el de las esposas en los dedos.

—Hay un juego en donde queda en evidencia el error de la percepción. Le pedís a la gente que estire los brazos, levante las manos y se toque las mejillas. Todos se tocan el mentón, grandes y chicos.

—Más que magia es para demostrar eso: la palabra es más rápida que el oído.

Manipulación en escena.

Al mostrar un mazo de naipes, el mago se detiene menos de un segundo en uno solo de ellos. El espectador elegirá ese naipe. A eso le llaman "forzaje psicológico". El mago manipula la atención. Mientras habla, mueve las manos o hace chistes, oculta al público lo más obvio. Los neurocientíficos analizan precisamente la actividad cerebral de cara a un truco. El español Miguel Ángel Gea es un conferencista de los fallos perceptivos que recomienda Daniel Ketchedjian. "El cerebro mágico" de Federico Ludueña es su libro elegido.

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