Iniciativa surge de dos jóvenes estudiantes universitarias de Montevideo

Leen a domicilio para personas solas o con problemas para ver

Dos jóvenes uruguayas crearon un proyecto para leer libros y cuentos a personas que tengan problemas de visión o deseen escuchar una historia a modo de compañía por estar solos o enfermos.

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Daniela Olivar, una de las impulsoras de la iniciativa, estudia la Licenciatura en Fotografía de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Según contó a El País, el trabajo a lo largo de la carrera la hizo sensibilizarse especialmente con el mundo de las imágenes, e imaginarse cómo puede sentirse no poder percibirlas con la vista.

Hasta que un día decidió crear un proyecto al que llamó "Casa ajena". "Con el fin de promover la lectura en personas no videntes y con baja visión nace este proyecto llevado adelante por un grupo de personas encargadas de leer en forma domiciliaria un libro seleccionado previamente por la persona que quiera escucharlo", se lee en el blog https://proyectocasaajena.wordpress.com/.

La metodología, cuentan en el sitio, consiste en "sesiones de una hora donde un integrante se acercará con el libro en mano para comenzar la lectura a domicilio".

Los temas que leen dependen del interés del lector. Olivar prefiere la ficción, los cuentos y la literatura uruguaya. También le gusta descubrir autores nuevos que hayan publicado en Uruguay por primera vez y aún no los conozca mucha gente. Pero para no reducir la propuesta a los intereses personales, contó, frecuentemente le pide a amigos y conocidos que le sugieran libros y lecturas que les gusten para sumarlos a la oferta disponible.

Hasta el momento han seleccionado unos 400 libros para leer a domicilio como parte del proyecto "Casa ajena". Asimismo, han incluido algunos fragmentos en el blog para ayudar a promover la lectura.

Intercambio.

En marzo presentaron la propuesta en la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay (UNCU). Los integrantes de UNCU difundieron la invitación a sus integrantes y así apareció su primer oyente.

Georgina Pizarro, otra de las impulsoras de la iniciativa, se contactó y se trataba de un hombre adulto ciego. Docente de yoga, estaba por demás interesado en que le pudieran leer libros vinculados a la disciplina.

"A Georgina le encantó porque es estudiante de Medicina y siempre lee textos de facultad. Leerle a este señor la entusiasmó con los temas de yoga, ha sido como un intercambio", comentó Olivar.

Si bien ellas cuentan con libros para ofrecer al oyente, están abiertas a los textos que la persona proponga y desee o necesite escuchar, comentaron las creadoras del proyecto Casa ajena".

Consultada sobre si tienen alguna condición en cuanto a las edades de las personas, Olivar respondió que no, que la propuesta es tanto para adultos como para jóvenes.

"Al principio pensamos que fuera solo para personas con baja visión pero en el último tiempo vimos que no necesariamente tienen que ser personas que no vean, puede ser para quienes estén solos y quieran que les lean como modo de compañía", reflexionó Oivar.

El servicio tiene un costo de 100 pesos la hora y en algunos casos se solicita el pago de los boletos, según la distancia.

En el caso del docente de yoga, una vez por semana van por su hogar y la sesión dura una hora y media. El hombre, además, graba las sesiones para poder acceder a los textos cuando su lectora no está.

Desde que están con la iniciativa varias personas se han acercado para ofrecerse como lectores, algo que también aceptan y están abiertos a incorporar.

Para solicitar el servicio de lectura, hacer consultas u ofrecerse como lectores hay que escribir a [email protected] o llamar al teléfono de Olivar (099 42 63 60); en este último también se pueden dejar mensajes de voz y las lectoras se comunican.

En otros países el servicio de lectura para personas de baja visión o movilidad reducida es moneda corriente. Barcelona, por ejemplo, cuenta con un sistema de bibliotecas en el que se envían materiales a las casas y también se lee.

Más cerca, en Buenos Aires, la Biblioteca Argentina para Ciegos cuenta con una red de voluntarios que cumplen la misma tarea. Una de sus funciones es ayudar a los estudiantes grabándoles apuntes para que puedan estudiarlos.

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