reproches y un abrazo entre las hijas de un policía y un delincuente muertos

Liberaij: las largas sombras del pasado

En 1965 una banda de pistoleros porteños cayó acribillada en el Liberaij, un edificio de Montevideo, después de un cerco homérico. Antes mataron a tres policías en Uruguay y al menos a otras tres personas en Argentina. La historia no terminó.

Policías disparan con pistolas y una carabina M1 durante el cerco al apartamento 9 del Liberaij.

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MIGUEL ARREGUI29 mar 2014

"¿Qué será de los porteños/ocupando el Liberaij?", se preguntó Jaime Roos en Brindis por Pierrot (1985), una de las canciones más populares en la historia de la música uruguaya. Hubo mucha literatura sobre el Liberaij, pues la violencia ejerce una obscura fascinación, y hechos recientes que sugieren, como Ernest Hemingway, que nunca nadie muere nada.

Los porteños.

Entre el 4 y 5 de noviembre de 1965 la Policía rodeó a tres rapiñeros argentinos en el apartamento 09 del edificio Liberaij, en Julio Herrera y Obes 1182, en el Centro de Montevideo. El tiroteo duró casi 14 horas y causó la muerte de dos policías, el agente Héctor Horacio Aranguren y el comisario Washington Santana, y de los tres cercados: Roberto Dorda, Marcelo Brignone y Carlos Mereles. Un cuarto integrante de la banda, Mario Malito, murió a los tiros en Buenos Aires.

Los porteños del Liberaij habían cometido asaltos en Buenos Aires y mataron a varias personas. Se refugiaron en Uruguay, protegidos por policías y hampones. Pero el 3 de noviembre de 1965 asesinaron al policía Luis Cancela, lo que acabó con su impunidad en esta banda del Río.

Dos víctimas.

El lunes 17 el periodista Leonardo Haberkorn presentó su libro Liberaij, narración del asedio que terminó con cinco muertos.

Haberkorn es combativo y tiene mucho rodaje. Hoy es corresponsal en Uruguay de la agencia de noticias Associated Press (AP). También es autor de más de una decena de libros. Algunos de ellos, como Historias tupamaras, Milicos y tupas (premios Bartolomé Hidalgo y Libro de Oro en 2011) y Relato oculto: las desmemorias de Víctor Hugo Morales, generaron tormentas de consideración.

Con Liberaij se retrotrajo casi medio siglo, hacia un lugar aparentemente pacífico.

-Estaba harto de líos con mis libros; esta vez no quería otro lío -comentó en la presentación, hace dos semanas, de la que participaron el periodista Jorge Traverso y, llamativamente, Claudia Dorda, hija de uno de los delincuentes muertos en el Liberaij.

Los líos comenzaron casi de inmediato.

Claudia Dorda habló con cautela. Dijo que lleva la historia como una carga y que, "cuando era niña, decía que mi padre había muerto en un accidente".

Luego, una señora mayor, sonriente y garbosa, pidió la palabra. "Yo soy la vecina del apartamento 07. Esa tardecita sentí un tiro y creí que el vecino se había suicidado. Me quedé toda la noche al lado de la puerta de casa para abrirle a mi marido, quien no había vuelto del trabajo. Por supuesto que no regresó", narró entre risas. "El dueño del apartamento de al lado (en que estaban los tres delincuentes argentinos) era Benjamín Antenelof. Él era pedicuro. Iba a mi pueblo, se instalaba en el hotel y ponía un cartel: `Benjamín Antenelof, pedicuro diplomado, saca los callos sin dolor y a riguroso contado`. Pero no ocupaba su apartamento sino que lo tenía alquilado a un señor que trabajaba en Jefatura". La señora dio a entender que el apartamento vecino era utilizado como bulín.

Cuando la presentación parecía finalizar, una mujer ubicada al fondo del local de Agadu se puso de pie y acometió a Claudia Dorda:

-Su padre mató a mi padre.

