UN DELITO QUE SIGUE IMPUNE

El ladrón del siglo otra vez tras las rejas en Uruguay

Deberá cumplir 10 años por el robo en 2002 al Banco La Caja Obrera de Pando.

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Banco La Caja Obrera de Pando, donde se cometió robo en mayo de 2002. Foto: archivo El País

Extraditado desde España, en la mañana del jueves llegó a Uruguay uno de los integrantes de la banda que perpetró el millonario robo al Banco La Caja Obrera de Pando, en el año 2002. Se calcula que el botín obtenido fue de US$ 8.600.000.

El uruguayo Walter Gómez López ofició entonces de chofer y "campana" de aquel grupo de delincuentes que desvalijaron 225 cofres de seguridad que guardaban, entre otras cosas, valiosísimas joyas, algunas pertenecientes a familias encumbradas. Gómez, un exintegrante del movimiento revolucionario guerrillero OPR 33, del cual también formó parte Jorge Vázquez, hermano del presidente de la República, protagonizó luego una escandalosa fuga de la cárcel de Flores en 2006, de la que se fue caminando a media tarde por la puerta principal, cuando no contaba con el beneficio de las salidas transitorias. Dijo que iba a hacer unas compras a un supermercado y nunca más se lo vio.

Tres años después cayó preso en Barcelona por un delito de tráfico de drogas. En Uruguay, el asalto continuaba sin aclararse: solo habían sido recuperados US$ 300 mil.

Estuvo recluido 8 años en España, hasta ser extraditado a nuestro país, donde deberá cumplir los diez años de pena que le faltaban. En su momento, la fuga de Walter Gómez de la cárcel de Flores derivó en pedidos de informes del Partido Nacional, cuestionando los motivos por los que había sido trasladado a un establecimiento de reclusión de baja seguridad. El senador de esa fuerza política Julio Lara también se preguntó por qué la primera noticia del hecho se publicó el 1° de abril de 2006, cuando el escape había ocurrido el 13 de marzo.

Con una pena de 28 años, Gómez quedó detenido primero en la cárcel de Canelones, donde por una trifulca con otro interno fue trasladado a La Tablada, tras ser considerado un recluso "violento". Pese a la negativa que había expuesto el comando encabezado por el inspector general Tabaré Sartorio, luego fue enviado a la cárcel de Trinidad. Allí, con un informe favorable del Instituto de Criminología, iba a trabajar con su profesión de carpintero.

Con 66 años, Walter Gómez López llegó a Uruguay en la mañana del jueves en un avión de línea, en el que viajó esposado como medida de seguridad. Sobre las 13:00 fue entregado al juzgado de Pando, sede en la que estaba requerido.

Luego de la fuga de Flores en 2006 se inició una investigación administrativa interna en la Jefatura local, que culminó un año después con la renuncia del jefe departamental de Policía, Tabaré Sartorio. El director de la cárcel, subcomisario Julián García, fue dado de baja y otros once efectivos —entre sargentos, cabos y agentes— fueron sancionados.

El robo al Banco La Caja Obrera fue aparentemente entregado por el gerente de la sucursal, quien quedó como único detenido por el caso.

La investigación policial nunca se cerró, sino que simplemente se abandonó. Finalmente, solo la mitad de los damnificados reclamó por sus valores robados y luego de entablarle juicios al Banco Central, llegaron a arreglos extrajudiciales que les permitieron recuperar lo que ellos habían declarado como perdido en el acta que se labró inmediatamente tras el robo.

Del análisis de muestras de ADN que fueron recogidas en el interior del banco surgieron las pistas que lograron completar la fotografía de una de las más audaces bandas de ladrones de bancos. Las muestras, tomadas de la saliva existente en colillas de cigarrillos que quedaron en el lugar, fueron llevadas a los laboratorios centrales de la Policía Técnica en Montevideo, que permitieron ponerle rostro a lo que en su momento se conoció como "el robo de la década".

Walter Gómez López estaba comiendo bizcochos en una Combi color verde del año 1970 que apenas llegó a Pando porque estaba fundida. El gerente declaró que iba tirado en el suelo del vehículo. Era un día feriado y Gómez se aburrió de estar sentado. Entró al banco a "dar una mano". Tomó una amoladora y comenzó a cortar los cofres-fort. Utilizó guantes para la tarea, en los que dejó su ADN. En el fondo de su casa la Policía halló después 8.000 euros y una suma importante en dólares. Los otros integrantes de la banda fugaron a Europa y nunca más se supo de ellos.

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