LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

La lucha

Al Pit-Cnt no le gustan las Afap. Quiere eliminarlas. Pretende que todos volvamos al viejo sistema de reparto. El mismo que alguna vez estuvo a punto de colapsar y debió ser rescatado por el Estado. O sea, por todos nosotros.

Al Pit-Cnt no le gustan las zonas francas. Poco importa si dan empleo de calidad a miles de uruguayos. O si abren la puerta a que grandes empresas internacionales pongan un pie en Uruguay. Son el demonio. Y deberían desaparecer.

Al Pit-Cnt tampoco le gustan los proyectos de participación público-privada. Ni las concesiones a privados. Para ser más claros, al Pit-Cnt no le gusta lo privado. No le gustan las empresas privadas. Y por añadidura, no le gustan los empresarios, a los que no puede dejar de ver como seres perversos, que pasan la mayor parte del tiempo pensando en cómo engrosar sus bolsillos y cuentas bancarias a costa de la explotación de sus trabajadores.

El Pit-Cnt cree que el capital es malo. Que el sistema financiero es malo. Y perverso. Que el lucro es una mala palabra. Que el telepeaje es malo, porque le quita el puesto de trabajo a un cobrador, aunque agilice el tránsito en una ruta. Que los supermercados son los responsables del aumento de los precios. Que en los Estados Unidos no pueden dejar de pensar cómo perjudicar al Uruguay y a los uruguayos. Que en el FMI y el Banco Mundial hay gente que planifica cómo aumentar nuestra dependencia y afectar nuestra soberanía.

El Pit-Cnt piensa que los tratados de libre comercio son el comienzo del fin. Que Vázquez, Nin Novoa y Astori están decididos a entregarnos, atados de pies y manos, al enemigo. Sea cual fuere ese enemigo. Que blancos y colorados son el regreso a los noventa. Y que hay que cerrar la puerta a los Lacalle Pou, los Larrañaga, los Bordaberry y los Mieres, porque esta gente representa a las clases dominantes, a la derecha que quiere llegar al poder para avasallar las conquistas de los trabajadores.

El Pit-Cnt entiende que la ocupación de un lugar de trabajo es una simple extensión del derecho a la huelga. Que si hay diferencias, el paro, el piquete y algún escrache son herramientas válidas para que el patrón escarmiente. Que no hay servicios esenciales. Que hasta que la patronal o el Estado no accedan a las exigencias de los sindicatos, todo vale. Desde dejar a la gente a pie a suspender las cirugías, pasando por paralizar la Justicia, dejar a los niños sin clases, cortar el suministro de supergás o no levantar la basura.

El Pit-Cnt sabe lo que quiere. Y sabe cómo conseguirlo. El narcoterrorista Pablo Emilio Escobar Gaviria solía, a modo de ultimátum, plantear a sus adversarios que debían elegir entre "Plata o Plomo". En el caso del Pit-Cnt, o aparece la plata, o se cede ante los reclamos siempre crecientes, o uno debe prepararse para "la lucha". Y de "la lucha" vive el Pit-Cnt.

¿Es acaso el país del Pit-Cnt el que quiere la mayoría de los uruguayos? ¿O es simplemente el modelo que mejor sirve a los intereses de unos pocos señores que hacen y deshacen en nombre de los trabajadores, y que pasan el día generando plataformas reivindicativas y armando conflictos que paralizan al país y cuestan dinero a todos los contribuyentes?

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