Emociones en el largo camino entre Pueblo Arévalo y el título universitario

Llegó a caballo y se puso la toga

Se puso el birrete y la toga, como marca la tradición universitaria, pero debajo estaban la bombacha de gaucho y las botas de suela. Así, José Ignacio Lucas Cortondo (22) recibió el título de licenciado en Gestión Agropecuaria de la Universidad de la Empresa (UDE).

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Desde Tupambaé trajo la yegua que fue de su abuelo. Foto: Leonardo Carreño.

El joven licenciado llegó ayer montado a caballo a recibir su título. Salió el lunes 8 desde el pueblo Arévalo, una localidad situada a 160 kilómetros de Melo. Desde allí se fue hasta Tupambaé para buscar una yegua que perteneció a su abuelo, recientemente fallecido.

La idea de llegar a Montevideo a caballo la guardó hasta que rindió la prueba final y supo que había culminado la carrera. Le dijeron que era una locura pero él lo había prometido y tenía que cumplir su palabra. Luego vendría el camino, 400 kilómetros entre su casa y la plaza Independencia.

"Cuando comencé a transitar por las rutas mucha gente se me acercó a contar historias que traían desde la cuna, cuentos de caudillos, historias viejas", contó Lucas a El País.

A eso de las 14.30 de ayer llegó a la sede de UDE en Soriano y Wilson Ferreira. Lo estaban esperando el rector, Roberto Brezzo y el decano de la Facultad de Ciencias Agrarias, Javier Duran, junto a decenas de funcionarios y alumnos.

Los abrazos y lágrimas de alegría se multiplicaron hasta que llegó a la oficina para cumplir con el trámite de firmar el diploma.

Junto a él estaban su padre, Eduardo Lucas y un tío, uno portaba el pabellón patrio y el otro la bandera de Cerro Largo. Ambos vestían ropas camperas.

Mientras tanto, los caballos quedaron afuera, cuidados por manos amigas del licenciado.

Desde allí partieron a la Plaza Independencia donde dejaron un ramo de rosas blancas al pie del monumento al general José Artigas. En el lugar, lo esperaba un grupo de personas que se enteraron por los medios de su iniciativa.

También estaba el intendente de Cerro Largo, Sergio Botana, quien se acercó a saluda al licenciado al que conoce de "toda la vida", según dijo. Un grupo de adolescentes de Artigas, que casualmente pasaba por el lugar, supo del viaje de Lucas y le dedicó un aplauso.

Ruta.

En el camino hacia Montevideo paró donde pudo, pasó mucho frío y cosechó una buena cantidad de amigos. Tantos, que el retorno al terruño, que será a caballo, le llevará el doble de tiempo. Aseguró que no tuvo tiempo de sentirse solo. En el recorrido por Montevideo recibió aplausos de la gente.

"Tengo que volver por un montón de lugares en que la gente me ofreció su ayuda en el camino. Mucha gente puso a disposición todo lo que tienen. No puedo rechazar tantas invitaciones", dijo.

Cuando pasó por Batlle y Ordóñez (Lavalleja) un desconocido, un hombre de campo devenido en mecánico, le obsequió una libreta para que hiciera una crónica del viaje.

"Fue la noche en que viví la helada más dura, me consiguió una casa y un lugar para los caballos. Cuando me iba, trajo una libreta y una lapicera, me dijo que era por si me sentía solo en el camino", afirmó.

También se encontró con camioneros, obreros de Vialidad, vecinos de varios pagos y gente de campo. Sobre ellos escribió en la libreta. "Muchos me dijeron que quisieran estar haciendo esto. Cada uno de ellos tienen un perfil distinto pero tienen un punto en común: el amor por las raíces", indicó.

Viajar.

Una vez que llegue a su casa de pueblo Arévalo, Lucas comenzará a preparar un nuevo viaje. "Quiero aprovechar mi edad para seguir aprendiendo y tomar algunos riesgos", dijo Lucas.

"Estoy planeando irme a trabajar durante un año en una empresa de Nueva Zelanda. Quiero especializarme en los ovinos, que es lo que a mí me gusta. Después seguiré en mi pago, pero nunca se sabe lo que puede pasar", aseguró el joven.

Un día distinto.

José Ignacio entró en Montevideo flanqueado por su padre y un tío, llevaban el pabellón y la bandera de Cerro Largo.

Las autoridades de la Universidad de la Empresa (UDE) lo recibieron en medio de gran emoción. Su historia tuvo repercusión en todo el país. "El teléfono quedó al rojo vivo", comentó con alegría.

Enorme sacrificio para estudiar.

Eduardo Lucas, padre de José Ignacio, resultó electo alcalde de Arévalo por el Partido Nacional en las elecciones municipales de mayo pasado. Le ganó a su rival más cercano por apenas tres votos.

El alcalde electo ocupó la presidencia de la Sociedad Agropecuaria de Cerro Largo y trabajó durante varios años en temas sociales de su localidad. Entre ellos, tuvo que hacer frente, junto a otros vecinos, a los problemas de locomoción de los estudiantes, entre los que estaba su hijo José Ignacio. Un día el ómnibus que había donado Acción Solidaria dejó de funcionar. Hacía un recorrido de 320 kilómetros por día para llevar a estudiantes de bachillerato desde Arévalo y Paso Pereira hasta Santa Clara de Olimar en Treinta y Tres. El Estado no pudo reparar el vehículo. "Chocamos con la burocracia y tuvimos que hacer beneficios para que pudieran seguir. Hoy tenemos la satisfacción de que aquellos gurises ya son profesionales", señaló.

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