Era Gabriela Aranguren, hija de Horacio Aranguren, uno de los dos policías muertos en la balacera del Liberaij. Se hizo un silencio espeso entre rostros de asombro. "Los hijos no son responsables por los hechos de los padres", a lo sumo víctimas", espetó Traverso.

Gabriela Aranguren, que hoy es subcomisario de Policía, observó que abundaba la literatura sobre delincuentes pero no sobre policías muertos. Y su padre tenía solo 21 años. Haberkorn dijo que no podía juzgar pues no había leído el libro, en el que figuraba el testimonio de su madre, Celina.

Los Aranguren eran una familia pobretona que vivía en Punta de Rieles. Celina limpiaba la casa de unos vecinos, los Gutiérrez, y cuidaba al pequeño Daniel: el Tano Gutiérrez, quien años después descollaría en el fútbol del Río de la Plata.

Cuando concluyó la presentación del libro, Gabriela Aranguren y Claudia Dorda, psicóloga y prisionera de un padre sangriento, dialogaron en privado. Parecían tensas; luego lloraron y se abrazaron.

Omar Blasi.

El martes 25 de marzo de este año, más de 48 años después de los hechos del Liberaij, el empresario Alejandro Blasi fue asesinado de cuatro disparos en Maldonado. Estaba en una camioneta con su padre, Omar Blasi, quien permanece detenido.

Omar Blasi Lentino, un anciano de 83 años, es responsable de hechos asombrosos.

Cuando era muy joven trabajaba como cajero en la sucursal Aguada del Banco Comercial. Al final de una jornada salió con un bolso repleto de dinero. El portero le preguntó si se llevaba trabajo para su casa.

-Me llevo toda la guita, gallego gil -le respondió Blasi, según narra Haberkorn en su libro. Blasi escondió el dinero y se entregó a la Policía días después. Estuvo preso poco más de un año y luego adquirió inmuebles y se dedicó al contrabando.

La noche del 3 de noviembre de 1965 Omar Blasi, quien cenaba en su casa del Parque Rodó con un funcionario de Aduanas, recibió la visita de un colega contrabandista. Venía con cuatro tipos, "unos desgraciados". Pidió que los hospedara por una noche. Finalmente se los llevó a su casa el funcionario de Aduanas. Antes de irse, uno de los "desgraciados" sacó fajos de dinero de un bolso y los colocó a los pies de Alejandro Blasi, el hombre asesinado esta semana en Maldonado, quien entonces era un bebé en su cuna.

Libros, cine y hechos porfiados

Un joven y poco conocido Eduardo Galeano publicó en 1967 un cuento, Los fantasmas del día del león, que gira en torno a "La batalla de la calle Julio Herrera y Obes". Implica una ácida crítica al lenguaje periodístico y "un evidente propósito (político, social) de desarbolar uno de los lugares comunes (la heroicidad de la Policía)", según afirma Mario Benedetti en el prólogo.

En 1997 el argentino Ricardo Piglia publicó la novela Plata quemada, basada en la andadura de los pistoleros porteños. Tuvo gran éxito. Ganó el Premio Planeta Argentina, aunque alguien impugnó y, años después, le ganó un juicio civil tras demostrar el estrecho vínculo de Piglia con la editorial argentina. De todos modos Plata quemada se tiene por una de las mejores novelas latinoamericanas de las últimas décadas. Además dio lugar a un film exitoso dirigido por Marcelo Piñeyro y estrenado en 2001.

Como novela que es, Plata quemada se toma muchas libertades respecto a la historia real. Si se compara la trama con el libro Liberaij, del periodista Leonardo Haberkorn, las historias personales de Piglia son básicamente inventos. Habla de un firme vínculo homosexual entre Roberto Dorda y Marcelo Brignone (que incluso lleva turismo gay hacia el apartamento de la calle Julio Herrera) del que no existe testimonio alguno. También se sirve de pasajes casi textuales de una crónica periodística de la época.

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